Archivos de la categoría ‘Melbourne’

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Molinos de desesperación

abril 1, 2009

Soy un desastre humano y sabía que iba a pasar: cada vez que tomo vuelos demelsyd “sólo ida” me quedo tirado en los sitios porque mi organización como persona es cero. Total, que como no me cogí vuelo de vuelta a Sydney, me he quedado tirado en Melbourne. Y, ¿ahora qué? ¿voy a Tasmania? ¿vuelvo a Sydney para relajarme? ¿me lanzo de un quinto piso? Suerte que he encontrado gente en esta ciudad que me ofrecen alojamiento. ¿Morro o supervivencia?

Me he pasado los últimos dos días buscando información para mi súper cruzada por los Estados Unidos. ¿Lo cruzo por arriba, por abajo, por el centro, para dentro? ¿Tendré que robar para sobrevivir? ¿Tendré que sobrevivir para robar? Preguntas y más preguntas que buscaban respuesta en un Marc abatido por los cafés y la poca faena.

Mientras Raphael trabajaba, pues yo me quedaba en los cibercafés y en todosp1040024 los Starbucks que había en la capital de Victoria. Finalmente, y después de destrozar las últimas neuronas que me quedan, reservé un vuelo de vuelta a Sydney para el día 1 de Abril. Aaron me llamó y me dijo: “como te vas a América el sábado día 4, quédate unos días en Wallacia y así lavas la ropa, te acomodas y trabajas con los preparativos”. – “Por qué no, Marc? ¿Por qué no?” – pensaba mientras veía pasar los últimos tranvías del día.

Y, así lo hice. El miércoles, a primera hora de la mañana, Raphael me despertó: “Marc venga, que tienes que ir al aeropuerto” – me decía con los ojos cerrados. Llamamos a un taxi, me despedí de Raphael y de su compañero de piso y me dirigí al aeropuerto internacional de Melbourne. Jamás olvidaré el trato de esta gente hacia mí…

Mientras el taxista me llevaba a la terminal, mi mente decía: “Voy a volver Melbourne de nuevo, seguro que un día volveré” y me apoyaba en la ventana del coche, recordando las viejos largometrajes de Hollywood, donde la agonía y la desesperación hacían que la víctima se convirtiera en protagonista. ¿Cuánta hipérbole, no? J

Bueno, a lo que íbamos. Llegué al aeropuerto y todavía era de noche ya que, el vuelo que tomé, era el más barato de Australia.

Y, con cara de tonto delante de los paneles del aeropuerto, me preguntaba: “¿Dónde c…está mi vuelo? Y, dando vueltas por la terminal, me crucé con una chica de la tripulación de Jetstar (la compañía con la que volaba). Yo, pensando que ya me había equivocado de aeropuerto, fui con la cara estremecida hacia la mujer. –“Mira, perdona…que no encuentro mi vuelo”. –“No, tranquilo…está retrasado hasta las 12 de la mañana” – me dijo con cara de “no es culpa mía”. Y, rápidamente, se sacó de un bolso unos bonos para ir a comer hamburguesas gratis al Hungry Jacks (Burger King).

p1040028Yo, en la otra punta del mundo, en un aeropuerto de mala muerte comiendo “Whoppers” mientras esperaba que mi avión llegara de las Filipinas. Total, que vi unos enchufes en el restaurante rápido y empecé a cargar las cosas: la cámara, el teléfono, el ordenador…Una mesa pequeña, yo comiendo hamburguesas a las ocho de la mañana mientras mi alrededor parecía una telaraña con todos los cables liados. De película…

Cuando ya había leído la prensa de todos los países del mundo, me dirigí a la puerta de embarque donde, mi vuelo, supuestamente estaba a punto de partir. Y, de prp1040032onto, todo el mundo estaba haciendo fotos: “Debe haber alguien famoso?”- pensaba. Me dirigí donde se encontraba el meollo y, frente a mí, estaba estacionado un Airbus A380 (el avión más grande del mundo) de la compañía Quantas. “Dios mío, vaya bestia” – iba murmurando con la cámara de fotos en la mano.

