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La maldita guindilla denverina

abril 22, 2009

denverSé que la norma del viajero dice: “No pasar más de ocho horas en la habitación mientras se visita”. Pero el día de ayer me pasé esta ley por el anonimato. Estaba tan agotado después de los vicios en Las Vegas, las fiestas en Salt Lake City y el viajecito en tren cruzando la mitad de los Estados Unidos, que lo único que quería era reposar como una raposa. ¡Y lo hice! Coloqué el “No molesten” en el pomo de la puerta y me pasé todo el día comiendo entre las sábanas, viendo documentales del Discovery Channel y, de vez en cuando, arrastrándome como p1050331una serpiente hacia el lavabo para tomar baños ardiendo con jabón de Marsella. La ley del “nada que hacer” pudo conmigo ese día y lo único “interesante” que hice fue leerme la guía de Denver para, al día siguiente, visitar la ciudad con un par de pies.

p1050337Me levanté a una hora prudente y, como soy así, decidí ir al centro de la ciudad andando y siguiendo las instrucciones del “Google Maps”. Ya habían pasado dos noches en Denver y dejé la maleta en recepción porque me tenía que ir al atardecer: -“Cindy, volveré a por ella sobre las 8 de la tarde porque ayer me quedé “perreando” y quiero aprovechar el día para ver la ciudad”- ¡Vale, cielo…yo estaré en Internet todo el día” – me dijo tirando de la maleta hacia el interior de la habitación.

Tomé unas calles angostas llenas de casitas bajas, banderas americanas por doquier pero nadie, absolutamente nadie por la calle. Estaba lejos del centro de la ciudad pero, al menos, de esta forma también se puede ver cómo vive la gente, lo que hacen…

Seguí andando más y más kilómetros pasando por autopistas, áreas de p1050351servicio, gasolineras de gasoil, funerarias…hasta que llegué a la calle que, supuestamente, iba derecha al centro de la ciudad. Pero no…¿¡Qué es esta ratonera?! – me preguntaba mientras pensaba en la madre de Google. Delante de mí había una p1050356muralla china, un muro de Berlín que cerraba la calle hasta límites que ni mi vista podía llegar a ver. Y ya me veis alargando el kilometraje casi una hora para llegar a un puente que, posiblemente, cruzaría la autopista.

Estados Unidos está hecha para los coches. Nadie, absolutamente nadie, se pega caminatas como hacemos los europeos. Los restaurantes tienen las ventanillas para pedir mientras se conduce, el transporte público es deficiente y a nadie se le ocurre ir cruzando barrios “a pata”. Yo, pensando en todo eso, p1050475me paré delante del puente con su correspondiente autopista debajo y envié un mensaje telepático a los conductores: “No es la comida lo que te engorda, América, es la falta de infraestructuras para el caminante porque si no se anda, se pierde el camino. Y el camino, se va haciendo al andar, no al conducir”. Es más cómodo en coche, eso sí…

Bueno, pues ya tenía Denver delante de mí y, lo último que me faltaba hacer era llegar hasta la ciudad, andar por ella y hacer unas cuantas fotos. Poco a poco me fui introduciendo en la  modesta urbe y la primera parada fue en el estadio p1050384de béisbol de los Rockets, donde una mujer, con muy “mala folla” para las fotos, me hizo una delante del estadio. Me dirigí a la Central Station, donde acabé de recoger los billetes de tren que me faltaban para perfilar mi ruta americana y me tomé un café observando el movimiento ferroviario, que es uno de los que más me gusta.

Más tarde empecé a sumergirme en el centro de la ciudad y el movimiento de p1050413gente ya se podía percibir. Entré en algunas tiendas, observé el río y me fasciné pensando en lo aburrido que debía ser vivir ahí. Lo que visité más tarde me gustó más: fui a parar al museo de arte moderno, al capitolio del Estado de Colorado y, bueno…fui visitando parques, parajes, edificios y cosas varias. Hoy era un día de visita obligada y tenía que recuperar todo el tiempo que había perdido el día anterior.

