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Las “Blue Mountains”

febrero 25, 2009

Cerca del rancho de Aaron hay una cadena de montañas que se llaman “Lassydney1 Blue Mountains” o, como diría mi amiga Silvia: “Las Montañas Azules”. Están protegidas por la Unesco, es patrimonio de la humanidad y es una de las zonas más visitadas de la región de New South Wales. Esta mañana, después de darme cuenta que mi anciano portátil se está quedando obsoleto, tomamos el coche con Kerry y nos dirigimos a las Blue Mountains. Esta vez, en lugar de ir dirección Sydney, fuimos dirección oeste y, a partirp1030176 de ahí, nos empezamos a encontrar con pueblos más y más remotos: la gente cambiaba aún más, los tatuajes se confundían con la flora, las personas se confundían con la fauna pero, aún así, el paisaje empezaba a tomar un color verde profundo. Finalmente, con algunos síntomas de mareo y muerto de hambre, paramos en un mirador donde, desde uno de los extremos, se podía p1030186observar el valle de las Montañas Azules y una formación rocosa con formas humanas: “The Three Sisters”. Aaron y su madre despojaron las cámaras de fotos de sus fundas y empezaron a tomar fotos de las montañas y de las formaciones naturales. Decidimos “escalar” la montaña hasta llegar a lasp1030190 “Three Sisters” pero, Kerry, la madre de Aaron empezó a ahogarse sin explicación alguna: “No me hagáis esto, por favor” – decía con la cara sonrojada y apoyada en un tronco de árbol. La verdad es que toda la situación,ese día, me transportaba a la vieja selva de Tailandia. Os acordáis? Tres días en la jungla

p1030204Después de suspirar y expulsar todo lo verde de nuestros pulmones, tomamos el coche y nos fuimos a la zona de miradores interactivos. Había tres opciones para ver las montañas en todo su esplendor: el funicular más encorvado del mundo, un teleférico que cruzaba el valle y, la opción más barata, un ticket para ir por todo el valle andando. Nosotros, como somos gente con ansias por descubrir, tomamos todas las opciones: “El pase familiar”. De este modo, teníamos la opción de tomar el funicular, andar hasta exfoliarnos las plantas de los pies y, más tarde, retomar otro camino para subir al teleférico. Nos montamos a este especie de funicular enjaulado, fuimos bajando por lasp1030211 humedades de la montaña y, una vez llegamos a la base del valle, nos encontramos con un caminote de 50 minutos para observar todo lo que se cocía por la zona: riachuelos, p1030223búhos, arañas milenarias, cabras de dos cabezas, árboles de mazapán…era como estar en el Disneyworld de la naturaleza. Seguimos nuestro camino hablando de otras cosas y, en unos 40 minutos, llegamos hasta el teleférico de nuevo. Subimos al aparato,vimos más montañas, cascadas, aves de rapiña y, finalmente, volvimos a la base delp1030225 ocio. “Qué hambre tengo gente” – dije. Rápidamente, fuimos a buscar el coche y Kerry dijo: “Hoy toca Fish & Chips”. Nos dirigimos al pueblo más cercano y, ahí, entre restaurantes, iglesias inglesas y postales, nos sentamos en un abrevadero que parecía la cafetería de un hospital y nos tomamos un mega plato de fritanga oceánica: palos de cangrejo, tiburón, gambas, cabezas de chorlito, patas de calamar rehogadas en miles de litros de aceite vegetal…incluso las patatas fritas sabían a mar. Salí de ese pueblo p1030239con un amago de ataque de miocardio pero, en fin, esa noche no iba a cenar ni de coña. “Marc, esta noche vienen mis abuelos de Sydney” – dijo Aaron mientras sacaba el coche del aparcamiento. Cruzando pequeñas carreteras pobladas de árboles y animales que no sucumbieron al paso de los tractores, llegamos otra vez al rancho. Aaron fue corriendo a cortarse el pelo porque, en un par de días, tenía una entrevista de trabajo y su madre no permitía que su hijo fuera con greñas y piercings. Yo, mientras, me quedé redactando el blog en el jardín de la casa. De pronto, un señor con un sombrero de paja y una camisa de cuadros se paraba delante de mí. “Soy el abuelo de Aaron, un placer jovenzuelo” – me dijo. Rápidamente me levanté y nos dirigimos hacia el comedor, donde otra señora rubia con una botella de “Bacardi Breeze”, me daba la mano: “Yo soy la abuela de Aaron, un placer”. Los abuelos de Aaron viven a unos 10 minutos de Sydney y, cada vez que van a cenar al rancho, se traen sus propios ingredientes para hacer la cena. “Hoy toca pescado” – dijo el abuelo y ,Kerry, se puso las manos en la cabeza. Esta noche había otra cena en las que acude toda la familia: Danny puso la barbacoa en marcha, Lea y Taim (el hermano de Aaron y la novia de éste) ya estaban aposentados, Kerry iba pelando la piel de los pescados y yo me quería convencer de que nada absolutamente nada esta noche ,era frito. Al final, cuando las botellas de vino ya estaban medio vacías, el abuelo de Aaron empezó a servir los platos: un pescado al grill con patatas y algunos vegetales al vapor…muy bueno. Nos quedamos en la mesa un rato más pero, cuando el reloj marcó las 21.00, hubo una avalancha de somnolencia: “uy, a dormir!… que mañana toca madrugar”. Y, con el estómago lleno y la mente vacía, me fui a mi pequeña habitación, al final del pasillo.

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