Mi avión que iba a Sydney no era tan grande pero era exageradamente enorme para hacer un vuelo doméstico. “Señoras y señores, el avión procedente de Manila con parada técnica en Melbourne va aterrizar en la terminal internacional de Sydney” – decía un hombre por megáfono. Lo que me faltaba, ahora ya entendía por qué el vuelo era tan barato: tengo que llegar a la terminal internacional de Sydney y pasar por inmigración y cuarentena, otra vez. “Qué paciencia de día” – iba pensando mientras cruzaba los pasillos del aeropuerto.

La cosa no fue tan horrible porque, gracias a dios, los empleados ya sabían que mi vuelo procedía de Melbourne y no me miraron ni la cara.p1040034

Salí a la terminal y Aaron me estaba esperando en uno de los asientos para los familiares y amigos. “Aaron!!!!” – grité desde la puerta de salida. Y, sí, al final sólo habían pasado unos días desde nuestra despedida. “Venga Marc, que nos vamos a Wallacia” – me dijo con sonrisa pícara.

Realmente tenía ganas de volver a Wallacia para pasar un par de días.p1040037 Supongo que ya me había acostumbrado a la vida rural que llevan por ahí arriba y me apetecía ver el rancho, el bar del pueblo con el “Kino”, las cenas a las seis de la tarde.

Y sí, nada había cambiado: los caballos, las vacas, los paisajes verdes, la familia de Aaron…Entré a la casa, todo el mundo me abrazó y, Kerry, con las manoplas en las manos, me comentó al oído: – “Hoy hay cena de bienvenida”.

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Sí, es domingo

marzo 29, 2009

melbourne3Si hay un día en la semana que, sin lugar a dudas, detesto, ese día es el domingo. El aburrimiento, las caras largas, el “nada qué hacer” y las actividades, especialmente programadas para ese día, son aburridas y me entristecen. Nunca he podido soportar el séptimo día de la semana y, conforme éste avanza, el DLM (Depresión Lunes por la Mañana) es una realidad más y más obvia. Desde Nueva York a Paris, desde Nueva Delhi a Tokyo, los domingos siempre han sido, eso, domingos. Especialmente los soleados son los más odiados y, encima, si cambian la hora…ya ni te cuento!. Cines, teatros, bares baratos, parques llenos de una humanidad perdida en un día, que tiene hasta un nombre feo: domingo.

Y, en Melbourne, el día no tiene porque ser diferente. Raphael me despertó sobre las 11 de la mañana porque, con sus amigos, siempre se reúnen este día para hacer un “Brunch” en un cafetería que, por supuesto, está en la otra punta de la ciudad. Tomamos un tranvía lleno de chándales y bolsas oculares para trasladarnos a la zona de Parrah, un barrio un poco bohemio, al sur de la ciudad.

n218100438_30398974_8392Llegamos a una tasca de madera llena de personas con gafas de sol y, una vez dentro, esperamos a que sus amigos llegaran. En primer lugar, llegó Steven, un joven de Singapur que hacía tiempo que vivía en Australia. Más tarde, una chica vietnamita y su novio de Melbourne también se aposentaron en la mesa y luego, al cabo de unos minutos, un joven de aspecto hindú también se acomodó con nosotros. “¿Ya estamos todos?” – dijo Raphael. Y, en ese momento, todo el mundo empezó a pedir platos sin mirar la carta. Al parecer, cada domingo del año, este grupo de gente se junta en el mismo bar y están ya tan acostumbrados, que se saben hasta el número de patatas fritas biológicas que ponen en las raciones. La camarera, harta de su propio ímpetu, llenó la mesa de platos naturales, ensaladas con rúcula, “frucos” para fitness, comidas con vegetales crudos, fruta pelada. Yo, en la otra punta de la mesa pensando: “¿Cómo os vais a comer toda esta basura natural, hijos del tofu!?” Encima, como no sabía lo que eran los platos, pues gb full pageyo me pedí una hamburguesa con salsa de ricino y patatas refritas. Cuando llegó mi plato de obeso, la gente hizo un pequeño movimiento de cabeza para observar todo la insalubridad que me había pedido. “Tiene buena pinta” – dijo la chica de Vietnam frente a un plato de yogur con muesli y, sin preguntar, empezó a coger patatas fritas. “Ay, yo también quiero unas patatas fritas” – dijo Raphael…Y, al final, la mesa fitness empezó a retomar un rumbo más ranchero. Personalmente, yo creo que se juntan cada fin de semana para demostrar quién es el más sano de todos y, cuando llegan a su casa, se hinchan a ganchitos y a platos preparados congelados.