Más tarde, sobre las tres de la tarde, decidí volver al motel porque, al cabo de p1050437unas horas tenía el “Galgo” para trasladarme a….chan, chan, chan: ¡Kansas City!

Pues ya me veis a mí, arrastrado por la vida y con una decisión bien firme: “Voy a volver andando al motel a buscar la maleta y volveré a la estación”. ¿Por qué dejé la maleta y no la llevé conmigo por la mañana? Pues porque en los Estados Unidos la gente está muy alterada con el tema de maletas con explosivos y equipajes solitarios y, en muchos de los sitios, es imposible encontrar consignas y dejarlas. Sin embargo, en la estación donde había estado esa mañana, había consignas para parar un tren.

p1050473Pasé por el estadio, seguí los mismos parámetros y las mismas calles por las que había pasado esa misma mañana y, poco a poco y sin prisa, me fui acercando al barrio donde se encontraba el hotel. Pero no sé si fue el sol, el viento, mi mala coordinación o el destino que, en unos diez minutos, me quedé perdido en un barrio de sectas, iglesias y pizzerias. No sabía dónde había ido a parar y había andado más de 20 kilómetros seguidos, habiendo pactado previamente con el diablo. Se me empezaron a cargar las piernas, la paciencia, el humor hasta que, gracias a Satán, encontraba un Starbucks de esos que te salvan la vida con un café y un buen wifi.

Energético y con el rumbo reencontrado, fui andando por una calle hasta llegar a mi motel. Eran ya las ocho de la noche y, en lugar de tomar el equipaje e irme hacia la estación, tomé la decisión de comer algo. ¡Qué error más grande estaba a punto de cometer, amigos…!

Las calles del poblado estaban ya oscuras y empezaba a hacer frío. Todos los restaurantes que había a mi alrededor eran McDonalds, fritangas varias hasta que, “por suerte”, observé una pequeña tienda con un nombre exquisito: “El pollito braseado”. –“mmmmm”. ¡Cómo me apetecía pollo a la brasa en ese momento!. Mi pasión por la carne de corral me hizo entrar encegado en ese establecimiento y, nada más llegar al mostrador le dije a la joven: “Medio pollo braseado, por favor” – Y la chica se dio la vuelta como un robot y me fue preparado un plato con todo tipo de guarniciones: patatas, pimientos, espinacas… – “Aquí tiene, son diez dólares” – me dijo con una voz angelical. –“No, no…lo voy a tomar aquí, no lo quiero para llevar” – le comenté cuando vi la bolsa blanca en sus manos. –“Oh, lo siento mucho. El restaurante está ya cerrado, lo siento de verdad” – me cometó apoyando las manos en el mostrador.

Pues ya me veis a mí, con una bolsa blanca llena de pollos muertos, sin un lugar físico donde comerme mi cena ni caerme muerto. Tampoco podía entrar en el hotel porque ya me tenía que ir hacia la estación así que, como un lince, empecé a mirar cada rincón de la oscura calle para, al menos, sentarme y comer el pollo con un poco de dignidad. Finalmente, en un pequeño callejón a p1050487mano izquierda me di cuenta que había un restaurante abandonado con algunas mesas agrietadas de piedra en el exterior. Llegué con la chaqueta, puse las cosas encima de la mesa, abrí la cajita con el pollo y…¡sorpresa Marc! ¡No has cogido los cubiertos!. Pues bueno, empecé a comerme el arroz con un trozo de la tapa de la caja de “porexpan” y el pollo…pues me veía como un cavernícola con las manos perdidas de aceite, brasas y con las mangas de la chaqueta rebosando de aceite de las patatas. Al cabo de unos minutos:  –“Mira…¡a tomar por saco! ¡se acabó!…decía quitándome los huesos de las alas del pollo de mi boca.-Tomé tres pimientos del padrón que había por la caja, me levanté para quitarme las migas de  la chaqueta y, en ese momento, todo el universo se cayó a mis pies. –“¿Qué me está pasando, dios santo?”…me decía con hipo, con síntomas de mareo y sin poder respirar. Al parecer, los pimientos del padrón eran tres guindillas que, escondidas por la oscuridad del lugar, entraban como pequeños diablillos en mi esófago. Pues, a cuatro patas y sin poder respirar, llegué al lado de un ciprés. ¡Aquí me quedo ya! – pensaba buscando vasos con algún líquido en su interior. Y me da igual de quién fuera el vaso o si había meados de gato dentro pero, las lágrimas que soltaba yo esa noche eran más de agonía que de picor. Me daban retortijones y empecé a perder el sentido de la audición a causa de la bomba que me había tragado. Así que, en plena noche, sólo se me ocurrió una opción: “El pollo al hoyo y el vivo al bollo”.

