Archivos de la categoría ‘Las Vegas’

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Del azúcar a la sal

abril 17, 2009

Los días en Las Vegas han empezado a ser repetitivos: máquinas, hoteles,lasslc casinos…La verdad es que tomé unos días extras en la ciudad para poder algunos planes y ya cerrar la ruta por América. Ayer me estuve el día entero organizando dónde iría y la opción más barata de transporte y alojamiento. Después de pasar horas y horas viendo lo que podría hacer, os dejo los horarios definitivos de la ruta transamericana. ¡No tiene desperdicio!

transamericaHoy era el día que hacía el check out de la ciudad de Las Vegas. Qué fuerte me ha parecido esta ciudad y qué interesante es ver cómo el ser humano se transforma frente al dinero y el exceso.

Dejé la maleta en el hotel sobre las 12 de la mañana. A esa hora, los gritos y las sonrisas de riesgo ya se oían en el interior del casino. Yo, sin embargo, con llagas en los dedos de tantas máquinas, decidí ir a dar la última vuelta por la ciudad y a imprimir todos los documentos para los próximos días.

p1040760Pues, ¿qué os tengo que decir?: fui al Starbucks (para variar), luego al FedEx Kinko’s (a imprimir billetes) y, más tarde a otra cafetería para leerme las guías y enterarme, al menos, de dónde iba y por qué. Esta noche era muy especial: tomaba, de nuevo, el galgo para irme a Salt Lake City, Utah. Así que, ya os digo, mi tiempo en Las Vegas estaba ya en un cuentagotas. Sobre las siete de la tarde pensé: “Como en el bufé sólo hay comida basura, iré directamente a comerme una hamburguesa y la disfrutaré más”. Otra vez, tomé el paso hacia el hotel y, casi al llegar a la entrada, un hombre vestido de rapero se gira y se ríe al verme. “¿No te acuerdas de mi?” – me dijo mostrando un par de dientes de oro. –“Hombre Jeremy, ¿qué tal todo?” Ayer, cuando fui al 7/11, había estado charlando un rato con él y me aseguró que me lo encontraría otra vez por la ciudad. ¡Y veis, tenía razón! Me saludó, me deseó buen viaje y se despidió de mí.

Entré al restaurante del hotel, saqué la Lonely Planet y me incliné en elp1040770 asiento como un pequeño tocino. De pronto, una hamburguesa de 3 libras se apoderaba del blanco de la mesa. Además, como nunca tengo “prou”, me pedí unas onion rings para bajar el exceso de ternera. Fui a buscar mi maleta y, desde fuera del hotel, llamé a un taxi: “A la estación del Greyhound, por favor”.

p1040753Me senté en un taxi oscuro y, poco a poco, las luces de Las Vegas se iban haciendo más y más pequeñas. Las calles empezaron a estrecharse y, al cabo de unos kilómetros, llegábamos a la estación de autobuses. El exterior de la estación ya decía mucho de ésta: gángsters, ancianos con sombrero y botellas de vino en bolsas marrones de cartón. Yo, con una paciencia insalubre, me quedé esperando una hora a que el autocar hacia Salt Lake City zarpara desde la estación. “To Utah” – decía una voz rasgada por los abusos. Pero, claro….imaginaos cómo suena en inglés “To Utah”…”Tuyuta”. Y, yo:”¡Ay, será alguna pasajera india que se ha extraviado, o algo” y, tuve que escucharlo unas cinco veces, para darme cuenta de lo que la mujer quería decir.

Pero no, nuestro autobús hacia Utah ya estaba a punto de salir y nos tenían que revisar las maletas. Suerte que me había fijado en una chica que estaba en la cola conmigo y, cuando subió al autocar, decidió sentarse a mi lado. De repente, en ese momento me metí un “Ferrero Rocher” en la boca y la policía entró en el autocar: “Hola, somos la brigada número 2 de la policía de Las Vegas y, cada vez que un autocar abandona el estado de Nevada, venimos a hacer una serie de preguntas a los pasajeros”.

Nos preguntaron si llevábamos armas, si llevábamos drogas en las maletas pero, a partir de aquí, todo empezó a cambiar. Un grupo de perros subieron al autocar para oler nuestro equipaje. Por otra parte, los policías hacían levantar a alguno de los pasajeros y los cacheaban de una forma un poco brusca y violenta. A mí sólo me preguntaron:- “¿llevas armas en las maletas?” Y con los dientes negros del “Ferrero Rocher” le contesté: “Absolutely not”.

