Archivo de 27 febrero 2009

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Entrevistas y entrecots

febrero 27, 2009

sydneyHoy no nos quedábamos en Wallacia, íbamos a pasar dos días en Sydney ya que Aaron tenía una entrevista de trabajo en el “Four Seasons” de la ciudad. A primera hora de la mañana nos despertamos, preparamos una pequeña bolsa para pasar la noche fuera y, más tarde, la madre de Aaron nos acompañó a la estación de tren de Penrith. Esta mañana, no sé qué me pasaba…sólo quería escuchar música del iPod, nada más. Estuvimos un rato en la repleta estación del pueblo y, cuando llegó el tren, no tardé ni un minuto a ponerme los auriculares. Estaba tan a gusto en elsydney-train-710528 tren…estornudaba y la gente me decía “Bless you”. Me he acostumbrado a los buenos modales de los australianos. Hay muchos momentos en los que vas solo por la calle y, cuando te cruzas con alguien, siempre dicen algo: “Good morning, Hello…”.Estornudas en el metro y la gente que está sentada delante de ti, dicen: “Jesús, Bless you…”. No estoy muy acostumbrado a estos acercamientos sociales pero me parecen muy interesantes, no sé…

Pues eso…después de unos 20 minutos llegamos a la vieja Sydney y, al ser pronto por la mañana, el olor a cafés, ejecutivos cruzando la calle, corbatas, trajes chaqueta y brisa matutina, me recordaban, una vez más, a las grandes mañanas que pasaba en Nueva York.

Cogimos el metro para trasladarnos más allá del Harbour Bridge, donde una amiga de Aaron nos cedía su casa para una noche. Ella estaba de vacaciones en Sudáfrica y, nada tú…, que estaba muy bien poder estar ahí. Llegamos a una pequeña casa de madera encarada a la ciudad de Sydney…unas vistas…una pasada, en realidad. La pena que tengo es que todas las fotos que tengo de ese día están borradas por, posiblemente dos razones: 1. la cámara se ha vuelto loca o 2. una fiesta a la que acudimos, donde mi estado no me permitía el contacto con aparatos electrónicos. En cualquier caso, hacedme caso: las vistas eran muy guays!

p1030340Descansamos un rato y nos fuimos a hacer más visitas turísticas por la ciudad. Primero, cruzamos el puente hasta llegar a “The Rocks”, otro barrio de la ciudad. Pasamos por el barrio financiero, fuimos a la “Apple Store” a deleitarnos con los iPods, iPhones y, más tarde, fuimos a ver el crucero Queen mary 2 que estaba a punto de partir del puerto de Sydney. El crucero había creado una gran expectación y muchos habitantes de la ciudad yacían en la hierbap1030330 observando el coloso buque. Al lado del puerto está el jardín botánico y, por primera vez, tuve la oportunidad de ver a miles de murciélagos colgando de los árboles. “Qué raro, normalmente no hay tantos” – dijo Aaron. Era verdaderamentesydney_bats impresionante ver tantas ratas piñadas y cubiertas por esas alas que parecían bolsas de basura industriales. Alrededor sólo había plantas de todo el universo: palmeras, orquídeas, cactus, orégano…odio los jardines botánicos, lo siento…

Fuimos llegando al centro de la ciudad (empiezan las fotos otra vez) yp1030334 decidimos subir a la torre de Sydney que, desde lejos, parece un faro de madera. Ascendimos en unos ascensores muy estrechos y, poco a poco, llegamos a la planta, no sé…23? Desde ahí teníamos una vista más abierta de la ciudad: grandes rascacielos, hoteles, el barrio financiero, el mar y los alrededores de la urbe. Tomamos fotos, criticamos a los turistas que estaban visitando y, al bajar, nos metieron en una atracción con vagonetas para observar, en may_sydney-towerpantallas, los recursos naturales y las grandes ciudades de Oceanía. Salimos un poco mareados con tanta cultura, así que decidimos ir a un pub a tomarnos algunas cervezas. Eran las 18.00 de la tarde, hora punta de la salida del trabajo y, por supuesto, los bares trabajando a toda máquina por el “beerbomb”. Nudos de corbatas deshechos, grandes magnp1030323ates perdiendo la esencia corporativa y cientos de personas apiladas en las barras pidiendo cervezas a “grito pelao”. Estuvimos un rato más, cenamos una ensalada verde, que ya tocaba… y, ya de noche, fuimos a unos pubs en la zona de Oxford Street, donde empecé a descubrir la famosa noche sydneriana. Luces, gente, espectáculos y gente muy amable nos acompañaron hasta, al menos, las 4 de la madrugada. “Esto no es como los bares del rancho” – pensé. Tomamos un taxi hasta la casa de la amiga de Aaron, pusimos las alarmas en hora prudente y descansamos: mañana, Aaron tenía la entrevista.