p1050489Seguí andando, ya más aliviado, tomé mi maleta del hostal, justo cuando el autobús 31 hacia la estación se me escapaba. Con los pantalones por las rodillas y arrastrando la maleta al revés metí un grito que resonó por todo Denver: “STOP!!!!”. Me subí al bus con todo mi cuerpo y cuello acalorado esperando sentado hasta que llegara a mi parada. Una vez ahí, me puse la música y llegué a la estación de autobuses rumbo a Kansas City.

 

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Colorado de cansancio

abril 21, 2009

Estaba tan desamparado en ese tren que lo único que podía hacer era utahcoloaprovechar y dormir todas esas horas perdidas. Estaba ubicado en un pasillo muy oscuro con criaturas llorando y, a mi izquierda, una señora de unos 80 años con aspecto hippie que no paraba de beber “Dr Pepper” (soda de higos). Lo más importante para mí era conseguir llegar a la metamorfosis personal y llegar a Denver con mucha ilusión. Sin embargo, más adelante nos encontraríamos con un contratiempo muy desagradable.

coloradoEl Amtrak seguía avanzando por el colorido estado de Colorado mientras amanecía. Dormía, me despertaba y el paisaje cambiaba radicalmente. Pasé por los más increíbles parajes amarillos, parte del cañón, la América más escondida. Al hacer otra siesta y despertarme, de nuevo, todo a mí alrededor había cambiado radicalmente: nieve, montañas,cañones, ríos, molinos…

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Sin embargo, cuando ya faltaba menos para llegar a la capital del estado, el tren frenó de repente y la inercia hizo que todos nuestros objetos, así como nuestras cabezas se desplazaran unos metros: mi portátil se cayó al suelo, la soda de la mujer se derramó al asiento de delante. -¿Qué ocurre? – se preguntaba la plebe con caras de sorpresa y de pánico. En el tren todo eran nervios y desesperación. La dueña del vagón pasó corriendo unas cuantas veces, mientras nosotros, esperábamos algún anuncio o reseña por parte del conductor. p1050299–“Señoras y señores, el conductor de Amtrak – Union Pacific está hablando. Nuestro tren ha sido víctima de un sabotaje natural: las vías están cubiertas de nieve y las autoridades van a proceder a retirarla. Este hecho comportará una demora de, al menos dos horas, pudiendo llegar a ser doce”. En ese momento crucé las piernas, miré por la ventana y una lágrima con una frase salpicaba las ventanas del tren: “Cabeza alta, jovencito” – decía.

El vagón se convirtió en un espectáculo circense. Los teléfonos no tenían ningún tipo de cobertura y la gente empezó a sonreír a causa de la histeria, a explicarse las vidas y a hacer contactos, quizá los últimos contactos que podrían hacer en sus vidas. Yo estaba pereciendo bajo esa situación de descontrol y probando hasta dónde podían llegar mis límites de superación personal. Fuera del tren, el p1050323cielo del nido de América empezó a tomar un color rojo intenso: el mismo color que mi abuelo siempre me describía cuando se predecían plagas, pandemias y guerras. Cuando nadie se esperaba nada peor, las conversaciones se vieron sorprendidas por un mensaje urgente por parte del conductor. –“Señoras y señores: necesitamos un médico o enfermero lo antes posible. Si alguien ejerce esta profesión o está estudiándola, por favor contacten urgentemente con el equipo de Amtrak – Union Pacific”. Al parecer, nadie hizo ningún tipo de amago de levantarse con una percha y decir: “¡Yo soy médico!”. Sin embargo, el conductor, al ver que no había respuesta salió de su cabina y empezó a preguntar a uno por uno si ejercíamos médico o si, en su defecto, llevábamos manteca de cacahuete. “Ah…ya sé lo que ha pasado” – pensé cerrando los ojos y afirmando con la cabeza. “Alguien habrá tenido una bajada de azúcar y piden manteca de cacahuete para regular los niveles sanguíneos”. “O…¿quizá hay alguna moza pariendo y necesitan manteca para lubricar el túnel y dar a luz?”. Podían ser tantas cosas…

