Archivos de la categoría ‘Los Ángeles’

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Las Vegas, el galgo y yo

abril 12, 2009

Estuve toda la noche soñando con atracciones: el pulpo, el saltamontes, lalasvegas “olla cachonda”…Hoy sólo quedaba una cosa por hacer: tomar el autocar para ir a las Fabulosas Vegas.

Tenía el desayuno incluido en mi pequeño motel de Los Ángeles, pero hoy era el primer día que lo probaba. “Menos mal que no he venido ningún otro día” – me decía mientras roía un trozo de queso con moho (lo cual no agradecí cuando noté que no se trataba de queso azul).

Pues mira, tú…con la mochila a cuestas y con la dignidad más alta que nunca me fui dirigiendo hasta la parada del metro que me llevaría a “Union Station”, la estación de Amtrak y trenes de la urbe californiana.

p1040500Llegué a una estación bastante curiosa porque el techo estaba hecho de películas de cine vacías…Entré en un metro ligeramente vacío y, en unas cuantas paradas mal contadas, llegué a una especie de iglesia anglicana: “Union Station”.

Me senté en una sala de espera de madera con techos muy altos y, de vez enp1040509 cuando, le iba dando un muerdo a un bagel de pollo de granja que había comprado. “Ahora empieza la ruta real por América” – pensaba mirando cómo los trenes partían desde los andenes. Yo, que me siento más humilde que resfriado, decidí cruzar América en Greyhound Lines (el galgo) , que se trata de una compañía estatal de autocares conocida por sus largas distancias por los Estados Unidos. Salí a una especie de jardín para ancianos y, a pocos metros, estaba mi autocar esperando: “Las Vegas, Nevada”.

Ni me alegro ni me da pena dejar Los ángeles, la verdad. El sentimiento es bastante neutro, más o menos como cuando te ponen un buen filete y al lado ensalada: “Vale, te comes la ensalada, pero si no estuviera, pues tampoco la hubiera echado de menos”. Pues igual con Los Ángeles.

El autocar estaba lleno de carne de habladuría: la familia Rodrigues, recién llegados de Monterrey; una chica islámica con altos poderíos y con un velo Gucci, una espía rusa que sólo dormía, dos chicas rubias con muy mala vida y un joven con aspecto del Oriente Próximo.

p1040521Pues ya estábamos en el autocar y, al cabo de un ratito, la máquina se ponía en marcha y empezamos a cruzar California. Yo, que tengo mucha vista, pensé: -“Pues mira, ya que no tengo nada que hacer en seis horas, voy a escribir un poquito para que mis makafans me puedan leer”. Encendí la computadora y empecé a escribir tomos y tomos de entradas hasta que, de repente, observé que mi compañero de asiento, el chico de Oriente Próximo, estaba mirando la pantalla sin parar. –“Ufff, ya estamos con pacotillas de viaje” – iba pensando mientras sacaba la mandíbula para fuera y cerraba los ojos. –“Perdona, ¿eres escritor?” – decía una voz con un acento árabe muy grave. –“¡No, qué va!, sólo escribo por hobby…” le dije mientras apagaba, de nuevo, el ordenador. El joven se incorporó con afán de conversación, encendió su ordenador (más moderno que el mío) y empezó su discurso. –“Mira, te cuento. Yo soy de Irak y acabo de llegar a los Estados Unidos. He estado tres años de militar con el ejército americano trabajando de traductor. Al Qaeda, al enterarse de mi situación con el ejército americano, fue a mi casa y mató a toda a mi familia. Ahora, después de lap1040535 experiencia vivida, los Estados Unidos me han concedido un visado de protección y asilo político fuera de mi país y, mientras esté aquí, quiero dedicarme a escribir un libro sobre mi experiencia”-. Así se me quedó la cara: O__O,  mientras la rusa seguía durmiendo.

Y nada, me enseñó su pasaporte iraquí y, cuando acabó de hablar, se dispuso a enseñarme los videos de sus batallitas por Irak. “Mira, ves…aquí tuve que matar a estos dos. El cadáver olía, claro, llevaba así dos meses por lo menos”. “Aquí, ¿ves a este hombre?, míralo ahora…lo tuve que matar porque era de Alp1040536 Qaeda”. “Esto es una fosa común…” y, poco a poco, me fui diluyendo en un sentimiento de aprensión, asco y lástima que acabó con una frase de cortesía y un papel escrito: “cuando tengas el libro me lo mandas a mi e-mail, ¿vale? Y giré la cabeza para ver los anuncios de publicidad de tiendas de armas que habían por lacarretera,  mientras echaba un suspiro de hostilidad.

