
El espíritu de Australia
abril 3, 2009
Los últimos dos días en Wallacia han sido estupendos. Han sido los postres de una larga estancia en Austalia y, como podéis suponer, las celebraciones de despedida y las fiestas hasta la madrugada han estado presentes.
El viernes por la tarde, Aaron estaba trabajando en el pub del pueblo mientras yo, desde su casa, hacía todas las gestiones para cruzar los Estados Unidos con un poco de dignidad. Cuando ya oscurecía, Kerry me llamó al teléfono y me dijo: “Marc, estamos todos en el bar esperándote”. Al cabo de unos minutos, los faros de un coche me deslumbraban desde el jardín del rancho de Aaron. Una señora rubia y alta como un San Pablo me decía “hola” desde la ventana y me invitaba a subir a su coche. “Me llamo Stefanie y, como todos los demás están borrachos, me han pedido que te venga a buscar y te reúnas con todo el mundo en el bar”- me dijo con una mirada bondadosa. Yo, que no esperaba hacer nada esa noche, le supliqué que me diera dos minutos y me puse una camiseta un poco más acorde con el ambiente festivo.
Me subí con la valkiria al coche y, en unos minutos, llegábamos al bar. Abrí la
puerta y….¡¡¡¡Sorpresa!!!!!!. Todo el mundo estaba ahí: Aaron, Thain y su novia, la peluquera de Penrith, mi alumna de castellano, las amigas farrucas de la madre de Aaron, el del diente en los cubatas…Las barbacoas estaban echando humo, las apuestas con los galgos a toda máquina, la gente abrazándome y, de fondo, un señor cantando música Country con un sombrero vaquero. Los más mayores estaban bailando en el centro del bar, los más jóvenes reunidos en el jardín.
- “Mira que viven bien esta gente” – iba pensando mientras me ubicaba en una esquina del bar. “Vaya país, Australia…vaya país!” Playas paradisíacas, ciudades tranquilas y una gente de lo más entrañable, hospitalaria y encantadora. Nunca podré olvidar todo esto: las personas que han estado a mi alrededor, las apuestas diarias, los actos de juventud eterna y el afán por reunirse y beber constantemente a ritmo de country y rock & roll. Nunca podré olvidar los días de pesca ni el contacto con animales que no había visto nunca, ni las salidas nocturnas hacia playas salvajes en pueblos perdidos en el este del país. Ni las risas, ni los excesos, ni las estrellas, ni las cenas, ni los días ni las tormentas. Sin embargo y, a base de verlo y experimentarlo, puedo decir que finalmente me puedo ir de aquí, sabiendo que he tenido la oportunidad de ver un país desde el punto de vista de sus habitantes y, debo decir que nunca antes había visto un espíritu tan especial en ningún sitio del mundo. Y, es precisamente el espíritu de Australia, lo que hace que el país te atrape y siempre quiera formar parte de ti. En fin…



Hola Marc!!
Com sempre, un plaer llegir el teu blog! Bon viatge i continua fent-nos les dents llargues!! un petó!
que bonitooo!!!!!
Que chula la última foto! se nota que te la has estado mirando!
Ya tengo ganas de leer las próximas aventuras!!!