Archivos de la categoría ‘Salt Lake City’

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Gracias Salt Lake, gracias Merlín

abril 20, 2009

slc2Tuve un despertar despectivo: arrascándome las piernas y tomando agua a granel. –“Que Dios bendiga el tequila y mi santidad” – decía recuperando unas fuerzas cada vez más perdidas. Merlín, al ver semejante comportamiento, decidió llevarme a hacer las últimas visitar por Salt Lake City.

Tomamos el coche de buenas maneras y, poco a poco, fuimos al centro de la p1050165ciudad: pasamos por los templos mormones y acabamos en el capitolio del estado de Utah (me gusta más que el de Washington). Estuvimos unas horas observando la belleza del edificio y tomamos algunas fotos alabando a la bandera de los Estados Unidos de América. Me siento tan bien en este país: la gente, la vida, los coches, las marcas…es como vivir en una película constantemente y, como soy muy peliculero, pues me siento el protagonista de una historia increíble.

p1050159Fuimos por las autopistas hablando del volcán de Yellowstone y de su erupción inminente. Dicen que será en el 2012 y lo único que quedará en el mundo serán cenizas: las de La Tierra y las nuestras, claro. Suerte que Merlín se ha comprado una casa en una zona que, estadísticamente, tiene más de seis pies y las cenizas no cubrirán su propiedad. No sé si la capa negra llegará a Barcelona pero, en cualquier caso, si todo revienta espero estar comiendo “esqueixadas de bacalao” con mis abuelos, mis tíos , mis primos y mi santa madre.(Vale, y Sebo…)

p1050117Estábamos tranquilamente hablando de temas volcánicos, cenizas, lavas y demás cuando miré a mano izquierda: “Café Harman”. –“Merlín, no puede ser lo que estoy viendo a través de las ventanas” – me decía con los ojos sobrepuestos. Yo, que he sido toda la vida muy corporativo, siempre me he fijado en marcas, empresas, logos y bancarrotas. –“Pero si es el primer Kentucky Fried Chicken del mundo”- me decía con los ojos fueras de órbita. Merlín, acostumbrado a su vida americana no le daba demasiada importancia. –“Hombre, si quieres paramos Marc”. –“Claro, por favor…para” – le decía casi saliendo del coche en marcha.

p1050116He estado en tantos Kentuckys este viaje que lo que pasaba en ese instante podría a equipararlo a un católico que va cada domingo a misa y, de golpe y porrazo, se encuentra en el Vaticano. Eso era, delante de mí estaba la santa sede del pollo, la primera reliquia del Fast Food. Bajamos del coche, nos hicimos la foto con la vieja estatua del coronel, su socio y entramos en el restaurante-museo donde p1050126empecé a tomar fotos como un demente. No sé cómo describir ese momento: como cuando Winona Ryder daba vueltas con la nieve en Eduardo Manostijeras, cuando Jack Dawson gritaba que era el rey del mundo en Titanic.¡Vaya catarsis de sentimientos perdidos! ¡Vaya exaltación de la fritanga!

Después de tantas emociones mezcladas e idealizadas, Merlín tomó la decisión de ir a comer algo en uno de estos “Diners” americanos que tanto me gustan. p1050101–“Es uno de los más buenos de la ciudad” – decía muy sonriente con la boca abierta.

Salimos del coche, entramos en una especie de fonda con sofás y, al cabo de un rato, pedimos especialidades norteamericanas que engordar, engordan…pero están….

Rápidamente, nuestra mesa se llenó de tortillas de nueve huevos, béicones, panqueques, mantecas, mayonesas y Heinz 51. –“¡Qué se puede pedir p1050106más!”…bendita sea la gula que nos libra de tantos males y a la que debemos tantos bienes – íbamos comentando con nuestras bocas llenas y aceitosas. ¡Qué buenas charlas tuvimos en ese restaurante! ¡Qué buen momento pasamos y cuántos temas acumulados que parecían que nunca se acababan! ¡Qué buena vida!

Salimos con los estómagos rebosando de alegría y, como no podíamos ni movernos, decidimos volver a casa de Merlín y relajarnos hasta el atardecer. Yo, que no quería creer que mi cámara me había jugado otra mala pasada, me entretuve recuperando fotos que jamás volveré a tener. En fin…

p10502081Por la noche decidimos volver al bar donde nos conocimos el primer día que llegué a Salt Lake City y rematamos la faena en una especie de fiesta que hacen en la ciudad cada domingo. La verdad es que las charlas duraron hasta la madrugada y, como no, adornadas con “Sex on the Beach”, que son unos cócteles que te quitan hasta la pena más grande. La pena que tenía yo, sin embargo, era mi inminente salida de Salt Lake City esa misma noche. No podía creer que esa ciudad me hubiera poder dado tanto buen rollo, tanta diversión y tanta tranquilidad. “Are you Ready to go?” – me dijo Merlín. Yo, que decidí que mi vida no valía, que me inclinaba por sentirme siempre mal, que anticipaba un futuro catastrófico…hoy planificaba, sin lugar a dudas, quedarme más días en la ciudad. –“No, Marc…Tienes que seguir tu itinerario porque eso es parte de tu viaje” – me dijo. –“Es cierto, Merlín…vamos hacia el Amtrak”.

