Hacer la maleta ya se ha convertido en algo
súper habitual. Ya sé en cada rincón lo que tiene que ir, en cada bolsa lo que tiene que haber y nunca hay nada sucio porque cuando tomo mis duchas pues ,aprovecho, y lavo la ropa con “Sanex”. Aaron me contó el secreto para la ropa y el espacio: enrollarla como canelones y así no se arruga.
Cuando me he levantado he tenido la sensación que no había descansado nada pero, sin embargo, me he despejado bastante rápido porque hoy íbamos a ver un país nuevo: Malasia.
Hemos dejado el pequeño palacio de Aongang y, delante del McDonald’s del pueblo donde cenamos ayer, una furgoneta blanca nos esperaba para un traslado inminente al aeropuerto internacional de Krabi.
No me ha gustado nada este aeropuerto: sólo una cafetería con cafés aguachirris, bocadillos de pan de molde que parecían “Tigretones” y dos horas tirados de la mano de Dios esperando nuestro vuelo de Air Asia
dirección Kuala Lumpur. No hablabamos demasiado: Aaron editaba fotos, Víctor escuchaba su iPod y yo intentaba conseguir wifi gratis sin demasiado éxito. De pronto, una voz asiática nos recordaba que nuestro vuelo ya estaba preparado para el embarque.
El avión iba vacío y la compañía no era de las mejores que habíamos tomado. Air Asia se llama pero, por lo que he podido comprobar en el vuelo, sólo cogen pilotos en prácticas: tembleques, despegues de lado, turbulencias sin avisar…pero, debe ser algo normal, porque el avión iba dando zumbidos y la tripulación pasaba de todo y casi ponían mala cara cuando intentabas apagar el móvil.
Me he dormido…no podía más. Llevo tantos días haciendo tantas cosas que me duermo en todos los sitios sin ningún problema: barcos, aviones, furgonetas…me da igual. El vuelo era de un par de horas pero sólo me he dado cuenta de la última
media, cuando ya habíamos dejado Tailandia y el paisaje de Malasia estaba presente a través de las ventanillas. Y no os imaginais cuántas palmeras se veían: cientos y cientos de campos de palmeras invadían todo el territorio y nosotros, como locos, venga hacer fotos en pleno aterrizaje.
Hemos llegado al aeropuerto internacional de Kuala Lumpur en un ambiente bastante caótico y, de nuevo, ya han aparecido los velos. Hasta hace dos días no sabía que Malasia era un país islámico..qué fuerte! Y lo más fuerte es que no estoy acostumbrado a ver asiáticas con velo pero mira..cada día se aprende una cosa nueva.
No sé cómo hemos encontrado un autobús que nos llevaba al centro de la ciudad pero la sopresa ha sido cuando Víctor ha preguntado: “¿Cuánto tarda más o menos?” – “una hora y media, Señor” – contestaba un jóven asiático con una sonrisa gigantesca. Pues sí, una hora y media en el autobús, en el cual
también me he dormido pero, esta vez, me ha sobresaltado Víctor: “Mira, Marc…las Torres Petronas!!!!”. Y allí estaban altivas, rodeada de rascacielos, las famosas torres. Y lo de Petronas es por la compañía de gas y gasolina de Malasia que se llama así y fueron los que construyeron las torres (tipo Torre Agbar).
Hemos llegado al centro de Kuala Lumpur y no sabía ni dónde estaba. No había demasiada gente, un monorail iba pasando por lo alto de la ciudad y se veían varios rascacielos. Hemos llegado a nuestro hostal donde hemos aparcado las maletas y, seguidamente, hemos ido a comer y hemos comido TANTO que luego no podíamos ni movernos. Pero, ¡¿cómo íbamos a estar toda la tarde en el Friday’s si teníamos uno de los rascacielos más grandes del mundo a la vuelta de la esquina?!
Hemos salido y, a pocos pasos, hemos admirado las Torres
Petronas que, una vez debajo, sientes realmente que son altas como San Pablos. Hemos hecho fotos estirados, arriba, abajo…Y, al final, hemos entrado dentro para ver qué se cocía. Hemos pasado un Hall bastante grande y, más tarde, se abría ante nosotros un centro comercial gigantesco: tiendas y tiendas de lujo, arquitectura mastodóntica y un aire acondicionado que te dejaba la espiga sin grano.
Hemos salido sorprendidos de ahí y, ya con la noche por delante, hemos
visto las torres iluminadas. ¡Me gustan tanto los rascacielos! Luego hemos observado el centro de la ciudad y, no sé..me parece bastante dificil describirla. Me recuerda bastante a ciudades americanas como Pittsburgh que tienen mucha chicha pero, a la hora de la verdad, les falta un poco de “limoná” ya que todo está basado en oficinas y negocio. Supongo que tenemos que indagar un poco más pero, para eso, ya tenemos mañana…A descansar!

