A las 8 de la mañana todo eran prisas y malas caras. “Marc, me tengo que quitar el piercing de la boca” – decía la Célula con un guante de látex en la mano. “No puedo sacármelo y no puedo llevarlo en la entrevista” – se quejaba. Habíamos estado todo el santo día de ayer en la ciudad y, ahora, se acordaba que tenía un piercing que sacarse. Comimos unos huevos mal revueltos y salimos echando chispas del apartamento. Cruzamos el puentep1030336 andando a toda prisa y nos metimos en un cibercafé para intentar ver cuántas tiendas de piercings y de tatoos había en la zona. Al final, y contando la hora que era, tuvimos que tomar un taxi hasta otra zona de Sydney, donde, en pocos minutos, el piercing de Aaron estaba totalmente extirpado de su prominente mandíbula. “Venga Marc, corre…que llegamos tarde” – decía Aaron 2 metros por delante de mí. “Aaron, yo me quedo por aquí” – le contesté arrastrando los pies. Total…la entrevista la tenía él, no yo. :)

Me quedé durante unas horas dando vueltas por el centro de Sydney, la gente iba con maletines pero no vi ningún tipo de prisas o de estrés. Me fui a tomar un buen café y enchufé mi iPod para agradecer un poco de música después de los momentos de nervios que habíamos vivido a primera hora de la mañana.

picfornewslettersydneynov2004fourseasonsbuildingCogí el metro, fui al puerto y, cuando me senté en el Starbucks más próximo al “Four Seasons”, Aaron me llamaba y me decía que ya estaba libre de nuevo.

“Qué tal la entrevista, Aaron? – le pregunté con un poco de miedo a su respuesta. Y, nada…no le ofrecieron el puesto que él quería, así que tenía que esperar a eso que se dice: “Ya te llamaremos”. Y, como no podíamos trabajar, pues nos fuimos al IMAX a ver una película en 3D ya que en este cine está la pantalla más grande del muuuundo. imax_sydney12

“Marc – hoy es viernes y en el pub de Wallacia está todo el mundo bebiendo a partir de la 13.00”. Tomamos el tren de vuelta al rancho y, al llegar al pueblo más cercano, tomamos otro autobús que nos dejaba, justamente, delante del bar del pueblo. Abrimos las puertas y las mismas caras robustas, camisas de cuadros y litronas de cervezas nos daban la bienvenida. Empezó a llegar gente y, como Aaron estaba ocupado con amigos y demás, decidí apostar para carrera de caballos y galgos. Y, sí, no sé cómo todos los premios iban a mí: $100…$40…La gente del bar no se lo podía creer. Cómo podían estar cada día jugando horas y horas para que llegara un forastero y lo requisara todo? No lo sé…hoy era mi día del buen azar.