melbourne_botanic_garden_600xSalimos de la tasca con un objetivo unánime: me tenían que enseñar el jardín botánico de Melbourne :S. Tomamos una calle muy estrecha y, en pocos minutos, llegábamos a los pulmones de la ciudad. Al lado del parque estaba el circuito de Fórmula 1 y, entre el ruido de los coches, los acentos chinos de Raphael y sus amigos, más el viento, hacía que sólo entendiera el 30% de las conversaciones. Sin embargo y, por primera vez en mi vida, estuve muy a gusto observando la flora que escondía ese parque: lagos salados, panales de abejas, plantas paradisíacas… La visita terminó en una pequeña siesta popular, en una de las orillas del lago mientras los últimos rayos de sol se reflejaban en el agua.

- “Por qué no vamos al cine?” – dijo Raphael. Salimos del jardín botánico yduplicity-posterespa1 nos dirigimos a un centro comercial, cerca del restaurante donde habíamos hecho el “brunch”. Como no sabía qué película ver, dejé que los demás decidieran y, al final, vimos un film de Julia Roberts, que se llama “Duplicity”. Bastante entretenida, la verdad.

Los domingos en Melbourne no varían mucho pero, al menos, he estado con gente local y he explorado cómo los melbourneses viven este día. Tanto hablar mal y, al final, me sumerjo en el tópico dominical.

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Los doce apóstoles

marzo 28, 2009

El despertador sonó y, mientras mi cuerpo se lavaba los dientes, mi alma aún12apos estaba letárgica. Raphael y yo salimos a primera de la hora de la mañana con un sol más bajo que mi sueldo. Después de esperar un rato en la carretera, tomamos un taxi para que nos llevara al Starbucks de la calle principal, donde el autocar del tour nos estaría esperando para la ruta de los océanos.

El autocar estaba lleno de gente siniestra: una pareja de los barrios periféricos de Adelaida, dos chicas góticas que eran más que amigas, un par de argentinos que olían a insalubridad y, al final de los asientos, un hombre ruso que no pintaba nada en el viaje.

p1030858El conductor del autocar, que también era el guía, no me dejó comprar un café con leche para bautizar mis entrañas y, como consecuencia, me dormí a los dos minutos de subir al automóvil. Zarpamos del centro de la urbe, pasamos túneles y dejamos que la ciudad amaneciera tranquila.

Me desperté de un sobresalto ya que todo el mundo parecía muy revolucionado. –“Qué pasa”? – me preguntaba mientras veía que la gente no paraba de tomar fotos. “Hemos llegado al océano ya, Marc” – me dijo Raphael.

p1030865Ya habíamos llegado al sur de Australia y las vistas del océano y de las montañas de alrededor era verdaderamente espectaculares. Estuve un rato pensando cómo se llama el océano que se encuentra entre el sur de Australia y la Antártica: ¿Mar Antártico?, ¿South Sea? Si alguien lo sabe que me lo diga, por favor…

El terreno era tan virgen y espectacular que parecía que estuviéramos en elp1030894 paraíso. Las plantas y los animales aún eran dueños de esas tierras e, incluso en las carreteras, el límite de velocidad era de 30 km/h para la protección del hábitat. Hicimos algunas paradas con el autocar y, cuando bajaba y veía las vistas, me sentía muy afortunado de estar ahí y poder ver esa realidad con mis propios ojos.

p1030903Paramos en Princetown, el pueblo más grande de la comarca y, ahí, el guía nos comentó que la población está desesperada con la cantidad de koalas que habitan en la zona. Vas andando tranquilamente por la calle y, entre las ramas dep1030885 los árboles, hay cientos de estos mamíferos tan peculiares. El gobierno de Australia tiene que repoblar las zonas de eucaliptos porque, hay tantos koalas, que los árboles se quedan sin hojas.

