Archivos de la categoría ‘Queensland’

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Tú a Sydney y yo a Melbourne

marzo 23, 2009

melb11Hoy ha sido un día un poco difícil, no os lo voy a negar. Parece ser que todo toma otro rumbo y con los cambios, igual que con la coliflor, no me llevo bastante bien. Y, bueno…vais a pensar…pero si todo el día estás cambiando de ciudades y de países. Es cierto, pero cuando hablo de cambios, no hablo de alteraciones en el espacio, sinó en la rutina. Al cabo de tres meses, Aaron deja de viajar y se va a su casa de Sydney. Ahí tiene a su familia, su trabajo y es lógico que quiera plantearse su vida en su entorno más cercano. Yo, sin embargo, sigo rumbo hacia Melbourne, capital del estado de Victoria. He decidido ir por dos razones: estoy tramitando un visado en Australia y necesito hacer papeleo y, en segundo lugar, este fin de semana toma lugar el “Grand Prix” de Fórmula 1 en la ciudad. Hacia Melbourne, vale?! Venga…

Aún estaba saliendo el sol cuando nos hemos despertado en la habitación en la que sólo había la cama. Y, lo mismo de siempre: preparación de equipajes, duchas de agua helada y prisas para llegar al aeropuerto. “How could be ended up this way?” – me preguntaba escuchando una canción de Chicago. Tomamos el tren express desde la estación central de Brisbane y, a ritmo de Sambuca, nos fuimos al aeropuerto.

Y, una vez ahí, me miré los brazos y…”Qué es eso?” – me preguntaba. Una erupción cutánea por todo el cuerpo salía de las entrañas de mi piel cual setas en octubre. Los brazos, la cara, las piernas parecían un volcán en erupción…”Mira, debe ser del cerdo que comí ayer por la noche, quizá era triquinósico” – pensé con estupefacción.

El aeropuerto de Brisbane, que es más feo que mi páncreas, estaba repleto de gente a esa hora de la mañana. Niños, escolares, mochileros y nosotros, faltos de dinero, nos dirigimos a embarcar a un avión que olía a mi clase de secundaria, después de una clase chunga de matemáticas.

p1030756“Pero has visto que teles, Aaron?…Pensaba que nunca me pasaría a mí, pero volando con Virgin, todo puede pasar: el avión tenía teles pequeñas en los asientos de delante con todos los canales del universo. De la emoción, tomé una botellita de Coca Cola Zero y, la azafata, que era rapera, me dijo: “Toma, has entrado en el sorteo para un viaje con Virgin Gallactic…para pasar un día en la luna con otra persona…” . Y yo, sentado en el asiento y mirando al infinito pensé: “Te imaginas”…

Un día en la luna

“Mark Highville, Mr. Mark Highville” – decía la azafata abriéndo la palma suspaceshiptwo mano mostrando un billete azul oscuro. “Le acaba de tocar de tocar el viaje con Virgin’s Gallaxy” – decía con la voz gritando y con los ojos abiertos. Y, yo, ¿”como??…no entiendo nada”. “Que se va a la Luna, que le ha tocado el sorteo” – me repitió la jóven con cara de incredulidad.

No me creía lo que estaba pasando. Me acaba de tocar un viaje a Luna y no reaccionaba de ningún modo. La azafata, acompañada de dos chicos con gorra y vestidos de rojo, abrieron las puertas del avión y me acompañaron a una puerta, al lado de un cajero automático del aeropuerto. La abrí, y en su interior había una sala con sillas blancas y, al final de la habitación, otra puerta. Y yo, con cara de no saber nada, me senté en una de las sillas de esa especie de sala de espera de hospital.

De repente, la otra puerta se abrió y, ante mí, había un especie de avión, con formas redondeadas. Ay…paro, que aún os lo vais a creer. :)

………………………………………………………………….