No contento con todo lo que pude ganar en las apuestas equinas, pasé a apostar por una bandeja de entrecots que pasaba por delante: “2 dólares la apuesta”– comentaba un hombre muy corpulento – “2 dólares y puedes ganar 40 entrecots de 500 gr. cada uno” – no paraba de decir. “Pues mira…cogeré un par de números: el 21 y el 22”. Y, en eso, que aparece una china en bragas. “Quién es esta mujer?” – me preguntaba. Se ve, que cada jueves, esta mujer con aspecto sudamericano, va en bragas por el bar para animar a la clientela. Vino a nuestra mesa y le pregunté: “Me pones un whiskey con Coca Cola?”. Ella me sonrió, me hizo un gesto para darme la mano y me dijo: “Moni”. Y, yo, como soy muy listo a veces, creía que en p1030342lugar de dinero, se me estaba presentando y que su nombre era Moni, de Mónica o algo así. “Yo me llamo Marc” – le dije dándole la mano. Todo el bar se inundó de carcajadas y bocas abiertas. “SHE WANTS MONEY!” – me decía la gente…y, yo…intentando sobrellevar la situación. Pues, le pagué el cubata y, de pronto: “THE WINNER IS NUMBER 21” – decía una voz de fumadora. Y, siiiii, había ganado 30 entrecots de puro buey! La gente del bar aplaudía, otros venían a brindar con sus copas y,el ambiente de celebración, se hacía más y más presente.p1030343

Salimos al jardín del pub y ahí había un karaoke. Conocí a Chris, un amigo de la infancia de Aaron y a diferente pipol de la zona. Estuvo divertida la noche…

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Las “Blue Mountains”

febrero 25, 2009

Cerca del rancho de Aaron hay una cadena de montañas que se llaman “Lassydney1 Blue Mountains” o, como diría mi amiga Silvia: “Las Montañas Azules”. Están protegidas por la Unesco, es patrimonio de la humanidad y es una de las zonas más visitadas de la región de New South Wales. Esta mañana, después de darme cuenta que mi anciano portátil se está quedando obsoleto, tomamos el coche con Kerry y nos dirigimos a las Blue Mountains. Esta vez, en lugar de ir dirección Sydney, fuimos dirección oeste y, a partirp1030176 de ahí, nos empezamos a encontrar con pueblos más y más remotos: la gente cambiaba aún más, los tatuajes se confundían con la flora, las personas se confundían con la fauna pero, aún así, el paisaje empezaba a tomar un color verde profundo. Finalmente, con algunos síntomas de mareo y muerto de hambre, paramos en un mirador donde, desde uno de los extremos, se podía p1030186observar el valle de las Montañas Azules y una formación rocosa con formas humanas: “The Three Sisters”. Aaron y su madre despojaron las cámaras de fotos de sus fundas y empezaron a tomar fotos de las montañas y de las formaciones naturales. Decidimos “escalar” la montaña hasta llegar a lasp1030190 “Three Sisters” pero, Kerry, la madre de Aaron empezó a ahogarse sin explicación alguna: “No me hagáis esto, por favor” – decía con la cara sonrojada y apoyada en un tronco de árbol. La verdad es que toda la situación,ese día, me transportaba a la vieja selva de Tailandia. Os acordáis? Tres días en la jungla