Ver este animal en estas circunstancias me hizo mucha ilusión porque, cuando llegué a Australia, no sabía que eran animales salvajes y pensaba que sólo los vería en el zoo.

En fin…observamos a los “hijos del eucalipto” y, al cabo de unos volantazos de autocar, llegamos al parque natural de los Doce Apóstoles. ¿Por qué se llama “Doce Apóstoles”? Porque son formaciones rocosas que están en las orillas de las playas y, hasta hace unos años, había doce. Con el tiempo y la erosión, algunas de estas gigantescas rocas han cedido y, ahora, solamente quedan ocho. Y no tengo palabras para describir lo que pude ver ese día: rocas gigantescas en forma de bahía con unas erosiones y unos acantilados impresionantes.

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La belleza natural era tan extraordinaria que salimos descompuestos del parque natural. Subimos, otra vez, al autocar y fuimos haciendo ruta para volver a Melbourne. A medio camino, cuando todo el mundo estaba durmiendo, el conductor nos avisó que estábamos pasando uno de los incendios de Victoria, que aún seguía activo. Las fotos de a continuación no tienen nada que ver con un atardecer, eran las cuatro de la tarde:

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Llegamos muy tarde a Melbourne pero aún teníamos fuerzas para ir a la fiesta de cumpleaños de Guy, el chico que junto a Raphael, había conocido en la fiesta china del miércoles. Me cambié las “bambas” y me puse zapatos, la sudadera pasó a ser camisa y, el ambiente natural del día, se convirtió en una fiesta de luces y música. Todo el mundo estaba ahí: Raphael, Ghoa, Maria, Chan…

¡Qué gran día!

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Como en casa

marzo 27, 2009

melbourne3Hacía días que no dormía tan bien. Era ya de día y el olor de té verde inundaba la casa de Raphael y Chan.

Acabé de guardar mis enseres y me senté en la mesa del comedor donde los asiáticos estaban leyendo la prensa del día. “Podríamos ir a dar una vuelta hoy” – dijo Raphael. “¿Has estado en el mercado de Melbourne?” –“No, nunca” – le contesté. Y me estuvo contando que el mercado estaba construido encima de un cementerio y, conforme iban ampliando las paradas de comida, iban sacando tumbas, sarcófagos y los tiraban al río. “Ah…interesante” – pensaba.

p1030807Salimos de la casa y el día era muy soleado. Tomamos el tranvía hasta el centro de la ciudad y, después de andar por avenidas y calles, llegamos a un mercado cubierto muy grande. En la entrada había como un collage con cerdos, vacas y animales de granja que me encantó.

Sí, el mercado era una pasada y tenía un toque europeo clásico muy p1030809 logrado: paraditas de cerámica, comida internacional y calidad extrema. El ambiente también era muy agradable y, parecía que todo el mundo que paseaba por ahí, estaba de buen humor y contento. Rematé la faena con un Hot Dog mientras Raphael comía comida china (sólo come chino) y se iba a trabajar.

Por la tarde, aprovechando que estaba solo, me fui a tomar unos cafés, compré unas guías de viaje (para situarme un poco más) y reservé un tour para el día siguiente. Chan, el compañero de piso de Raphael, me comentó que, en el sur del estado de Victoria, hay una ruta de océanos y de formaciones rocosas impresionantes. Y claro, como había estado varios días en Melbourne, decidí hacer una visita a la naturaleza.

Llegué de nuevo a casa de los chicos, tomé una siesta merecida y, por la noche, estuve haciendo gestiones viajeras en Internet. De repente, la puerta principal de la casa se abrió y entró Chan con un amigo suyo. –¡”Marc, hemos comprado vino”! – dijo muy sonriente.

Los tres nos sentamos en la mesa del comedor, pusimos música y atenuamos la luz para hacer que el vino fluyera con encanto. Y ese encanto no duró demasiado porque teníamos que levantarnos a las 6 de la madrugada para irnos de excursión. ¡Qué guay, eso de hacer excursiones…casi lo echaba de menos!

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