p1030757“Vamos a aterrizar en Sydney- decía la voz de la tripulanta.
Nos bajamos del avión y acompañé a Aaron a la salida del aeropuerto: – “ya nos volveremos a ver en cualquier punto del mundo, en algún momento de nuestras vidas” y, ahí mismo, nos despedimos.
Tomé mi maleta, me puse los auriculares y…”¡palante!”. Echaba de menos estar  solo, no os lo niego, pero ahora faltaba una cosa: cruzar medio mundo más y ahora sería yo, y sólo yo, quien tomaría todas las decisiones y quien me sacaría las castañas del fuego.
Hice el check in de mi vuelo a Melbourne y estuve unas cuantas horas en el aeropuerto de Sydney. Pensaba…sobretodo pensaba en cómo me iba a organizar, qué es lo que quería ver y cómo llegaría a los destinos. No es fácil filtrar una cosa así pero, siempre que he viajado solo, me lo he pasado bien conmigo mismo y he conocido gente muy guay. Ahora, lo único que tenía claro era que me iba a Melbourne, que iría a buscar los papeles del visado y que, al menos, había reservado un hostal donde poder caerme muerto.p1030760
Tomé otro vuelo del Virgin Australia, pero esta vez no pensaba en viajes galácticos…estaba más centrado en La Tierra. Y el vuelo de dos horas se hizo bastante corto, la verdad. Llegué al aeropuerto de Melbourne, tomé mi equipaje y me dirigí a la salida, donde el SkyBus, el autobús que se dirigía al centro, estaba a punto de partir. Las puertas del automóvil se cerraban y yo corriendo con un cigarro en la boca: “wait, please…!!!!”. Me acomodé en un asiento con ventana, me puse música y empecé a morderme las uñas mientras, por la ventana, veía señales de tráfico verdes: “Melbourne 20 km” y una puesta de sol tan naranja que, incluso, te cerraba los ojos. No sé cómo me imaginaba la ciudad. Algunos pajarillos me decían que Sydney era más como Madrid, que Melbourne era más como Barcelona y, normalmente, una gusta más que la otra. Dispuesto a ser totalmente p1030783subjetivo y olvidarme de los comentarios ajenos, blanqueé mi mente y descansé hasta que llegamos al centro de la ciudad. Y, ¡qué sorpresa! : había gente por todos los sitios, tranvías antiguos, iglesias y muchísimos restaurantes repletos de apetito y sonrisas. “Esta ciudad es muy europea, pensé”, y me bajé del autobús en marcha…
Al lado del parlamento de Victoria, el estado cuya capital es Melbourne, estaba al lado de mi hostal. Crucé una calle muy ancha, me puse una sudadera porque hacía mucho fresco y me planté delante de la entrada del City Center Budget Hotel, que estaba en Little Collins Street. Subí unas escaleras y un olor especial me vino a la mente: “huele a Alemania, pero no a Berlín”.
Un señor que no me daba buena espina me dio la llave de la habitación número 30 y, después de cruzar varios pasillos enmoquetados, abrí la puerta y eché la mochila al suelo. “uffffff!”

No sé cuánto tiempo pasé estirado con las piernas colgando de la cama y conp1030785 la tele puesta. La habitación era modesta pero eficaz: tele, internet y cama. Finalmente, decidí tomarme una ducha caliente, la cual fue interrumpida porque algún fanático del medio ambiente llamaba sin cesar a la puerta.
Me puse de gala como Charlie Chaplin: tomé el parche, la chistera y el bastón y me fui a dar una vuelta por la capital de Victoria.
Mientras andaba, iba pensando: “ole, qué  ciudad!”. La gente iba muy informal, los restaurantes estaban todavía abiertos y llenos de gente, las luces de los tranvías se reflejaban en las iglesias y, conforme ibas andando, te encontrabas con multitud de gente que salía de los teatros. Al cabo de un rato observé una calle muy ancha que parecía animada. Fui bajándola y, a lo lejos, se podía intuir la presencia del río. Llegué hasta allí y me metí en un p1030789restaurante chino, pero rústico y elegante. “¿Cuánta persona?” – me preguntó una joven albina. “Mi mochila y yo” – le contesté, pero, al parecer, mi comentario no le hizo mucha gracia. Me sentaron en una mesa con unos manteles blancos, pedí una botella de “Sauvignon Blanc” y me entretuve degustando unos noodles con champiñones. Y nada tú: una botella de vino, un periódico y un manjar me daban la entrada a Melbourne que, por lo que ya había visto, me causó muy buena impresión.
Mi hígado y yo estábamos agotados y, siguiendo las calles por las que había venido, me dirigí a mi hostal, a la habitación número 30, donde mi almohada esperaba una sinopsis del día.

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Hedor a naturaleza

marzo 22, 2009

Una cosa estaba clara: llovió toda la noche. Cada vez que había un rayo, las muñecas de porcelana de la abuela de Aaron se iluminaban de unabris1 forma diabólica. Dormí bastante bien esa noche y, como cada amanecer, un café instantáneo se convertía en el rey de las mañanas, como Maria Teresa Campos, pero en café.