p1030204Después de suspirar y expulsar todo lo verde de nuestros pulmones, tomamos el coche y nos fuimos a la zona de miradores interactivos. Había tres opciones para ver las montañas en todo su esplendor: el funicular más encorvado del mundo, un teleférico que cruzaba el valle y, la opción más barata, un ticket para ir por todo el valle andando. Nosotros, como somos gente con ansias por descubrir, tomamos todas las opciones: “El pase familiar”. De este modo, teníamos la opción de tomar el funicular, andar hasta exfoliarnos las plantas de los pies y, más tarde, retomar otro camino para subir al teleférico. Nos montamos a este especie de funicular enjaulado, fuimos bajando por lasp1030211 humedades de la montaña y, una vez llegamos a la base del valle, nos encontramos con un caminote de 50 minutos para observar todo lo que se cocía por la zona: riachuelos, p1030223búhos, arañas milenarias, cabras de dos cabezas, árboles de mazapán…era como estar en el Disneyworld de la naturaleza. Seguimos nuestro camino hablando de otras cosas y, en unos 40 minutos, llegamos hasta el teleférico de nuevo. Subimos al aparato,vimos más montañas, cascadas, aves de rapiña y, finalmente, volvimos a la base delp1030225 ocio. “Qué hambre tengo gente” – dije. Rápidamente, fuimos a buscar el coche y Kerry dijo: “Hoy toca Fish & Chips”. Nos dirigimos al pueblo más cercano y, ahí, entre restaurantes, iglesias inglesas y postales, nos sentamos en un abrevadero que parecía la cafetería de un hospital y nos tomamos un mega plato de fritanga oceánica: palos de cangrejo, tiburón, gambas, cabezas de chorlito, patas de calamar rehogadas en miles de litros de aceite vegetal…incluso las patatas fritas sabían a mar. Salí de ese pueblo p1030239con un amago de ataque de miocardio pero, en fin, esa noche no iba a cenar ni de coña. “Marc, esta noche vienen mis abuelos de Sydney” – dijo Aaron mientras sacaba el coche del aparcamiento. Cruzando pequeñas carreteras pobladas de árboles y animales que no sucumbieron al paso de los tractores, llegamos otra vez al rancho. Aaron fue corriendo a cortarse el pelo porque, en un par de días, tenía una entrevista de trabajo y su madre no permitía que su hijo fuera con greñas y piercings. Yo, mientras, me quedé redactando el blog en el jardín de la casa. De pronto, un señor con un sombrero de paja y una camisa de cuadros se paraba delante de mí. “Soy el abuelo de Aaron, un placer jovenzuelo” – me dijo. Rápidamente me levanté y nos dirigimos hacia el comedor, donde otra señora rubia con una botella de “Bacardi Breeze”, me daba la mano: “Yo soy la abuela de Aaron, un placer”. Los abuelos de Aaron viven a unos 10 minutos de Sydney y, cada vez que van a cenar al rancho, se traen sus propios ingredientes para hacer la cena. “Hoy toca pescado” – dijo el abuelo y ,Kerry, se puso las manos en la cabeza. Esta noche había otra cena en las que acude toda la familia: Danny puso la barbacoa en marcha, Lea y Taim (el hermano de Aaron y la novia de éste) ya estaban aposentados, Kerry iba pelando la piel de los pescados y yo me quería convencer de que nada absolutamente nada esta noche ,era frito. Al final, cuando las botellas de vino ya estaban medio vacías, el abuelo de Aaron empezó a servir los platos: un pescado al grill con patatas y algunos vegetales al vapor…muy bueno. Nos quedamos en la mesa un rato más pero, cuando el reloj marcó las 21.00, hubo una avalancha de somnolencia: “uy, a dormir!… que mañana toca madrugar”. Y, con el estómago lleno y la mente vacía, me fui a mi pequeña habitación, al final del pasillo.

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Óscar, se acerca una tormenta

febrero 23, 2009

sydney1Se me hace un poco complicado comentar los días que estoy pasando en el rancho. Nos levantamos bastante pronto, sobre las 6.30 y nos vamos al “gimnasio”. El gimnasio está a 2 km de casa de Aaron, al lado del pub del pueblo y, no es más que la casa de unos amigos de Kerry y Danny. Ahí hay una piscina y una pequeña habitación con máquinas de correr, bicicletas, pesas y maquinaria pesada. Está muy bien, corremos una hora larga, hacemosp1020738 cuatro pesas mal dadas y, más tarde, nos tiramos a la piscina para refrescarnos las ideas. Al llegar al rancho, Kerry ya tiene los huevos revueltos preparados, unos se lo comen con mantequilla, otros se lo comen con aceite de oliva…

El domingo pasó con mucha tranquilidad: películas en el canal digital, fuimos a alimentar las gallinas y, por la tarde, Aaron y su familia fueron a casa de unos familiares para celebrar que era sábado. Yo me quedé en casa mirando Spiderman II y buscando información sobre Australia en Internet.