Bajamos a hacer la parada pertinente para que los niños y los ancianosp1040523 pudieran hacer uso del lavabo y, los demás, teníaos la opción de ir a algún restaurante con comida super sana. Paramos en un rancho con una estación de tren del McDonald’s e, incluso, los trenes eran de la compañía y la gente estaba dentro comiendo Big Mac’s. Estuve un rato, me vi obligado a comer una hamburguesa y, al cabo de un rato, subimos de nuevo al Galgo para continuar con el viaje.

p10405281–“¿Estoy en Aragón?” – me decía muy sorprendido. Os juro que estaba pasando por los Monegros: el mismo color, la misma flora, la misma dimensión. Pero no: ¡estaba en Nevada! El paisaje desértico y amarillo inundaba el ambiente del autocar y los primeros susurros se empezaban a escuchar: “Mamita , mi mamita.., tamo llegando ya La Vega”. De repente, la arena pasó a ser asfalto, la flora se convirtió en hoteles y la dimensión pasó de ser horizontal a vertical. Eso significaba algo: habíamos llegado a Las Vegas.

Bajé del autocar con un desparpajo impresionante: no sé por qué razón tuve que saltar los tres escalones y dejarme caer al suelo flexionando las piernas. Pero, simplemente, lo hice.

p10405381En fin, que en esa estación no se aclaraba ni la dueña del kiosco, así que tomé un taxi ilegal para que me llevara al famoso hotel Sahara, conocido por ser el lugar de las Vegas con el buffet libre más barato. El “taxista”, que era de Montana según me dijo, había llegado a la ciudad la noche anterior y el pobre hombre no sabía ni dónde estaban losp1040545 hoteles ni nada. Armado de paciencia, tuve que esperar 30 minutos para que el señor se aclarara y me dejara en la puerta equivocada del hotel. Y, por supuesto, al abrir el portal me encontré con el casino más grande que he visto nunca. La escena era: yo con las mochilas, con un café del Starbucks cruzando el casino y haciendo fotos como si llegara de la puebla.

Rápidamente me di cuenta de cómo funcionaba todo aquello y me dispuse a hacer el check in: habitación 1440, una habitación con vistas a las afueras de Las Vegas, es decir, al desierto.

p1040551La habitación era tan grande como toda mi casa y la decoración pecaba mucho de gusto pero, por el precio que había pagado, era de lujo. Me estiré en la cama, puse el Telemundo y me dormí hasta que, a media tarde-noche, bajé a comprarme una ensalada César y, me dije: – “voy a apostar a esta máquina”. El casino daba bastante pena: todo era una pasada (no os digo que no) pero los ejemplares que estaban jugando, más toda la purria que había con bermudas y camisas de flores, me transmitían unap10407441 sensación como si estuviera en los suburbios de algún pueblucho de Oklahoma. Pues estaba yo en mi tragaperra, tematizada con los personajes del Mago de Oz y, fue ahí, la primera vez que ganaba algo: ¡por veinte dólares me dieron cien! ¡Y qué fácil fue! Tres “Totós” me dieron el premio de la noche y me fui a la habitación más contento que nadie. “Ahora me voy a dormir, que mañana quiero visitar la ciudad” – me dije mientras observaba que no funcionaba el agua. Llamé a recepción, subió un hombre con un aspecto lamentable y, cuando se fue, comprobé que el agua seguía sin funcionar. “Mira, ya llamaré mañana por la mañana otra vez”

– “Bona nit Marc”- me dije reflejado en la tele.

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Un día Universal

abril 11, 2009

lax1No os voy a decir que he visitado muchas más cosas de Los Ángeles porque todo lo que me falta son las playas. Y, en este punto de mi trayecto, estoy un poco saturado de playas. Así que he vuelto a ver las estrellas, he ido al cine, a una megafiesta latina y he estado mirando las opciones que tengo para seguir mi viaje transamericano. Sin embargo, había sólo una cosa que quería hacer: ir a un parque temático.