Me saqué la sudadera y la utilicé como almohada, busqué mi iPod y empecé a escuchar música relajando mientras el Galgo apagaba las luces y, al cabo de un rato, el único reflejo que teníamos, era el de una luna en medio del desierto. ¡Hacia Salt Lake City!

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Jornadas tragapérricas

abril 14, 2009

lv¡Qué vitalidad tengo hoy! – me dije mientras me dirigí al baño para tomarme una buena ducha primaveral. Pero….no….el agua seguía sin funcionar. –“Por favor, mire, estoy en la habitación 1440 y el agua no funciona” – le decía a la gobernanta del hotel por teléfono. Y, claro, no iba a irme a los hoteles y a los casinos oliendo a pato.

Me puse a ver la tele mientras esperaba a alguien que subiera a mi habitación para solventar el problema, pero nadie llegaba. Suerte que el agua del WC todavía funcionaba y podía lavarme los dientes, al menos. :)

Al cabo de dos horas y media: “Pum, pum, pum” –“Housekeeping” – decía una voz quebrada por el desengaño desde detrás de la puerta. Yo, corriendo como una gacela, la abrí y le dije: -“Mire, ¿cómo me va a hacer usted la habitación si ni siquiera puedo tomar una ducha?”-. La mujer, mirándome con cara de sorpresa e indignación me tomó el brazo y me dijo: -“¿que no funciona el agua?, no me lo creo…” Entró al baño, tiró de la maneta del grifo y, por arte de magia, ese agua empezó a salir cual presa de pantano. –“¡Lo ves como funciona!”. Y claro, en ese momento me di cuenta que mi falta de cultura no tenía conocimiento de cómo abrir ese grifo maldito. ¡Madre mía!, no podía decirle a la mujer que no sabía cómo funcionaban los grifos. “Señora, se lo prometo que el agua no funcionaba, debía haber algún problema con la presión o algo…” – le dije mientras la nariz me crecía por momentos. La mujer me miró de reojo, sonrió y, mirando al suelo comentó: -“Ok dear…ok”-. Por supuesto no se había creído ni una de las patrañas que me había inventado para salvar mi dignidad, pero bueno, total no la vería más. ¿O si?

Me tomé esa ducha tan esperada, recogí un buen café en el bar del hotel y mep1040560 dirigí hacia la avenida de Las Vegas Boulevard para cruzarla entera. ¡Y son más de 3 km, eh!

Empecé saliendo del hotel Sahara, observé el inmenso mirador de las Vegas y mi primera parada fue el “Food Court” de un centro comercial de lujo. Me comí un buen pollo a la naranja y, más tarde, empecé a entrar a todos los hoteles.

Esta ciudad está formada solamente por una calle (Las Vegas Boulevard) y las calles que cruzan está avenida tienen los nombres de los casinos (imaginaos hasta dónde han llegado): “Sahara Street, Bellagio Street, Flamingo Street”. Si tienes mala suerte e intentas meterte por alguna de estas calles que cruzan, te encontrarás con la nada: prados, centrales eléctricas, centros de reclutamiento, oficinas: no hay nada.

p1040601Seguí por la calle principal y, cada vez que veía uno de estos hoteles, tenía que pararme a hacer fotos: “Treasure Island”; “Flamingos Hotel” (el primero de LV); el hotel París con una torre Eiffel casi igual que la original; el New York, New Yorkp1040616 (con una montaña rusa adherida)…Y, lógicamente, estos palacios tienen en su interior los casinos más grandes que he visto en mi vida. No os penséis que la gente está jugando por la noche, no…podéis ir perfectamente a las nueve de la mañana y los más madrugadores se sientan con sus cafeses y observan la macedonia de las perversidades. ¡Qué cosas, eh!.