Al día siguiente tomamos una ducha de agua helada y, al salir al jardín, nos dimos cuenta de algo: hacía mucho calor. Aaron tomó las toallas y decidimos ir a los lagos para bañarnos un rato. Los lagos están en medio de p1020744unas montañas, muy cerca del rancho y ahí va la gente que no frecuenta las playas. Tomamos el coche, fuimos pasando granjas y fábricas de ganado para dirigirnos a una zona más montañosa. La entrada a los lagos me recordaba un poco a Menorca, no sé por qué…siempre comparando. Pasamos unos caminos de piedra y, qué sorpresa, cuando llegamos al valle y sólo había una familia judía. Nos sentamos con las toallas, nos encendimos unas cervezas yp10207601 estuvimos contemplando el espectáculo natural que se abría ante nosotros. El cielo en Australia es muy fuerte: las nubes parecen siempre de algodón y, no sé si el cielo es muy azul o las nubes muy blancas pero, en cualquier caso, el contraste es siempre espectacular. Aaron se bañó en las aguas de un lago que, ni ellos saben la profundidad que tiene…Yo, me quedé con mi música en las toallas y sacando provecho a un sol que cada vez estaba más bajo. –“Marc, son casi las 18.00. La cena estará ya casi lista” – dijo Aaron secándose su cabellera felina. Volvimos, de nuevo, al rancho y la familia estaba ya sentada en la mesa esperándonos. “Esta noche hay cordero” – dijo Kerry. Tomó un cuchillo eléctrico que sólo veo en las películas y empezó a descuartizar elp1020764 animal cocido hasta llenar una fuente. La cena es muy importante en casa de Aaron, toda la familia tiene que estar a las 18.30 en casa y, si ocurre cualquier contratiempo, se tiene que comunicar con antelación: “Esta noche no vendremos a cenar”. Por suerte, esa noche volvíamos a estar todos: Kerry, Danny, Taim (el hermano de Aaron) y su novia. Los platos se llenaron de comida, las salsas de barbacoa y de carne reinaban el centro de la mesa y los gatos iban dando vueltas por la casa mientras, de fondo, sólo escuchábamos música country. El olor y el sabor de las comidas, la música, la temperatura y el exterior me desubican totalmente pero, aún así, estoy a gusto. Después de la cena todavía es de día y salimos al jardín para tomarnos, ellos un “Colacao” fresco y yo un buen café porque, teniendo en cuenta que no son ni las 20.00, aún tengo tiempo para digerir el café y más. La brisa del atardecer llega, las vacas se amontonan en una esquina del césped y el caballo se va al establo. Las inmensas nubes de verano cubren todo el valle y el paisaje y, casi cada atardecer, cae una tromba de agua. Así se pasan los días en Wallacia y, considerando que sólo me he movido por zonas y ambientes urbanos, este tipo de experiencias son de agradecer. Y ahí empezaban de nuevo las noticias de BBC World. Desde que he empezado el viaje, desde Rusia a Tailandia, Egipto, China, Turquía…por todos los sitios estas son las noticias que siempre he ido mirando y, al final, la sintonía me ha enganchado y será uno de los sonidos de mi viaje!! Aquí tenéis un ejemplo…

Me quedé dormido en el sofá viendo películas clásicas y, al despertarme, ¡Dios Mío!, ya era un nuevo día. Esta mañana no había huevos fritos, ni bacon ni nada parecido. Kerry y Danny habían salido a trabajar y Aaron y yo estábamos de anfitriones del “nada que hacer”. Nos levantamos, nos duchamos, preparamos unos cafés con hielo y Aaron me preparó el desayuno más desagradable que he tenido nunca. Había unas tostadas encima de la mesa con una crema ennegrecida que me recordaba a la Nocilla _250px-vegemiteontoast_large1o Nutella. Yo, con toda mi ilusión matutina voy a dar un bocado pero…no…no era chocolate. Se trataba de una mezcla de pólenes y vitamina B que es muy famosa en Australia y que se llama Vegemite. Ay, ay…era como untar “Eko” en la tostada con 20 gramos de sal. Me lo comí, soy educado, pero estuve con retortijones hasta el ocaso.