No voy a volver a Disneyland, estuve en el de Hong Kong hace dos meses. Lo que toca es ir a Universal Studios.

No podía con mi alma por la mañana y estaba saturado de estrellas hollywoodienses. Eran casi las doce del mediodía y aún estaba en el motel lavando la ropa a mano. Decidí ir a comer algo primero y, de este modo, tendría el estómago contento para pasar un día de ocio. “Hoy toca tailandés” – me dije rotundamente. Al lado del motel hay una especie de plaza horriblep1040336 con pequeños negocios y restaurantes: empanadas peruanas (que me comí una para probar), cacerolas cubanas, salchichas boricuas y carne mexicana. Sin embargo, hoy definitivamente me apetecía tailandés. Abrí la puerta del pequeño restaurante y una mujer muy simpática me dio la bienvenida. Mira que había cosas para decirle a la señora pero, no…se me ocurrió decirle a la pobre mujer que venía a Los Ángeles a casarme. Y, ella, se me quedó mirando con cara de sopresa, cerró la boca y dijo: “ohhhhhh”. “No….que es broma” – le dije sonriendo. Y la mujer también sonrió pero realmente no sé qué debió pensar de mí. Empecé a pedirme aperitivos porque, como últimamente dudo con todo, pensé que con un abanico de diferentes sabores, podría solventar mi problema de seguridad frente a las comidas.

Más que un restaurante, ese lugar parecía la casa de esa señora: había cuadros por todos los lados, fotos de ella cuando se casó, una gata encima de una mesa…Pero fue este ambiente el que me hizo hacerme sentir como en casa. Así que, mientras degustaba las variedades tailandesas, iba hablando con ella. Le comenté lo que había hecho en Tailandia, las ciudades que había visitado y eso le alegró tanto que me sacó el álbum de fotos de su boda en Chiang Mai. Entre una cosa y otra, el tiempo iba pasando y ,al final, le dije si me podía dejar unas Páginas Amarillas porque quería llamar a Universal Studios para preguntar a qué hora cerraban. La señora, muy amable, me dijo que el parque siempre estaba abierto hasta, al menos, las diez de la noche. “Mi hermano te va a llevar” – me dijo rotundamente. –“¿Su hermano?” – le dije yo con cara de circunstancia. Sí, y se ve que, mientras yo hablaba por teléfono, la señora fue a hablar con su hermano para ver si me podía llevar al parque.

Total: sale el hermano tailandés de la cocina, me subo a su coche pero, antes eso sí, teníamos que ir a repartir comida a dos casas. Es increíble la cantidad de buena gente que me voy encontrando diariamente, de verdad.

John, que así me dijo que se llamaba, dejó dos pedidos en casas que sep1040433 encontraban por el vecindario. Luego, tomó la autopista y empezamos a hablar de Tailandia, de los rituales y de las playas del país. Al cabo de unos veinte minutos ya llegábamos a Universal City. “Déjame aquí, John. No te p1040436preocupes” – le decía al hombre. “No, no….” Y me llevó hasta la entrada principal del parque. Salí del coche, le di la mano y él me dijo levantado un dedo: “Cuando vuelvas a Los Ángeles, vuelve a nuestro restaurante, eh”. “Te lo prometo” – le contesté. Y fui a la cola para comprar la entrada.

El complejo de Universal Studios es enorme: por una parte está el parque temático, luego están los estudios generales y, en otra de las zonas, hay teatros, cines y restaurantes que son muy frecuentados por la gente de Los Ángeles.

Estuve haciendo cola un buen rato y, finalmente, compré mi entrada de adulto. “Va usted solo?” – me dijo el cajero. “Bueno, voy con mi aura, pero físicamente sí…voy solo” – pensé por dentro. Y entonces, me sacó como una pulsera especial porque, si entras solo al parque, puedes entrar en las atracciones si hacer cola. ¡Punto para Universal! Siempre había pensado en ir con silla de ruedas a los parques temáticos, precisamente para esto pero, en este caso, mi soledad me sirvió de ventaja.