p1040648Al lado de estos hoteles pues hay de todo: tiendas de la Coca Cola, restaurantes temáticos, jardines con grillos (que son altavoces), leones…de todo. La verdad es que me impresiona bastante pero, particularmente, no lo encuentro bonito. Lo más fuerte es que, para estar en América, Las Vegas es la ciudad del vicio, la parranda y la guarrería: porno,p1040725 bares abiertos 24/7, se puede fumar en todos los sitios, los locales no cierran nunca, borrachos por la calle, señoras de alquiler y, la gente, no lo sé…en ocasiones impone el hecho de ver carne de campo apostando miles de dólares y, como recompensa, cero dólares de vuelta. Pero mira, no seré yo quien juzgue lo que se gasten las personas y cómo se lo gasten. Si tuviera dinero, quizá también lo haría.

p1040732Bueno, a lo que íbamos: pasé por más casinos, me lavé el pelo en La Fontana di Trevi, fui a los baños del hotel MGM y perdí doce dólares más en el Hotel Luxor.

“Quiero ir al rótulo de Fabulous Vegas” – me dije con la cabeza bien alta. Empecé a andar más y más y más y más hasta que el destino me hizo pararme en una capilla de bodas rápidas. “Ay mira…aquí puedop1040702 casarme al momento sin esperas y, además, te organizan la cena en uno de los restaurantes de lujo de los cientos de hoteles”. Estuve buscando gente por Internet para casarme en Las Vegas y, al menos, saber lo que se siente dentro de una de esas iglesias con un Elvis como cura. Pero, no…sólo encontré vientres de alquiler y bodas varias para conseguir papeles.

p1040701De repente, pasé por otra de estas iglesias, y la puerta estaba abierta. Miré a la derecha, a la izquierda y, como un topo, me colé para ver lo que había dentro. La verdad es que no tenía nada especial: los bancos de madera con cintas blancas, el altar y un organillo conectado a un iPod: clásico y moderno a la vez.

Cuando ya creía que había llegado a Arizona, vi a un grupo de gente en mediop1040675 de la autopista: “Oh mira…el rótulo de las Vegas debe estar ahí”. No sé cómo lo hice pero anduve tanto, que había llegado al aeropuerto internacional de la ciudad y tenía la sensación que, en algún momento, me comería uno de los aviones que despegaban. Y, lo más fuerte de todo es que, cada dos minutos, una nave despegaba desde el aeropuerto. Ahora, agarraos al asiento: Las Vegas es el primer destino vacacional para los americanos…¿ociosos, viciosos o golosos?

p1040681Crucé la autopista como pude y, finalmente, conseguí parar a una mujer para que me hiciera la foto con el cartel. ¡Qué fabulosas son Las Vegas!

Mis piernas parecían carne magra: no podía andar más. Sin embargo, ahora faltaba lo más importante: dar media vuelta y patearme los cinco ó seis kilómetros para volver a mi hotel y tomarme una buena sopa Campbells.

Después de toda la caminata decidí permitirme un pequeño capricho: ir al bufet libre del “Sahara” y comer aquello que más me apeteciera. Me fui a la planta 1 del hotel y, al final de un pasillo, había unas letras blancas enormes: “ALL YOU CAN EAT FOR $8.95”. Alrededor de estas letras, había una gran cola formada por “la crème de América”. Dentro, el espectáculo era dantesco: platos rebosando de patas de calamar y manos con uñas rojas para sujetar el exceso de comida de los platos. La comida, pues nada del otro mundo: había pescado, sí, pero de ese rebozado al “estilo 100 aceites”. El pollo, no era asado, era relleno de mollejas de cerdo y bacon, refrito en su propio jugo: Ay, no sé…salí de ese bufé embriagado de aceite y anhelando un hervido o un asado.

Ahora sólo quedaba una cosa para finalizar un día veganiano: sentarme en una silla a jugar hasta reventarme todo el dinero.

p1040769Pues sí, yo…hijo del cielo y socio del diablo, me senté en una máquina que era muy moderna y llevaba ruleta incluída.-“Marc, sólo 20 dólares – me decía sujetándome al asiento. Y, entre juegos y bebidas gratis que me traía Yolanda de Ecuador, empecé a acumular premios…$30…$40…$100 y, no os voy a poner el premio final para protegerme sobre un secuestro potencial, ok? :)

Salí cantando y mordiéndome los dientes de la ilusión que tenía y me fui al 7/11 a comprar leche y pañales. Entré y, cuando ya estaba a punto de pagar, el dueño de la tienda me invitó a dialogar. Decía que Las Vegas había cambiado mucho desde que la “clase baja” tenía acceso a los precios de los vuelos y de los hoteles. Jeremy, que era afroamericano o negro, como diría mi abuela, me comentó: “Ya verás, mientras estés en LV, me encontrarás por algún sitio más”. “Tengo tres trabajos aquí: conductor de autobús, encargado del Seven Eleven y, por las noches, trabajo en un restaurante”. Me dio la sensación que ese hombre era un brujo o un curandero. Todo quedó así: yo llegué a mi habitación, me puse la tele, me saqué del calcetín todos los millones que había ganado esa noche y me quedé dormido mientras contaba los billetes.