El día parecía haber tomado un rumbo “casero”, y más, cuando encendimosp10207651 la tele. Esta mañana hacían los Oscars desde el Teatro Kodak de Los Ángeles. Lo primero que salió en pantalla era Pe con su óscar y, más tarde, cogimos las aspiradoras y le dimos un retoque al rancho que estaba lleno de hormigas gigantes, y cuando digo gigantes hablo de p102076710 cm de hormiga. Nuestro trabajo sólo se veía interrumpido cuando desde la tele se oía: “…and the Oscar goes to…” y, nada, parábamos los aparatos, escuchábamos y luego seguíamos con lo nuestro. Teníamos que dejar todo como los chorros del oro porque esta noche había otra cena especial: “gastronomía alemana”. Aaron empezó a pelar patatas y a preparar las ensaladas y las Frikadelle ( hamburguesas con cerdo y ternera). Todos los invitados empezaron a llegar: los padres de Aaron, el hermano y la novia y, esta vez,p1020779 vinieron dos amigos del padre de Aaron. El señor es de mediana edad y tiene dientes postizos, cuando se emborracha pone su diente en los cubatas ajenos para observar la reacción. Y, casi nunca es buena…La mujer de este señor es un poco altiva y “tiene ganas de hacer un viaje con tren por Argentina, Chile y España”. Bebíamos p1020780Chardonnay como si fuera agua pero, así son las cenas en el rancho de Aaron. Risas, música country y cerdo con patatas nos recordaban que estábamos teniendo una cena alemana. Unos pasaban los platos, otros brindaban con vino, Aaron ponía música hasta que un trueno nos dejó a todos mudos. “Se acerca una tormenta” – decía el padre de Aaron. Kerry cogió a los gatos, encerró a los pollos en el corral y, en ese momento, parecía que el caos había invadido la propiedad de los Quinn. Yo, tomé mi cámara de fotos y su padre me advirtió: “Ahora es el mejor momento para tomar fotos, Marc…antes de que llegue el vendabal”. Salí al jardín y el aire era muy fuerte, las nubes negras contrastaban con el poco de cielo azul que quedaba en el cielo y, de pronto, un espectáculo natural como jamás había visto: mucho viento, rayos increíbles y unos truenos que nos recordaban el poder de la naturaleza. Y sí, hice muchísimas fotos hasta que la fuerza del viento me hizo entrar, de nuevo, a la casa. Los truenos pasaron a ser el hilo musical de esa noche y los comensales seguían tomando su buen vino y disfrutando de la mesa.

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Sizni

febrero 20, 2009

-Aaron, ir por las carreteras en este país es una matanza – decía desde elsydney1 asiento delantero del coche. Y es cierto, la cantidad de animales muertos en la carretera es inexplicable: erizos, ratas de campo, gatos, perros de granja…

Hoy iba a entrar en contacto con Sydney capital por primera vez. No hemos tardado mucho en llegar desde Wallacia hasta la gran ciudad porque, aunque me parecía extraño por toda la naturaleza alrededor, la ciudad está solo a media hora en coche. Esta mañana nos acompañaba Kerry, la madre de Aaron, ya que hoy tenía el día libre. Las carreteras ya se iban ensanchando conforme llegábamos a la ciudad y todo tomaba un color menos verdoso. Primero, desde un gran puente, vi el skyline de Sydney, que se abría ante nuestros p1020616ojos. Qué diferente se ve todo! La primera impresión era como si estuviéramos llegando a una ciudad americana y, cuando ya nos adentramos dentro, el paisaje cambió radicalmente. Todo es muy soleado, grandes jardines y casas bajas: podría ser una mezcla de San Francisco y algún pueblo grande de Nueva Inglaterra. Pero es muy bonita. No sé…la gente trabaja, por supuesto, pero se ve un ambientep1020621 bastante relajado que, por ejemplo, en los Estados Unidos, no se ve. Esta lleno de rascacielos pero, debajo de ellos, hay iglesias anglicanas y casas bajas que le dan un contraste espectacular. Y, siguiendo con el espectáculo, salimos del coche y fuimos andando hacia el puerto. Qué chulo: golondrinas, barcos, sol que hacía cerrar los ojos y un montón de gente dando una vuelta o, simplemente, tomándose un refresco.

p1020626Estábamos muy activos esta mañana porque llevábamos ya días en el rancho y la única preocupación es que las gallinas, o chooks como les llaman ellos, no entren a la casa. Imaginaos que transición. Nos dolían los estómagos de las picadas que nos daban los gusanillos y entramos a comer un poco de pollo a la parrilla en uno de los restaurantes del puerto. Iba a pedirme dos platos pero, por cortesía, decidí proponer invitar a unos helados más tarde.