No sabía lo que estaba ocurriendo en ese tren y yo, como un vigía, observaba todo lo que pasaba por delante para poder hacer una crónica en directo. Por un momento pensé en acudir a la víctima y grabarle su propio parto para recibir algún tipo de remuneración, pero nadie más comentó nada y acabé pensando que todo quedó en un ataque de gula.

p1050257Al cabo de cinco horas, el tren empezó a moverse y todos los pasajeros aplaudieron: “Uhhhhhh”, “woooooow”, “ya eraaa horaaa” – decían con las manos hacia arriba. Sólo me quedaba esperar llegar a la ciudad de Denver y, una vez ahí, tomaría un taxi para que me llevara a mi motel, a las afueras de la ciudad.

Cuando el tren estacionó, tuve la oportunidad de ver mi cara en un espejo de la estación: “Repelús humano”. Tenía los ojos medio cerrados y llorosos, como un gato recién nacido o apaleado. Con el pelo podía aliñar una ensalada y, con lo que había entre mi ropa, podía alimentar a diez niños saludables: migas, café, pipas, trozos de pizza de microondas…

Salí a la ciudad de Denver con intención de encontrarme con restaurantes, bares, gente ebria y decadencia pero el único sonido que acontecía era mi malvado mechero que no tenía ni mecha para encenderme un triste cigarro.

-“Vas a algún sitio, joven? – me dijo un taxista albino desde el coche. Yo, con los ojos en blanco, le miré y le dije: “¡¡¡¡Sí!!!!!, ¿puede esperar que me fume un cigarro tranquilamente?”. Estuve 18 horas en ese tren perdiendo mi vida por momentos y, ahora, todo eran prisas y nervios para el traslado por una ciudad fantasma.

Me subí al coche y le di la dirección de mi motel: -“Bufff chico, eso está lejos” – me dijo moviendo las manos como un títere. Me incliné hacia el respaldo del asiento del coche, cerré los ojos y le dije: -“Da igual, no se preocupe”.

Al cabo de una media hora llegaba a una colina llena de Fast Foods y, al final de una calle, veía el rótulo de mi motel. “Howard Johnsons”.

Salí del taxi y me dije: “Voy a buscar algo para cenar antes de que cierren los restaurantes y ya me lo como en la habitación”. Al lado del hotel había una especie de restaurante de madera muy americano y, cuando entré, sólo faltó que pararan la música country de la radio y las luces de neón. Los clientes, con camisas de cuadros y gorras, miraron hacia la puerta con mala cara y la camarera hizo un movimiento brusco acercándose a mí desde la barra. –“¿Qué quieres muchacho?” – dijo la joven colocando el boli en su oreja. –“Mire, ¿me puede hacer una ensalada césar para llevar?” – le dije con mis venas llenas de intimidación. Se me quedó mirando, hizo una burbuja con su chicle rosa y, cuando le reventó, se fue murmurando: “para llevar…para llevar…”. Y me quedé tomando café en la barra hasta que, al cabo de unos minutos, la princesa llegó sonriendo con mi cena en una bolsa blanca. –“Mira, la salsa te la he puesto en un vaso de cartón. Cuidado no se te caiga rubio”.