Me miraron las mochilas, me cachearon hasta las entrañas y, finalmente, entré a Universal Studios Hollywood.

p1040446Cuando vi el directorio y el mapa del parque me entraron unasp10404511 ansias que no sabía dónde ir. Primero fui a una especie de espectáculo, donde hasta aterrizaba un avión. Fui pasando por las diferentes atracciones sin hacer colas y me fui emocionando cada vez más: Shrek en 4D, Krustyland de los Simpson, Jurassic Park, The Mummy, Terminator: cines espectaculares, vagonetas, caídas libres.

p1040463Estuve todo el día brincando como una gacela y admirando el parque y sus atracciones. Más tarde, cuando empezó a anochecer y ya tenía la adrenalina rellenada, me fui a ver los exteriores de los estudios. Por fuera parecen polígonos industriales (como toda la ciudad de Los Ángeles) pero, una vez entras dentro, puedes ver todo tipos de escenarios y elementos para hacer las películas y las series. Satisfecho como mi visita guiada, me comí un helado de bolas enanas de vainilla y, más tarde, me compré un pequeño capricho.

Salí del parque cuando era de noche. Fui andando por unas bajadas muyp1040492 oscuras y, al final de un paseo, fui a coger el metro de la ciudad. Me dormí durante unos veinte minutos y, al salir a mi calle, fui a paso rápido hacia mi motel. Me probé lo que me había comprado y apagué la luz de la habitación. -”Vaya, si no he cenado” – pensé. Me tapé con la manta y me dormí muy cansado y muerto de hambre.

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El día que decidí visitar las letras de HOLLYWOOD

abril 9, 2009

Hoy me siento como un ángel. He descansado tantas horas que, hasta milax cerebro, está ligero como una esponja.

-“Hoy toca visitar Hollywood, Marc” – me decía mientras me peinaba la cabellera con la mirada perdida, sentado en una silla y mirándome al espejo.

p1040325Salí de mi motel y empecé a subir la calle Vein, más allá del Pollo Loco. Y, de pronto: “Vaya…aquí está enterrada Audrey Hepburn” – me dije al ver una lápida en el suelo con su nombre…Pero, ¡NO!…Sin saberlo, me topé con el Paseo de las Estrellas y, bueno, no os cuento las horas que me pasé mirando y mirando nombres. Además, siempre había creído que estas estrellas estaban en una sola calle, pero hay como seis ó siete calles con ellas. El chico de recepciónp1040390 me advirtió que no me quedara demasiado atento mirándolas calle porque algunos transeúntes se aprovechan del despiste ajeno para hacer jugarretas. Poco a poco fui llegando al meollo de Hollywood Boulevard y, tal como había pensado, no me gustó nada. El tema de las estrellas está bien pero, a parte de eso, todo lo que hay alrededor es un desastre: pobreza, tiendas cerradas y abandonadas, marabuntas de guiris de agencia y más naves industriales. Bueno, me hice las p1040280fotos pertinentes con mis ídolos y seguí bajando esa calle hasta llegar al teatro Kodak, donde se celebran los “Óscar” cada año. Bueno, el teatro está bien y, por dentro, puedes ver columnas con los años y las películas ganadoras. Me aseguré que en 1998 estuviera Titanic y, ya convencido, seguí con mi ruta estelar.

p1040316Al final de la calle, en lo alto de una colina, pude ver las famosas letras blancas de Hollywood. –“¡Qué bien! No parecen estar muy lejos. Intentaré ir subiendo a la colina a ver qué tal se ve desde más cerca”. Y, nada, pasé por Capitol Records, casas de música, estudios de grabación, estudios de cine y me encontré con una calle con pendiente. Fui subiendo, crucé por debajo de la autopista enorme que cruza la ciudad de Los Ángeles y, de golpe, llegué al barrio de p1040314Belair. Iba siguiendo una callejuela con curvas que cada vez se hacía más estrecha. Casi ahogado de las subidas, empecé a ver más y más mansiones con sus jardines, parques privados, fuentes…¡Cómo cambiaba todo en un momento! Seguí subiendo aún más pero no veía las letras de la ciudad por ningún sitio. “Debo estar debajo, por eso no las veo” – pensaba, iluso de mí. Y, conforme ascendía, más lujo veía. Luego, llegó un punto que las cosas ya no estaban tan pegadas y sufría por estar en alguna propiedad privada ya que los vecinos de la zona me observaban cuando me veían paseando por ahí.