Ya con ritmo, los octogenarios nos acompañaron a la estación de tren de Caloundra donde se produjo una de las despedidas más tristes que he visto en mi vida. Y cuando digo tristes, no me refiero a emotivas, sinó a frías. -”Ya nos veremos” – dijeron los abuelos de Aaron. Y cerraron la puerta del coche. Llegamos a la estación, compramos los billetes de tren para Brisbane y esperamos a que la locomotora llegara. Y… chum chum, cham cham, llegamos a Brisbane, capital de Queensland. ¡¿Y qué os puedo decir de la primera impresión?! Pues tenía la sensación de estar en “Sydney en miniatura”, pero bueno…aún tenía que ver.

p1030714Sin mucho entusiasmo y con mucha sed, llegamos a un pequeño hostal que habíamos reservado en el corazón de la ciudad. Era un edificio bastante viejo, negro, con paredes muy altas y escaleras de madera. Nuestra habitación sólo tenía un par de camas y nada más: ni enchufes, ni un espejo, ni cuadros, ni nada que no fuera cuadriculado. Sólo dos camas.

Salimos del hostal y decidimos ir a hacer un poco más de turismo por Brisbane. Era sábado por la mañana, las calles comerciales estaban llenas de humanos y había mucha música por la calle, conciertos al aire libre y, la mezcla del sol con el sonido de los pájaros, te envolvía en un ambiente más primaveral que veraniego. La ciudad es bastante cuadriculada: las calles horizontales tienen nombrep1030717 de reyes ingleses yaustraliap51c-5dollars-1997-donatedhr_f las verticales, de reinas (así no había pérdida). Hablando de reyes ingleses. Estoy harto del amor que los australianos tienen a Gran Bretaña. Vale, son parte del Commonwealth, pero una cosa no quita la otra. La reina de Inglatera está por todos los sitios: en los billetes, en las monedas, por la calle… y aún se creen que Londres es la “capital de Europa” y el centro de atención del universo. ¡Qué equivocados están!, pero no seré yo quien proclame la República Australiana, o si?

Pues sí…Brisbane está chulo: un puerto muy grande, edificios coloniales, calles comerciales y mucho turismo surfero. Hay una iglesia francesap1030738 acabada de construir, una catedral que está considerada como la más bonita del hemisferio sur y varios parques que tiñen de verde el paisaje. Todo es verde, huele a musgo y parece la ciudad ideal…Sólo faltaban que vinieran animalitos del bosque a darnos la bienvenida.

Comimos unas patatas a la luz del sol y, más tarde, fuimos a descansar porque llevábamos horas andando. Dormidos, tranquilizados y aseados, nos dirigimos a un restaurante asiático y, al anochecer, fuimos a tomarnos unos Long Islands en un bar. Y en una de mis escapadas a la barra, me pareció ver una cara familiar. Resulta, que hace un par de años, en un pub de Barcelona conocí a un chico australiano que visitaba la Ciudad Condal. Y, al parecer, ese chico estaba en el mismo bar en Brisbane. Y, cuando él se puso de espaldas, p1030752aproveché y grité: – “Maaaattttt!!!!!”. El chico se giró y, al principio no me reconocía pero, al cabo de un minuto, se puso las manos en la cabeza. -”No puedo creer que estés aquí, Mark Highville!!” – me dijo con la boca abierta. Sus amigos, Aarongo y yo nos sentamos en unas mesas de madera (desteñidas del alcohol, como a mí me gustan) y, entre sorbo y sorbo, nos íbamos contando batallitas mientras la traidora noche iba pasando. Ay que ver la vida, eh!! :)

Bueno, y así pasamos las jornadas en Brisbane: paseos, tranquilidad, observación, bares…

Mañana hay novedades importantes: Aaron se marcha a Sydney…pero yo no! Empiezo mi viaje solo….

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Tormenta Barramundi

marzo 20, 2009

caloundSi hay una palabra que no paro de escuchar cada día, esa es “barramundi”. Se ve que hay un pescado muy típico en la región de la Golden Coast de Australia que tiene estebarramundi1 nombre. Está por las calles, los menús de los restaurantes, nombre de combinados…

