
Esta mañana había tanta niebla que era imposible vernos las caras. Las calles estaban totalmente cubiertas en Hong Kong pero, como ya he dicho, le da un toque muy característico a la ciudad. Vaciamos nuestra habitación de chatarra y, como no teníamos demasiado espacio, lo hemos tenido que hacer por turnos. Yo, que soy el que me he despertado más tarde, me he
quedado preparando el equipaje mientras Aaron y Víctor me esperaban en el Starbucks. Hoy era día de despedidas ya que Víctor se iba de nuevo hacia Málaga y Aaron y yo íbamos a tomar un ferry hacia Macau.
Nos hemos despedido de Víctor y nosotros hemos tomado el metro hacia la estación marítima. ¡Sorpresa!…hay tanta niebla que ninguno de los barcos salen hasta las cinco de la tarde, y era la 13.00. Pues nada, todo cancelado y nosotros, como no sabíamos qué hacer y dónde caernos muertos, hemos entrado a otro Starbucks para leer y yo, pues a escribir la gaceta. Pero no…el
peor de los presentimientos había pasado a ser una condición: mi portátil no funcionaba de ninguna de las maneras. Cierto es que la computadora ya tiene unos años pero, no sé, siempre ha sido muy fiel a mí. He empezado a desesperarme y a mirar alrededor del centro comercial para ver si podía encontrar una tienda de portátiles (a qué niveles puede llegar el ser humano…). Finalmente, me he relajado y he pensado: “Ya encontraré la manera sin gastarme ni un duro”.
La verdad es que la mañana se estaba haciendo ya pesada: la gente
durmiéndose en las sillas, la niebla cada vez más espesa y la estación marítima plagada de almas enfadadas e impacientes. Total, que nos hemos levantado y hemos ido a ver qué pasaba con los barcos. Hemos preguntando a un hombre y nos ha dicho: “pasad, pasad, que ya funciona el servicio”. Y, de este modo, hemos dejado Hong Kong para trasladarnos a Macau.
Esta isla está relativamente cerca de Hong Kong y es una excolonia portuguesa donde proliferan los casinos y la mala vida. La llaman Las Vegas asiática.
El ferry todo un lujo y, realmente, nada que envidiarle a un avión. Tiene primera clase, segunda, te sirven comida y, encima, va rápido como una gacela (sólo una hora). Entre la niebla, el movimiento del barco y la tele me he empezado a
marear un poco pero, menos mal que la “tripulante Chin” nos ha traído una pasta instantánea de estas que comen los chinos: “noodles con langosta”.
Hemos llegado a Macau, nos han estampado los pasaportes y, al cabo de unos minutos, ya estábamos en la calle. La niebla aquí era ya exagerada: no
se veían ni las casas, ni los coches, nada…
Qué fuerte me ha parecido que esté todo escrito en portugués y en chino. No sé, me encuentro tan lejos de mi casa que, cualquier aproximación cultural así de bestia. me hace sentir aún más raro. La ciudad, en general, parece mucho más “china” que Hong Kong, la gente no habla casi inglés y la combinación de casinos con referentes coloniales pues es, simplemente, sorprendente.
Hemos estado dos horas perdidos intentando buscar el santo hostal que no aparecía ni en mapas ni callejeros ni nada. Intentábamos preguntar a la gente pero se mostraban muy pasivos y, algunos, hasta maleducados. Al final, metiéndonos por callejuelas repletas de luces de neón, ahí estaba:
“Augusters Lodge”. Y vaya panorama de sitio: la habitación con unos colchones del grosor de una hamburguesa del McDonalds, el lavabo que lo usa toda la familia, los demás huéspedes, bueno…sin comentarios. Fatal! Y además, los dueños, son muy pesados: “si usas el aire acondicionado son 2 dólares más”, “si llegáis más tarde de la 1, tenéis que pedir permiso”…Y eso que sale en la Lonely Planet como hostal número uno, en fin…
Hemos salido para airearnos después de tanta patraña y el centro de la ciudad me ha encantado. Los paseos, las iglesias, el nombre de las calles y la arquitectura en general te hacen sentir en Portugal. Sin embargo, las luces de neón, los restaurantes y, por supuesto, la gente te recuerda que sigues en China. Y
si vas dos avenidas al sur del centro y ves todos los casinos y los grandes hoteles, todo cambia de nuevo y no sabes en qué cultura ubicarte. Es una mezcla explosiva…
“Aaron, vamos a cenar a lo grande hoy?” – le he preguntado. “Sure” – contestaba Aarón con los ojos salidos de órbita. Hemos ido a un restaurante portugués muy chulo y, entre el bacalao y el “Mateus” fresquito que me he tomado, me he dado cuenta de lo diferente que estoy
comiendo últimamente y, lo mucho que echo de menos, pues eso…un trozo de bacalao y una buena copa de vino. Hemos cenado y, contentillos, hemos ido de cabeza al “Gran Lisboa, el casino más grande de la ciudad. Madre mía, vaya recinto!…salas y salas de juego con miles de chinos fumando y bebiendo sin parar. El ambiente de humo se mezclaba con
las risas y los gritos de emoción de los “participantes”. –“Aaron, 20 dólares cada uno y ya…ok?”. Y el plan nos ha salido perfecto porque me han tocado 70 dólares en una máquina y, como no está el horno “pa” bollos, he dejado de jugar. Le he intentado traducir a Aaron: “Más vale pájaro en mano que c
iento volando..” y, al final, nos hemos tomado una cerveza mientras observábamos la gente y la vida en el casino y, como más observaba, más me impactaba. Como el hostal donde estoy ahora…Suerte, o no, el portátil ha vuelto a resucitar. Será que no todo en la vida se basa en el azar? Puede…





