p1040307Finalmente, cuando el paisaje ya casi era totalmente verde, se abría ante mí un especie de camino de cabras lleno de matojos. –“Cómo voy a entrar por aquí? – pensaba con los auriculares puestos. “Bueno, ya que he llegado hasta este punto, ahora no me puedo echar atrás” – y tomé el camino. Y, conforme avanzaba, todo iba tomando un color más y más verde: estaba en medio de un bosque mitago. Apartaba arbustos, plantas y empecé a andar más y más rápido porque la situación me empezaba a resultar incómoda. “Tssssssssss” – oí de repente. No os podéis imaginar cuando empecé a ver serpientes negras en medio del camino. La reacción fue inminente:empecé a correr campos a través con uno de los auriculares colgando hasta que losp1040306 arbustos desaparecieron del paisaje. Ahora, eso sí, estaba en una montaña y, al final de los árboles, aparecía un pantano de grandes dimensiones. Parecía que otro camino llevaría a algún sitio, así que lo seguí y, al cabo de unos veinte minutos más, p1040311llegaba a la cima y podía ver el letrero de Hollywood. No estaba tan cerca como me esperaba pero, al menos, lo estaba un poquito más. Estaba en un especie de mirador y, a mi lado, había dos chicas asiáticas que habían subido en coche desde la ciudad. –“Pues yo he subido andando y me he encontrado hasta conp1040310 serpientes”- les mencionaba con cara de pena. Pero no, las hijas de Satán, no se ofrecieron a bajarme en coche y, como no había otra forma, tuve que dar la vuelta y hacer todo el macrorecorrido que me había ocupado casi toda la mañana. Me puse mi música, esta vez The Ronettes y, sin pensar en serpientes, atravesé el pantano, el bosque, el camino de cabras, las mansiones y llegué al centro de la ciudad.

Estuve descansado durante toda la tarde y, ya entrada la noche, decidí ir a ver qué tal eran los bares en la ciudad. Ya había anochecido y, saltándome todos los protocolos de seguridad, tomé el portante y me dirigí al oeste de Hollywood a través de la Avenida de Santa Mónica. Las vistas urbanas no habían cambiado demasiado: los mismos descampados, la misma oscuridad…pero,conforme iba andando, los polígonos industriales se convertían en bares y restaurantes de categoría. De repente y cuando menos lo esperaba, unos flashes destacaban entre la oscuridad de la noche. “¿Qué es eso? – me preguntaba mientras aumentaba la velocidad de mis pasos. En la entrada de un restaurante, había un grupo de paparazzis haciendo fotos a una cosa rubia que no podía ver desde la distancia. Y, en eso que dos chicas, rubias también, pasaron por delante del meollo y dijeron con mala cara: “Oh my God, it’s Paris”. Y, yo, la primera noche que no tomaba la cámara de fotos conmigo, y resulta que me encuentro a Paris Hilton posando para una fiesta privada. Bueno, supongo que era ella porque habían millones de personas observándola y era imposible ponerle rostro a la figura pero, lo único que sé seguro, es que la joven rubia, tenía un ojo más cerrado que el otro. Tenía que ser ella.

Seguí con mi andanza hasta que encontré un bar con terraza que parecía chulo. Enseñé mi carnet de Nueva York para pasar desapercibido y, cual topo, me colé en una fiesta.

La mejor de las sorpresas fue al pedir la primera copa de la noche. “Hey, can I get a Scotch with Coke?” – le dije a una joven promesa del cine. Y, la chica, con aspecto de camarera estúpida me respondió con: “¿de dónde eres?” Y yo: “pues de BCN” Y ella: “Explícame que haces aquí”. Y yo: “pues bla bla bla”. Contando que el bar estaba lleno de gente y que la chica estaba solamente por mí, pues dijo mucho de la señorita y de los tópicos de “rubia camarera, aguántante y espera”. Además me invitó a las copas y eso, eso jamás me ha pasado en América.