Crucé la autopista y llegué al motel, ahora sí. Entro por la puerta y lo primero que veo es una mujer igual que Cindy Lauper haciéndose la manicura en la recepción. –“Uy, vaya cara que llevas, cielo” – me comentó mirándome la frente. –“Sí, es que el tren ha tardado bastante y, bueno, he estado…”. -¡Bueno!, ¿cuál es tu nombre? – me dijo cerrando los ojos e interrumpiéndome.

p1050327Me fui hacia la habitación perdiéndome por unos pasillos largos y oscuros y me encontré con mi puerta. Aunque esté cansado siempre me encanta llegar a las habitaciones y abrir la puerta…es siempre una sorpresa para el cuerpo. Y…¡qué bien!…una cama donde podía dormir en diagonal p1050330y dar tantas vueltas como horas había estado en ese tren. Abrí mi caja de comida con un descontrol total, me bebí el vaso con la salsa de queso azul y cené en la cama, como en los hospitales. ¡¡¡Voy a dormir como un rey!!!!

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Gracias Salt Lake, gracias Merlín

abril 20, 2009

slc2Tuve un despertar despectivo: arrascándome las piernas y tomando agua a granel. –“Que Dios bendiga el tequila y mi santidad” – decía recuperando unas fuerzas cada vez más perdidas. Merlín, al ver semejante comportamiento, decidió llevarme a hacer las últimas visitar por Salt Lake City.

Tomamos el coche de buenas maneras y, poco a poco, fuimos al centro de la p1050165ciudad: pasamos por los templos mormones y acabamos en el capitolio del estado de Utah (me gusta más que el de Washington). Estuvimos unas horas observando la belleza del edificio y tomamos algunas fotos alabando a la bandera de los Estados Unidos de América. Me siento tan bien en este país: la gente, la vida, los coches, las marcas…es como vivir en una película constantemente y, como soy muy peliculero, pues me siento el protagonista de una historia increíble.

p1050159Fuimos por las autopistas hablando del volcán de Yellowstone y de su erupción inminente. Dicen que será en el 2012 y lo único que quedará en el mundo serán cenizas: las de La Tierra y las nuestras, claro. Suerte que Merlín se ha comprado una casa en una zona que, estadísticamente, tiene más de seis pies y las cenizas no cubrirán su propiedad. No sé si la capa negra llegará a Barcelona pero, en cualquier caso, si todo revienta espero estar comiendo “esqueixadas de bacalao” con mis abuelos, mis tíos , mis primos y mi santa madre.(Vale, y Sebo…)

p1050117Estábamos tranquilamente hablando de temas volcánicos, cenizas, lavas y demás cuando miré a mano izquierda: “Café Harman”. –“Merlín, no puede ser lo que estoy viendo a través de las ventanas” – me decía con los ojos sobrepuestos. Yo, que he sido toda la vida muy corporativo, siempre me he fijado en marcas, empresas, logos y bancarrotas. –“Pero si es el primer Kentucky Fried Chicken del mundo”- me decía con los ojos fueras de órbita. Merlín, acostumbrado a su vida americana no le daba demasiada importancia. –“Hombre, si quieres paramos Marc”. –“Claro, por favor…para” – le decía casi saliendo del coche en marcha.

p1050116He estado en tantos Kentuckys este viaje que lo que pasaba en ese instante podría a equipararlo a un católico que va cada domingo a misa y, de golpe y porrazo, se encuentra en el Vaticano. Eso era, delante de mí estaba la santa sede del pollo, la primera reliquia del Fast Food. Bajamos del coche, nos hicimos la foto con la vieja estatua del coronel, su socio y entramos en el restaurante-museo donde p1050126empecé a tomar fotos como un demente. No sé cómo describir ese momento: como cuando Winona Ryder daba vueltas con la nieve en Eduardo Manostijeras, cuando Jack Dawson gritaba que era el rey del mundo en Titanic.¡Vaya catarsis de sentimientos perdidos! ¡Vaya exaltación de la fritanga!

Después de tantas emociones mezcladas e idealizadas, Merlín tomó la decisión de ir a comer algo en uno de estos “Diners” americanos que tanto me gustan. p1050101–“Es uno de los más buenos de la ciudad” – decía muy sonriente con la boca abierta.

Salimos del coche, entramos en una especie de fonda con sofás y, al cabo de un rato, pedimos especialidades norteamericanas que engordar, engordan…pero están….

