Las horas de ocio y actividad horizontal ya terminaron. Hoy, a las 6 de la mañana, venía una guía privada para nosotros dos que, teóricamente, nos enseñaría el gran patrimonio cultural de Luxor. Al salir de la habitación ,el bufet de desayuno estaba más vacío que nunca: ya no estaba ni Pili, ni las peluqueras…nadie! Después de comernos dos huevos duros mal pelados con un poco de pan del día anterior, alguien
nos avisaba: – “Aaron, Marc…” – your guide is here. Al salir vimos una chica muy moderna, cara redonda y un velo de flores, era nuestra guía. “My name is Amira” – dijo con un tono vergonzoso y contundente a la vez.
Cogimos el coche cuando ya había salido el sol y nos dirigimos al Valle de los Reyes (donde están todos los reyes descansando bajo tierra) y entramos en algunas de las tumbas, como la de Tutankhamon. Más tarde vimos el Valle de las Reinas y criaturas y, antes de comer, nos
fuimos al templo de Hatshesput, donde hubo el atentado en 1997. “If you die, I die” – dijo Amira cuando le pregunté si era peligrosa la zona. Ella seguía contándonos aquéllo relacionado con las piedras y ruinas que veíamos y, nosotros, tras pausas de 10 minutos, íbamos tomando alguna foto que otra.
La temperatura fue subiendo cada vez más y, al final, nos preguntó si queríamos comer “a la carta” o “bufet” pero, nosotros, ya acostumbrados a llenarnos los platos de alegría, por supuesto escogimos la opción B: bufet.
Cogimos el coche, de nuevo, y estacionamos en un restaurante donde no parecía que hubieran muchos guiris. Salimos del coche, Amira se sentó en la
terraza y nosotros fuimos a llenarnos los platos. Cuando llegamos a la mesa, Amira tenía seis trozos de pan y agua. “-Aaron, pobre…¿por qué no la invitamos a comer?” – le pregunté. Pobre Amira, me sabía mal que nosotros estuviéramos comiendo humus, ensaladas de pepino y “volovans” de cordero mientras ella, tenía que conformarse con panes de pita bañados en agua. Aún no había terminado la frase cuando tres camareros llegaron con platos varios: pollo, cordero, ternera, arroz, patatas y salsas. El pan que trajeron para Amira era para bañarlos en salsas y, el resto de comida, también!! Al final nuestros platos quedaron en nada…
Mientras comíamos nos iba preguntando cosas sobre los países de donde veníamos. Y, nosotros, sin tabúes ni prejuicios, le contábamos que la gente no se casa ya, que el 70% de las parejas se separan y varios hechos que hacían que la mujer se quedara de piedra. “but…this is not possible…” – decía con la boca abierta. Ella también dejó ir algunas cosas que tela: tenía un padre pero él estaba con tres mujeres a la vez y, claro, no quería vivir con sus “madres” porque se peleaban entre ellas y tal. Después, miró al plato y dijo: “mi padre es Ramses el Grande”. Y yo, mientras pisaba a Aarón por debajo de la mesa, pensaba en todas las momias que había visto, ancestros de la muchacha, por supuesto.- “Amira, you are a princess!”, y ella contestó:
“-A very ugly princess”. Qué fuerte!! Este tema nos llevó a otro y a otro y, al final, todos los templos, cabezas cortadas y piedras pulidas que teníamos que ver se reducieron a la mitad. Fuimos a ver los últimos templos que nos quedaban por visitar y, más tarde cuando anochecía, nos acompañó al barco para coger las maletas y dirigirnos a la estación de tren rumbo al Cairo.
Salimos del barco abucheados y maldecidos porque no dejamos ninguna propina y nos fuimos a la estación para tomar el tren nocturno. Los horarios, por eso, siempre fuera de órbita: dos horas de retraso….
Al final, después de jugar al solitario, saltar la comba, comer Pringle’s y
hacer llamadas, nuestro tren llegó. Estábamos tan cansados que el viaje pasó rápido: solo diez horas.