Empezaron a sonar canciones pops comerciales y me fui a la pista de baile que, en ese momento, estaba revententada de gente. Sin comerlo ni beberlo, unos jóvenes argentinos, residentes en Los Ángeles se acercaron a mí y me empezaron a hablar. Estuvo muy bien, la chica hacía mamografías en un hospital y el chica era radiólogo. Más tarde, conocí a otro amigo suyo que trabaja en la morgue de California y, cuando el grupo se hizo más grande, pues salimos a la terraza para que nos diera el aire fresco. Anne me invitó a una fiesta el sábado por la noche: “Puedes comer gluten y frutos secos?” – me preguntó. “Pues sí, por?” – le dije extrañado. “No, es que al ser doctora, cuando hago una fiesta siempre pregunto estas cosas para los ingredientes de la cena” – me dijo en un tono muy benevolente. –“Bueno, nos vamos que ya cierran” – dijeron todos. –“¿Cómo que ya cierran? Si es una discoteca” p1040266– les contesté extrañado. Y, en ese momento, todo el mundo se partió de carcajadas. –“Amigo, en Los Ángeles todo cierra a las 2” – dijeron los argentinos. Pues bueno, no me quedó más remedio que coger un taxi, porque creo que había andando demasiado, e irme a  ver “el tiempo” y a dormir a mi motel. Tampoco estaba de más.

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Ela L.A L.A L.A

abril 8, 2009

laHoy podría haber hecho el récord Guinness del cansancio y de las pocas ganas. A las cuatro de la mañana, mi iPod me ha despertado con un remix del Chasis que tenía desde mi adolescencia más lejana. Sin abrir los ojos he hecho la maleta, me he despedido de mi pequeña guarida de Waikiki y, antes de tomar el autobús del aeropuerto, he llevado a cabo un hecho muy importante: he tomado el collar de flores, que ahora ya eran matojos, le he quitado las espinas y lo he lanzado a la ría que va a desembocar al mar. Era de noche y no había gente por la calle. Supongo, que si alguien me estaba viendo desde algún edificio o algo, habrán pensado: -“Mira, pobre…va a tirar las cenizas de algún familiar”. Me he sentado en la recepción a hablar con Mohammed y, en unos minutos, una furgoneta de Rogers Hawaii se paraba ante mí. –“Mark Highville” – decía un hombre con aspecto casposo. Me subía al último asiento de la furgoneta y el viaje tomaba una canción que salía directamente de mi iPod: “Please, don’t leave me” de Pink.

Y, con melodías rockeras iba llegando al aeropuerto-hospital maternal de Honolulu. Allí, un joven que parecía maquillador de cadáveres me decía que tenía que pasar por “Agricultura”.Y yo: - “Am I sorry”? Cuando se deja Hawaii y se va a Mainland (los Estados Unidos en tierra) te hacen unos controles extras para que no lleves nada que tenga que ver con la flora: arenas, tierras, flores, césped, musgos, carne de campo…para proteger la biodiversidad de ambas regiones. Así que, a los que prometí traer arena de Hawai, ahí se quedó.

El aeropuerto de Honolulu olía a cebolla hervida, no sé si por una reacción del queroseno o por una humedad calificada .Sin embargo y, ya acostumbrado a ese aroma tan característico, me tomé un buen emparedado de bacon con cebolla (valga la rebundancia) en el Starbucks Cuaffi.

p1040251Mi vuelo de Hawaiian Airlines estaba esperándome y, después de los típicos protocolos aeroportuarios, mi pesado cerebro y yo tomamos asiento. Próxima estación: “Los Angeles, CA”.

¿Por qué Los Ángeles? Pues, en primer lugar, porque era el vuelo más baratop1010155 para cruzar el pacífico y llegar a los Estados Unidos. Cierto es que me atrae más San Francisco pero, cuando vivía en NY, ya hice una escapada a la ciudad con mi amigo Papo de Suecia y ahora, pues la verdad es que quiero ver cosas nuevas. ¡Qué recuerdos San Francisco, por eso…!

Estuve durmiendo tantas horas en el avión que ,llegó un momento en que hasta la azafata me despertó para ver si estaba aún con vida. –“Chicken Burrito?” – me preguntaba la joven. “Yes, of course madam” – le contesté. Me comí el burrito que parecía de la marca Boomer y, de nuevo, me volví a dormir como un feto.

p1040260Con los movimientos bruscos me volví a despertar y, ahora sí, se veía tierra. Me incorporé al asiento y, mirando desde la ventanilla, sólo pude decir: “¿Qué esta patraña?”. No os imagináis cómo se ve Los Ángeles desde el cielo: una especie de telaraña cuadriculada y enorme con una autopista que pasa por el centro. –“¡Qué poco me va a gustar esta ciudad” – iba pensando observando la pobreza urbanística.

picture-2Sudado y chorreando de aburrimiento salí a LAX y vi la famosa escultura del aeropuerto que, por suerte, estaba en obras. –“Si esta escultura es una referencia de la ciudad, no quiero ni saber cómo será lo demás” – iba pensando por el exterior de la terminal de llegadas.