Rápidamente, nuestra mesa se llenó de tortillas de nueve huevos, béicones, panqueques, mantecas, mayonesas y Heinz 51. –“¡Qué se puede pedir p1050106más!”…bendita sea la gula que nos libra de tantos males y a la que debemos tantos bienes – íbamos comentando con nuestras bocas llenas y aceitosas. ¡Qué buenas charlas tuvimos en ese restaurante! ¡Qué buen momento pasamos y cuántos temas acumulados que parecían que nunca se acababan! ¡Qué buena vida!

Salimos con los estómagos rebosando de alegría y, como no podíamos ni movernos, decidimos volver a casa de Merlín y relajarnos hasta el atardecer. Yo, que no quería creer que mi cámara me había jugado otra mala pasada, me entretuve recuperando fotos que jamás volveré a tener. En fin…

p10502081Por la noche decidimos volver al bar donde nos conocimos el primer día que llegué a Salt Lake City y rematamos la faena en una especie de fiesta que hacen en la ciudad cada domingo. La verdad es que las charlas duraron hasta la madrugada y, como no, adornadas con “Sex on the Beach”, que son unos cócteles que te quitan hasta la pena más grande. La pena que tenía yo, sin embargo, era mi inminente salida de Salt Lake City esa misma noche. No podía creer que esa ciudad me hubiera poder dado tanto buen rollo, tanta diversión y tanta tranquilidad. “Are you Ready to go?” – me dijo Merlín. Yo, que decidí que mi vida no valía, que me inclinaba por sentirme siempre mal, que anticipaba un futuro catastrófico…hoy planificaba, sin lugar a dudas, quedarme más días en la ciudad. –“No, Marc…Tienes que seguir tu itinerario porque eso es parte de tu viaje” – me dijo. –“Es cierto, Merlín…vamos hacia el Amtrak”.

Salimos del bar, pasamos un idilio buscando un restaurante con burritos y, p1050253finalmente, llegamos hacia la estación de tren sobre las 4 de la mañana. Tomé mi maleta y una chaqueta negra de regalo y, al cabo de un rato me subí a un tren oscuro que, probablemente, me llevaría a otro de los destinos para seguir mis aventuras.

p1050254Con las luces apagadas, con un paisaje nocturno y con una morriña (que no pudo parar ese tren) me fui rumbo a Colorado dejando atrás una ciudad increíble y unas personas muy buenas que me dieron la oportunidad de involucrarme en sus vidas. “Thank you. Thank you so much”.

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Rutahs

abril 19, 2009

No podía creer que fuese la 1 del mediodía y mis uñas aún siguieran en laslc1 cama. –“Madre mía, no podré ni ver el lago” – iba pensando con preocupación.

Me tomé una ducha muy fresca, me puse un suéter y salí del horrendo hostal para dirigirme al centro de la ciudad. Hoy hacía mucho sol pero también hacía bastante fresco. Pasé por unos parques y acabé en una calle larga que parecía la calle principal de la ciudad (Main Street). Una vez ahí, me fijé en un pequeño merendero donde vendían comida asiática y, en medio de la calle, me quedé yo con una caja de fideos chinos y setas. Aún tenía fideos en la boca cuando me acerqué a una cabina de teléfono para llamar a Merlín. “Hola, Merlín…soy Marc” – le dije casi con la boca llena. “Si quieres quedamos en el Starbucks Coffee y nos vamos a dar una vuelta todo el día” – me dijo Merlin. “Perfecto” – te espero ahí, le dije yo.

Un café era el único elemento que me estaba haciendo compañía en ese momento. Si a eso le sumo las vistas de la ciudad y la gente que iba entrando a la cafetería constantemente, os diré que Salt Lake City me hacía sentir muy a gusto y tranquilo.

