Y así ha empezado el día: muy cansados.Después de dormir en una temperatura ambiente de 5 grados y con sábanas húmedas,
nos hemos dirigido a Alexanderplatz, donde allí, cogeríamos el bus para ir al aeropuerto de Tegel. El día en Berlín se hizo muy corto, supongo también porque a las 3 de la tarde ya es de noche. El autobús nos ha llevado al aeródromo y hemos hecho algo muy guay: desayunar en el Burger King! Hacía tiempo que no comía fast food a esas horas pero siempre sienta muy bien. Al cabo de un rato facturamos las maletas (otra vez un hecho aliviante) y nos hemos ido al Starbucks para pasar las últimas horas en Alemania!
De pronto, anunciaron nuestro vuelo y la realidad rusa volvió a resurgir en nuestros cerebros. La traición de los nervios nos hizo perdernos por el aeropuerto durante unos minutos pero luego delante nuestro ahí estaba: la Gate B21! Nos miraros los pasaportes, me quitaron 4 mecheros de la bolsa y, finalmente sentados en el avión y dispuestos a zarpar al gran país desconocido.
Y casi nos hemos despertado en Rusia porque los tres hemos dormido todo
el vuelo. Ni turbulencias, ni cinturones, nada….la mejor anestesia del que tiene miedo a volar. Al bajar del avión todos nos preguntábamos que pasaría: nos dejarían entrar? nos mirarían la privacidad? No…no pasó nada. Pasamos por imigración, entregamos las visas a una joven walkiria y ella, con una sonrisa bondadosa, nos abrio la puerta a su ciudad: Moscú!
En la terminal nos esperaba Vladimir, un chico de aspecto desgarbado y delgado que nos conduciría al apartamento que habíamos reservado en la ciudad. Al salir para coger el coche me di cuenta de dos cosas muy importantes: 1. que Rusia me transmitía un olor y 2. que hacía mucho frío.
El camino hacía el centro de Moscú se hizo interminable. Estuvimos casi 2 horas de reloj en la carretera y había muchísimo tráfico. Era guay, por eso, porque podías ver todas las cosas en ruso, la gente en los otros coches y como el frío afectaba a aquéllos que andaban por la calle. Vladimir no decía nada…sólo ponía música Dance en el coche, daba acelerones al coche (porque aún no vi ni una señal de velocidad) y hablaba con el móvil. El viaje en coche ha terminado en una pequeña calle muy céntrica y, en esa calle, en
la planta 9 de un edificio que parece un orfanato, estamos
nosotros! El apartamento muy guay: tiene la cocina de la Barbie, es amplio, tiene Internet, tele…bla bla..Las fotos no es que haya puesto “modo nostalgia”, es que la cámara estaba congelada.
Qué sensacion más guay era sentarnos en la mesa de “casa” y, con un café, y unos cigarros hemos hecho planes de nuevo. Al salir de
casa nos hemos encontrado con una avenida preciosa, llena de árboles de navidad, luces y esos rusos tan típicos con gorros de piel y chaquetas enormes.He cambiado un poco de dinero en rublos y digo: “Mira, cambio 50
euros y a ver qué sale”: Pues sí…me ha salido por la culata porque se los ha tragado la máquina…Bueno, bueno, un drama…llamando por teléfono y tal!! Pero ya está solventado.Increible! Bajamos hasta la Plaza Roja, que queda muy cerca, y también chulísima, enorme, iluminada… Parece todo de cartón..hasta nuestras caras!!