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Las Vegas, el galgo y yo

abril 12, 2009

Estuve toda la noche soñando con atracciones: el pulpo, el saltamontes, lalasvegas “olla cachonda”…Hoy sólo quedaba una cosa por hacer: tomar el autocar para ir a las Fabulosas Vegas.

Tenía el desayuno incluido en mi pequeño motel de Los Ángeles, pero hoy era el primer día que lo probaba. “Menos mal que no he venido ningún otro día” – me decía mientras roía un trozo de queso con moho (lo cual no agradecí cuando noté que no se trataba de queso azul).

Pues mira, tú…con la mochila a cuestas y con la dignidad más alta que nunca me fui dirigiendo hasta la parada del metro que me llevaría a “Union Station”, la estación de Amtrak y trenes de la urbe californiana.

p1040500Llegué a una estación bastante curiosa porque el techo estaba hecho de películas de cine vacías…Entré en un metro ligeramente vacío y, en unas cuantas paradas mal contadas, llegué a una especie de iglesia anglicana: “Union Station”.

Me senté en una sala de espera de madera con techos muy altos y, de vez enp1040509 cuando, le iba dando un muerdo a un bagel de pollo de granja que había comprado. “Ahora empieza la ruta real por América” – pensaba mirando cómo los trenes partían desde los andenes. Yo, que me siento más humilde que resfriado, decidí cruzar América en Greyhound Lines (el galgo) , que se trata de una compañía estatal de autocares conocida por sus largas distancias por los Estados Unidos. Salí a una especie de jardín para ancianos y, a pocos metros, estaba mi autocar esperando: “Las Vegas, Nevada”.

Ni me alegro ni me da pena dejar Los ángeles, la verdad. El sentimiento es bastante neutro, más o menos como cuando te ponen un buen filete y al lado ensalada: “Vale, te comes la ensalada, pero si no estuviera, pues tampoco la hubiera echado de menos”. Pues igual con Los Ángeles.

El autocar estaba lleno de carne de habladuría: la familia Rodrigues, recién llegados de Monterrey; una chica islámica con altos poderíos y con un velo Gucci, una espía rusa que sólo dormía, dos chicas rubias con muy mala vida y un joven con aspecto del Oriente Próximo.

p1040521Pues ya estábamos en el autocar y, al cabo de un ratito, la máquina se ponía en marcha y empezamos a cruzar California. Yo, que tengo mucha vista, pensé: -“Pues mira, ya que no tengo nada que hacer en seis horas, voy a escribir un poquito para que mis makafans me puedan leer”. Encendí la computadora y empecé a escribir tomos y tomos de entradas hasta que, de repente, observé que mi compañero de asiento, el chico de Oriente Próximo, estaba mirando la pantalla sin parar. –“Ufff, ya estamos con pacotillas de viaje” – iba pensando mientras sacaba la mandíbula para fuera y cerraba los ojos. –“Perdona, ¿eres escritor?” – decía una voz con un acento árabe muy grave. –“¡No, qué va!, sólo escribo por hobby…” le dije mientras apagaba, de nuevo, el ordenador. El joven se incorporó con afán de conversación, encendió su ordenador (más moderno que el mío) y empezó su discurso. –“Mira, te cuento. Yo soy de Irak y acabo de llegar a los Estados Unidos. He estado tres años de militar con el ejército americano trabajando de traductor. Al Qaeda, al enterarse de mi situación con el ejército americano, fue a mi casa y mató a toda a mi familia. Ahora, después de lap1040535 experiencia vivida, los Estados Unidos me han concedido un visado de protección y asilo político fuera de mi país y, mientras esté aquí, quiero dedicarme a escribir un libro sobre mi experiencia”-. Así se me quedó la cara: O__O,  mientras la rusa seguía durmiendo.