Cuando casi me estaba durmiendo de la tranquilidad interior que tenía, la puerta del Starbucks se abrió y Merlín entraba decididamente: -“Estoy aquí” – le dije subiendo la mano.

p1040918Los dos nos fuimos hacia su coche y, cuando estábamos dentro, el hondureño decidió llevarme al lago de sal, que está a unos 5km de la ciudad. Dejamos la ciudad y nos metimos en las grandes autopistas típicas de América. “Por qué no me enseñas la música que se escucha en tu país?”- me comentó Merlin. Yo, ni corto ni perezoso, no se me ocurre otra cosa que ponerle todos los “Máquinap1040867 Totales” y el “Chasis” que guardaba en un rincón del iPod. Conduciendo con toda la matraca de fondo era agradable pero no se asociaba demasiado con las vistas del exterior, así que tomamos la decisión de poner canciones tipo “Status Quo” o “Peter Cetera”. Poco a poco se empezó divisar una especie de playa al lado de las montañas: ese era el lago. Conforme nos fuimos aproximando el cúmulo de agua se hacía más y más grande. Es muy fuerte que sea el segundo lago salado del mundo y que no tenga ningún tipo de vida en su interior. Hace millones de años la zona de Utah era mar y, al cerrarse por los movimientos de las fallas volcánicas, este resto de mar se quedó ahí, en forma de lago. El olor que se respira en la zona es muy fuerte y, a veces, aparp1040876ecen como una serie de bacterias que se te suben por las piernas cuando menos te lo esperas. No tuve la suerte de comprobarlo porque no estamos en la estación idónea. Sin embargo, lo que sí probé era el agua porque quería asegurarme que era salado. Y, sí, es salado.

Después de divisar el fabuloso paisaje de la zona, el gran lago y las montañasp1040923 de alrededor llegamos a una urbanización casas bajas y jardines. Acompañé a Merlín a comer algo a su casa y, fue ahí donde conocí a su madre a sus cuatro hijos, especialmente a Briceis.  Yo, mientras, descubrí un karaoke muy original, estuve charlando con la madre de Merlín y me tomé unos vasos de zumos de maracuyá.

p1040933Ahora, ya comidos y servidos, tomamos el coche otra vez para desplazarnos hasta Park City, un bonito pueblo al norte, cerca del estado de Wyoming y sede de muchos de los deportes de invierno de Salt Lake 2002. Cruzamos unos cañones impresionantes mientras estaba oscureciendo y, pasada una hora o así, llegamos a un pueblo de hadas: era pequeño, con olor a leña y con casas de madera y luces anaranjadas por todos los sitios. Las calles estaban repletasp1040968 de establecimientos de madera, pequeños comercios y restaurantes muy originales. Estuvimos haciendo fotos del increíble pueblo, riéndonos y, en un rato volvimos hacia el coche para pasar por la zona olímpica. Merlín, ya cuidado del frío que hace por esos montes, me prestó una chaqueta negra y nos dirigimos a hacer fotos de las infraestructuras deportivas de los Juegos Olímpicos.

p1040946–“Juan, nos vamos para tu casa a tomarnos unas cervezas” – le dijo Merlín a un amigo suyo. Pues sí, fuimos bajando hacia el valle reclutando a los amigos de Merlín para, más tarde, acabar en una fiesta que se hacía en la ciudad. Primero fuimos a la casa mejor decorada que he visto en mi vida: la casa de Juan, después tomamos el coche y fuimos a buscar a Osama y a Carlos, que también vivían en la ciudad de Salt Lake.

Juntos y con ganas de espectáculo y emociones fuimos divisando las vistas de las luces de la ciudad. Ahora, que era de noche, todo parecía muy grande, las montañas no se veían y tenía la impresión que estaba entrando en una ciudad completamente diferente. Era sábado por la noche y había muchas cosas que hacer en la urbe: el bar donde habíamos ido ayer, diferentes fiestas pero, al final, decidieron ir a una fiesta latina que daba lugar en el centro de la ciudad.

p1050055Entramos a una especie de polígono industrial con un escenario al final y muchas mesas con sillas alrededor. Nos pusimos en una mesa al fondo del local y, poco a poco, fueron llegaron más amigosp1050063 de Merlín. Al final, matamos nuestras alegrías con chupitos de buen tequila y salimos hacia my motel para hacer un “early check out”:  – “Marc, vente a dormir con nosotros, no vayas a levantarte a las 10 de la mañana”. Hice mi maleta en ocho minutos y me subí de nuevo al coche.

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