Hoy nos hemos ido de la casa de los tíos de Aaron. Hemos pasado unos días de dejadez total: cervezas, billares, barbacoas y relajación australiana…Sin embargo, Kerry pensó en reservar un resort veraniego para pasar tres días en las playas de la Gold Coast. Tomamos las riendas y nos fuimos desplazando hacia el sur de Queensland hasta llegar a una zona muy conocida en la región: “Harvey Bay”. Estas playas están delante de Fraser Island, la isla de arena más grande del mundop1030656 y todo está bañando por arrecifes de coral. Llegamos a una especie de residencia de verano para octogenarios, llena de casas bajas y nos alojamos en una de ellas. La casa estaba bien, no os digo que no: un comedor muy grande con sofás de piel, una cocina con barra americana y unasp1030657 habitaciones con el olor típico a cerrado y a humedad, producto de la estacionalidad. El exterior merecía la pena porque tenía un jardín enorme y, delante de nosotros, estaba la playa con sus olas y Frasier Island con sus faros. Suena guay, no? Pues NO! Estuvimos perreando en la piscina la mayor parte del día y nos dimos cuenta de una cosa: la cola del ciclón aún estaba ahí. Imaginaos estar en un resort, con playas paradisíacas y nubes, no negras… de color azabache, al cabo de tres horas de llegar! Total: ¿qué podemos hacer estos días? – me preguntaba mirándome los pies. Pues nos levantábamos, comíamos huevos, íbamos a la piscina (a nadar con la lluvia) y, al mediodía, íbamos al pub del resort con millones de ancianos bailando canciones rancheras tipo Lucky Luke… Nos tomábamos cervezas, apostábamos al p1030677KENO y, mientras, observábamos a los abuelos y sus bailes regionales. Mirábamos el precio de los barcos, cenábamos, tragaperras, cubatas, tele y, en el exterior, tormentas, aire y lluvia… De verdad, era para morirse… Así que, durante las madrugadas, me escapaba y me iba a bañar en las oscuras playas denightchatham-2 Queensland. Cuando no perdía la ropa, la marea me empujaba dentro del agua y el nivel de iluminación era cero; tenía la sensación que había pescados gigantes en las aguas y éstas tomaban como un color que parecía petróleo. Sí, daba miedo… Pasamos dos noches en Harvey Beach pero, cuando me fui, parecía que hubieran pasado dos semanas. Parece una atrocidad que diga que las playas me aburren cuando no hay sol pero, entonces ¿por qué los resorts cierran en invierno? Pues alguna relación habrá, ¿no?  En fin…que tuvimos que comprar otra maleta para colocar toda la comida que los padres de Aaron habían comprado para tres días. Limpiamos la casa de nuestros residuos humanos y tomamos el coche con los abuelos de Aaron para trasladarnos a su casa y pasar la noche (yo ya me moría).

Los abuelos viven a unos 250 km al sur de Harvey Beach, en una ciudad llamada Caloundra. El día era más negro que nunca y en las noticias decían que se anunciaban fuertes lluvias y vendavales huracanados. –“Es que es época de ciclones, hijo” – me decía la abuela de Aaron mirándome por el retrovisor del coche. –“Ya, ya lo sé señora, ya he podido darme cuenta” – le contestaba sonriendo. Bajamos la región con el coche; observamos losp1030682 campos de azúcar de caña, famosos en Queensland; pasamos por la zona de koalas y, entre charlas y marchas, llegamos a Caloundra. Entramos en una urbanización para pensionistas. ¿Os acordáis que os lo mencioné, que había pueblos para gente mayor? Pues este pueblo era así…y, en lo alto de una colina, había una casa de madera blanca con un porche: era la casa de los abuelos de Aaron. Entramos en una casa recargada de fotos y tapetes con gatos por doquier. Nos acomodamos y bebimos té durante unas horas. Aaron y yo, decididos a encontrar un poco de diversión fuera de las tazas, fuimos al pueblo para ver las playas. “No vayáis, no vayáis, ¡¡¡que viene una tormenta muy fuerte!!!” – decía la abuela cerrando los ojos. “Pues mira, si llueve entramos a un Starbucks o algo” – pensaba yo con mi extrema lucidez. Y nos fuimos al pueblo. Había un camino de baldosas amarillas y las fuimos siguiendo hasta encontrar un espantapájaros encontrarnos con una playa estupenda. Pero, a lo lejos, lo que se veía era impresionante. Desde el mar, p1030706una serie de nubes negras amenazadoras iban llegando a la costa. Realmente se nos desfiguró la cara al ver esa fiesta de colores en el cielo. La genteniba abandonando las playas a toda prisa, los pescadores amarraban los barcos y, yo, miré hacia las nubes y pensé: “Aún tengo tiempo para un baño rápido antes de que llegue la bicha”. Fui corriendo hacia el agua y estuve nadando hacia dentro unos dos minutos, pero un “vigilante de la playa” me llamaba la atención. “Get out…get out!!!” – me decía p10307081gritando desde la orilla. Y, en ese momento, el cielo se tapó del todo y, cada gota…escuchadme bien que esto es muy fuerte: cada gota que caía del cielo era del tamaño de un globo de agua de peseta. El agua empezó a caer fuerte y me azotaba en la cabeza a cada paso que daba; los aires huracanados te impedían el paso y las olas habían tomado tamaños tsunámicos. Yo, en calzoncillos, andando por la arena de la playa y buscando un sitio para regocijarme hasta que, al final, me metí en unos lavabos públicos. El ruido del agua era tan fuerte al caer que era imposible oir nada más que “shhhhhhh” y, bueno, al menos estaba en el lavabo, donde aproveché para cambiarme de ropa y, a esperar…esperar a vivir, esperar a morir… El silencio, después de la tormenta, se vio interrumpido con un “wow!!!!!” que resonó por toda la playa, de alguien que, posiblemente, había observado todo el espectáculo natural. Salí de mi refugio y me fui a reunir con el viejo Aaron que estaba en una heladería del puerto.