Y nada, me enseñó su pasaporte iraquí y, cuando acabó de hablar, se dispuso a enseñarme los videos de sus batallitas por Irak. “Mira, ves…aquí tuve que matar a estos dos. El cadáver olía, claro, llevaba así dos meses por lo menos”. “Aquí, ¿ves a este hombre?, míralo ahora…lo tuve que matar porque era de Alp1040536 Qaeda”. “Esto es una fosa común…” y, poco a poco, me fui diluyendo en un sentimiento de aprensión, asco y lástima que acabó con una frase de cortesía y un papel escrito: “cuando tengas el libro me lo mandas a mi e-mail, ¿vale? Y giré la cabeza para ver los anuncios de publicidad de tiendas de armas que habían por lacarretera,  mientras echaba un suspiro de hostilidad.

Bajamos a hacer la parada pertinente para que los niños y los ancianosp1040523 pudieran hacer uso del lavabo y, los demás, teníaos la opción de ir a algún restaurante con comida super sana. Paramos en un rancho con una estación de tren del McDonald’s e, incluso, los trenes eran de la compañía y la gente estaba dentro comiendo Big Mac’s. Estuve un rato, me vi obligado a comer una hamburguesa y, al cabo de un rato, subimos de nuevo al Galgo para continuar con el viaje.

p10405281–“¿Estoy en Aragón?” – me decía muy sorprendido. Os juro que estaba pasando por los Monegros: el mismo color, la misma flora, la misma dimensión. Pero no: ¡estaba en Nevada! El paisaje desértico y amarillo inundaba el ambiente del autocar y los primeros susurros se empezaban a escuchar: “Mamita , mi mamita.., tamo llegando ya La Vega”. De repente, la arena pasó a ser asfalto, la flora se convirtió en hoteles y la dimensión pasó de ser horizontal a vertical. Eso significaba algo: habíamos llegado a Las Vegas.

Bajé del autocar con un desparpajo impresionante: no sé por qué razón tuve que saltar los tres escalones y dejarme caer al suelo flexionando las piernas. Pero, simplemente, lo hice.

p10405381En fin, que en esa estación no se aclaraba ni la dueña del kiosco, así que tomé un taxi ilegal para que me llevara al famoso hotel Sahara, conocido por ser el lugar de las Vegas con el buffet libre más barato. El “taxista”, que era de Montana según me dijo, había llegado a la ciudad la noche anterior y el pobre hombre no sabía ni dónde estaban losp1040545 hoteles ni nada. Armado de paciencia, tuve que esperar 30 minutos para que el señor se aclarara y me dejara en la puerta equivocada del hotel. Y, por supuesto, al abrir el portal me encontré con el casino más grande que he visto nunca. La escena era: yo con las mochilas, con un café del Starbucks cruzando el casino y haciendo fotos como si llegara de la puebla.

Rápidamente me di cuenta de cómo funcionaba todo aquello y me dispuse a hacer el check in: habitación 1440, una habitación con vistas a las afueras de Las Vegas, es decir, al desierto.

p1040551La habitación era tan grande como toda mi casa y la decoración pecaba mucho de gusto pero, por el precio que había pagado, era de lujo. Me estiré en la cama, puse el Telemundo y me dormí hasta que, a media tarde-noche, bajé a comprarme una ensalada César y, me dije: – “voy a apostar a esta máquina”. El casino daba bastante pena: todo era una pasada (no os digo que no) pero los ejemplares que estaban jugando, más toda la purria que había con bermudas y camisas de flores, me transmitían unap10407441 sensación como si estuviera en los suburbios de algún pueblucho de Oklahoma. Pues estaba yo en mi tragaperra, tematizada con los personajes del Mago de Oz y, fue ahí, la primera vez que ganaba algo: ¡por veinte dólares me dieron cien! ¡Y qué fácil fue! Tres “Totós” me dieron el premio de la noche y me fui a la habitación más contento que nadie. “Ahora me voy a dormir, que mañana quiero visitar la ciudad” – me dije mientras observaba que no funcionaba el agua. Llamé a recepción, subió un hombre con un aspecto lamentable y, cuando se fue, comprobé que el agua seguía sin funcionar. “Mira, ya llamaré mañana por la mañana otra vez”

– “Bona nit Marc”- me dije reflejado en la tele.

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