El hecho de levantarse por la madrugada para ir al aeropuerto se ha convertido en una realidad . Ayer en Egipto y Bahrein y hoy teníamos el vuelo a Bangkok.
Desayunamos un poco de fruta que habíamos robado en el bufet libre de anoche y, una furgoneta de la compañía aérea nos esperaba para trasladarnos al aeropuerto. Medio dormidos y taciturnos llegamos al aeródromo internacional de Bahrein y, allí, acabamos de gastar lo que nos quedaba de liras bahreínas.
Un vuelo bastante largo (6 horas) que, si sumábamos las 4 horas de diferencia entre el Golfo Pérsico y Tailandia,
representaban 10 horas de adelanto vital. Nos pusieron un par de películas rónicas e intentamos dormir un rato. “-Mira Marc: India – decía Aaron, mientras miraba por la ventana”. Y el paisaje se veía amarillento y caluroso.
La llegada a Bangkok también fue calurosa. Después de pasar por varios
pasillos y por un control de inmigración muy escueto, salimos a la calle! Qué bien nos sentaba Asia! 35 grados de temperatura, jerseys obsoletos y mangas cortas, otra lengua, otra raza, religión, país, continente pero, no sé por
qué, nos sentíamos muy cómodos. Cogimos un autobús regular y, poco a poco, fuimos llegando a la ciudad. Desde fuera se veían muchos rascacielos con colorines en lo alto, autopistas y, conforme nos acercábamos a la ciudad, los famosos taxis tuk-tuk.
Paramos al lado del Sofitel Hotel y, entrando por una calle a la derecha, nos
encontrábamos con nuestro hostal. Y qué hostal!: gente fuera tomándose sus copas, ambiente moderno, limpieza majestuosa, decoración asombrosa. La habitación pues también muy chula con nuestro aire acondicionado a 20 grados y unas camas que cumplían con su trabajo.
El día era muy corto hoy pero el hambre era el mismo. Salimos para encontrarnos con la primera impresión de la ciudad y, bueno…mercadillos por doquier, gente vendiendo de todo, muchos bares, restaurantes… Hasta aquí nada nuevo pero viniendo de Egipto teníamos la sensación que aquéllo era el paraíso.
Por supuesto fuimos a cenar comida local en un pequeño restaurante que daba a un callejón y, qué tengo que decir de la comida tailandesa?, pues impresionantemente buena!
Y con las luces, la muchedumbre, los coches y un toque picante nos fuimos a descansar porque el jetlag nos estaba matando. Ya estábamos en Tailandia…