p1020637Empezamos a subir por unas avenidas con pendiente y, finalmente, llegamos a una calle principal llena de gente, bancos, restaurantes y sonidos. Los transportes colgantes, la vestimenta de la gente y el ambiente urbano me hizop1020640 rememorar lo que me dijo Aaron unos días antes: (con eco): – “En la ciudad, la gente es diferente…diferente…diferente”. Y sí, parecía que estuviera muy lejos de aquella Australia que llevaba días viendo. Aaron y su madre no miraban nada con interés, supongo porque estaban acostumbrados a ver la vieja Sydney. Yo, sin embargo, no sé si estaba más pendiente del ambiente o de mis pensamientos y comparaciones, no sé. Todo se rompió cuando, al final de la calle, vi el puente de Habour…qué grande, así de hierro muy bien hecho. Y, es tan gigante, que encima del puente hay un mirador con gente que sube andando. Qué ideas, eh!

p1020649Ay…me encanta escribir bebiendo vino australiano…

Seguimos: Estaba yo haciendo fotos a este coloso puente cuando Kerry me tocó el hombro y dijo: “Marc, gírate” – y, ahí, delante de mis ojos estaba la ópera de Sydney con sus tremendas y gigantescas formas que parecían olas blancas. Madre mía! Y nos dirigimos hacia el coloso edificio que, no lo sé, no seguía ningún tipo de estilo relacionado con la ciudad. Estuvimos alrededor de la ópera, hicimosp10206561 fotos y, al final, la madre de Aaron dijo: -“Podríamos entrar”. La idea era muy buena para mí, ellos nunca habían estado dentro pero, por otro lado, me sentía mal: “realmente queréis entrar al edificio”? Bueno, no sé, yo también soy de Barcelona y he ido a la Sagrada Familia y al Parque Güell e incluso he estado borracho en las Ramblas. Así p1020675que pagamos la entrada para visitar los intestinos de la ópera de Sydney, pero con una condición: nuestra guía tenía que ser, al menos, octogenaria: y, así fue: Una buena mujer que parecía sacada de “El Mago de Oz” nos estuvo explicando la historia del edificio y todo lo que tenía que ver con su historia. Vimos las salas de ópera, las salas de espeztáculos y realmente mereció la pena abonar tal cantidad de dólares australianos para admirar el patrimonio cultural que la ciudad envolvía.

p1020687Hoy era un día de ocio y de visitas inesperadas. Kerry dijo: ¡Vamos a Manly con el ferry!. Manly es una playa –ciudad independiente – barrio (aún no lo he pillado) que está a siete millas de Sydney y, bueno, era un poco para ver las playas de Nueva Gales del Sur y, un poco, la ciudad, en su ambiente más “casual”. Llegamos con el ferry al pequeño puerto de Manly y, la primera impresión, era como estar en una mezcla de Beberly Hills y Tossa. Bajamos por unap1020699 pequeña calle llena de heladerías y tiendas de ropa hasta llegar a la playa. ¡Y vaya playa! Dicen que es el mejor sitio de New South Wales para practicar el surf y, no lo dudaba ya que miles de surfistas ansiaban la ola que les iba a dar ese minuto de gloria. La madre de Aaron se quedó observando un partido de volley playa y nosotros seguimos campos a través para ver la playa y sus olas. Fue p1020706un paseo bastante ameno, lleno de plantas, amebas y amabilidad social. En este punto llegó la hora de pedir los helados que había prometido: un poco de vainilla, “cookies and cream” y un sorbete de limón para la progenitora de Aaron. Qué bien sientan los helados a veces!!p1020716

No creo que esté consciente de que esté en Australia aún pero, hay ciertos tópicos, como en la playa que he estado hoy con el tema del surf y tal, que me hacen sentirlo.

p1020725Después del barco hemos tomado el buque y hemos llegado a casa de Aaron con el coche. Ahí, el hermano y el padre de éste, nos tenían preparadas unas cervezas para empezar la noche del viernes. – “Venga, que llegáis tarde…” decía elp1020734 padre con cara de circunstancia. Fuimos a bares cerca del pueblo y más bares y más, y más…y acabamos en un jardín donde hacían un concierto muy guay pero, por vergüenza, no subiré más fotos…

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