Fuimos a tomarnos un café para quitarnos el frío que nos había entrado con tanta humedad y, sobre las cinco de la tarde, regresamos a casa de los abuelos porque la cena estaría a punto de servirse. Pero, a medio camino, otra tormenta del mismo calibre que la anterior nos sorprendió. Estábamos andando por las cunetas de la carretera y, esta vez, os aseguro que no hubo nada que hacer. Quedamos tan empapados que, cuando la abuela de Aaron nos vio entrar a la casa, se puso a llorar. En fin…todo se vio aliviado con un buen filete a la brasa y vegetales varios. Ya tenía mi cama preparada y, al día siguiente, nos teníamos que despertar pronto: íbamos a tomar el tren para ir a Brisbane, la capital de Queensland.

Se duerme tan bien con el sonido de las tormentas…

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Aussie Hogar

marzo 16, 2009

A ver, he pasado muchos días ya en Australia. He tenido la oportunidad deturk1 estar en cinco casas diferentes: Aaron, sus abuelos (2) , sus tíos (4) y diferentes propiedades de sus amigos. He observado mucho y he llegado a la conclusión que la vida que tienen, en general ,es muy diferente a la mía pero, jústamente en la casa, es donde se pueden ver esas diferencias. Pongo las 20 primeras que se me ocurren. ¿Empezamos?

site1. Todas las puertas tienen otra puertecilla secundaria, un poco más fina y con reja, para los mosquitos.

2. El retrete, es decir, el wáter, siempre está en otra habitacion. Nunca junto la bañera y el lavabo.

3. En la ducha no existen las esponjas, sinó que hay toallas mojadas por si quieres exfoliarte.

4. Todas las casas tienen barbacoa y la utilizan diariamente.

5. El azúcar siempre es de caña, nunca blanco.

6. Consumen pan de molde y bollos blandos. Nunca pan de baguette u otro estilo. Lo suelen acompañar con mantequilla antes de cualquier comida.

7. El café es siempre instantáneo, nunca hecho con cafetera. Hierven agua, un poco de leche y agua ardiente.

8. La cena es la comida más importante del día, el almuerzo se basa en unp1030601 sándwich ,y el desayuno consiste en bacon, huevos, salchichas de ternera y champiñones a la barbacoa.

9. Los horarios de la vida van 4 horas antes de como yo estoy acostumbrado. Se levantan a las 5, comen a las 11 y cenan a las 17.30 – 18.00. Se acuestan a las 21.00 – 22.00 :S

10. Los platos nunca se enjuagan. Con todo el jabón encima de los platos y los cubiertos, se secan con una toalla y al armario.

11. No se pone ni sal ni pimienta cuando se preparan las comidas. El salero se pone junto a las salsas, en el centro de la mesa para, más tarde, servirse.

12. Las servilletas no existen o no las utilizan.

13. La tele no tiene demasiados canales, al contrario de Estados Unidos. Con 5 ó 6 ya pasan.

14. Siempre fuman en el exterior de las casas, nunca dentro.

15. Todos los platos tienen salsas. Es imposible o sorprendente comerte un trozo de carne o de pollo sin nada de salsa, sobretodo el “gravy”. Todo lo que no lleva salsa, es frito.

med_enchufe16. Todos los enchufes tienen un botón al lado para activarlos. Si no lo presionas, nada funciona.

17. Casi todas las casas funcionan con depósito de agua, nunca con agua corriente.

18.Muchas propiedades tienen moqueta en el interior, incluso en el baño.

19. Los desechos orgánicos (pan, pieles, frutas…) siempre va a los gallos, otro método de reciclaje.

20. Cuando no comen en casa, la gente va al pub. Estos “clubes sociales”41980877aditravelsimg_4603_a tienen restaurantes económicos, máquinas tragaperras, bebidas y apuestas y loterías en directo. Son muy comunes.

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