Como no sabía cómo iba a ir a la ciudad, decidí coger un Super Shuttle, que son unas furgonetas que, desde el aeropuerto, te dejan en la puerta del hotel por un precio razonable. Pero, como no, mi entrada a Los Angeles fue en hora punta y estuve más de dos horas del aeropuerto al hotel que había reservado en el oeste de la ciudad. Empezamos a cruzar Hollywood, los famosos bulevares y entramos a la calle Vein, donde estaba mi hotel. Supuestamente estaba en el centro de la ciudad pero la imagen era deplorable. Si creía que Toronto se llevaba el número 1 de ciudades horribles, lo que había visto de Los Ángeles, aún lo superaba más. Mi calle céntrica no era más que un paseo gris con polígonos industriales, naves y restaurantes rápidos. Era el Poblenou de California, pero con Mcdonald’s.

p1040331La gente que paseaba por la zona no era de “lo más” tampoco. Yo me esperaba ver glamour, vestidos de cola, smokings y celebridades pero, lo que realmente había eran ancianos con el pelo amarillo y largo hablando solos, afroamericanos con las piernas amputadas y con parches en los ojos, mujeres de la vida (o de la muerte, no sé), tullidos, exmilitares de la guerra del Vietnam…En ese momento, me acordé de Mark de Honoulu. Él había vivido en esta ciudad durante cuatro años y me advirtió que cogiera taxis por las noches porque la zona de Hollywood realmente estaba llena de estrellas, pero no de las que pensamos.  “(con efecto de eco) Ten cuidado en Los Ángeles, jovencito!

p1040378Hice el check in en un motel típico súper chulo: una habitación amplia con unap1040262 cama gigantesca y una mesa para escribir por las noches. Me acomodé y, como estaba muy cansado, decidí ir a buscar algo para cenar y quedarme ya en el hotel. Aquí empezaba otra aventura:

Salí dispuesto a tomar algo rápido pero, más o menos sano. Como todo eran McDonald’s y Kentuckys, decidí ir a un establecimiento al otro lado de la acera: “El pollo loco”. Y en ese restaurante, plagado de hispanohablantes, me sirvieron mp1040334ejor que en ningún sitio del mundo porque hablaba en español. Me llevé el pollo en una bolsa de plástico con una Coca Cola en la otra mano y salí de nuevo a la calle para dirigirme, de nuevo, al hotel. Y, bueno, los transeúntes me paraban por la calle y maldecían mi existencia. –“Ay señor… pues entraré en este supermercado que hay aquí, y así la gente se pensará que soy de la zona. Y, ya que estoy, aprovecharé para comprar mayonesa Hellmans y café” – pensé decididamente.

Y cuando entré al “Giant Dollar” no os imagináis. Se llamaba así porque todos los productos valían 99 centavos y, como había muchas cosas, pues empecé a coger pan, cafés, la mayonesa….y, tanto cogí, que se me cayó todo por el suelo: los panes, la mayonesa, un galón de leche, el pollo y la Coca Cola. “Ohp1040267 my God, you’re a mess” – dijo una mujer blanca, sin ningún tipo de mala intención. Pero Grasiela, que previamente me había vendido el galón de leche, se indignó mucho con el comentario de la caucásica: “Tu lo que ere e una blanquinussa ajkerossa que no sabe lo que dise, como si lo demá no fuerang perssona. Ajkerossa blanquinussa” – iba renegando mientras mascaba chicle sin parar. La otra, por supuesto, ajena a todo lo que decía, abrió la puerta y salió del supermercado como si estuviera oyendo gatos.

p1040263Salí del establecimiento e intenté cruzar los semáforos en rojo para llegar rápido a mi hotel. Una vez dentro de la habitación cerré los pestillos, las ventanas y me preparé un baño y un café. Me senté en la mesa, puse “American Idol” en la tele y me comí mi pollo loco. TeLA.

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