Salimos del bar, pasamos un idilio buscando un restaurante con burritos y, p1050253finalmente, llegamos hacia la estación de tren sobre las 4 de la mañana. Tomé mi maleta y una chaqueta negra de regalo y, al cabo de un rato me subí a un tren oscuro que, probablemente, me llevaría a otro de los destinos para seguir mis aventuras.

p1050254Con las luces apagadas, con un paisaje nocturno y con una morriña (que no pudo parar ese tren) me fui rumbo a Colorado dejando atrás una ciudad increíble y unas personas muy buenas que me dieron la oportunidad de involucrarme en sus vidas. “Thank you. Thank you so much”.

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Rutahs

abril 19, 2009

No podía creer que fuese la 1 del mediodía y mis uñas aún siguieran en laslc1 cama. –“Madre mía, no podré ni ver el lago” – iba pensando con preocupación.

Me tomé una ducha muy fresca, me puse un suéter y salí del horrendo hostal para dirigirme al centro de la ciudad. Hoy hacía mucho sol pero también hacía bastante fresco. Pasé por unos parques y acabé en una calle larga que parecía la calle principal de la ciudad (Main Street). Una vez ahí, me fijé en un pequeño merendero donde vendían comida asiática y, en medio de la calle, me quedé yo con una caja de fideos chinos y setas. Aún tenía fideos en la boca cuando me acerqué a una cabina de teléfono para llamar a Merlín. “Hola, Merlín…soy Marc” – le dije casi con la boca llena. “Si quieres quedamos en el Starbucks Coffee y nos vamos a dar una vuelta todo el día” – me dijo Merlin. “Perfecto” – te espero ahí, le dije yo.

Un café era el único elemento que me estaba haciendo compañía en ese momento. Si a eso le sumo las vistas de la ciudad y la gente que iba entrando a la cafetería constantemente, os diré que Salt Lake City me hacía sentir muy a gusto y tranquilo.

Cuando casi me estaba durmiendo de la tranquilidad interior que tenía, la puerta del Starbucks se abrió y Merlín entraba decididamente: -“Estoy aquí” – le dije subiendo la mano.

p1040918Los dos nos fuimos hacia su coche y, cuando estábamos dentro, el hondureño decidió llevarme al lago de sal, que está a unos 5km de la ciudad. Dejamos la ciudad y nos metimos en las grandes autopistas típicas de América. “Por qué no me enseñas la música que se escucha en tu país?”- me comentó Merlin. Yo, ni corto ni perezoso, no se me ocurre otra cosa que ponerle todos los “Máquinap1040867 Totales” y el “Chasis” que guardaba en un rincón del iPod. Conduciendo con toda la matraca de fondo era agradable pero no se asociaba demasiado con las vistas del exterior, así que tomamos la decisión de poner canciones tipo “Status Quo” o “Peter Cetera”. Poco a poco se empezó divisar una especie de playa al lado de las montañas: ese era el lago. Conforme nos fuimos aproximando el cúmulo de agua se hacía más y más grande. Es muy fuerte que sea el segundo lago salado del mundo y que no tenga ningún tipo de vida en su interior. Hace millones de años la zona de Utah era mar y, al cerrarse por los movimientos de las fallas volcánicas, este resto de mar se quedó ahí, en forma de lago. El olor que se respira en la zona es muy fuerte y, a veces, aparp1040876ecen como una serie de bacterias que se te suben por las piernas cuando menos te lo esperas. No tuve la suerte de comprobarlo porque no estamos en la estación idónea. Sin embargo, lo que sí probé era el agua porque quería asegurarme que era salado. Y, sí, es salado.

Después de divisar el fabuloso paisaje de la zona, el gran lago y las montañasp1040923 de alrededor llegamos a una urbanización casas bajas y jardines. Acompañé a Merlín a comer algo a su casa y, fue ahí donde conocí a su madre a sus cuatro hijos, especialmente a Briceis.  Yo, mientras, descubrí un karaoke muy original, estuve charlando con la madre de Merlín y me tomé unos vasos de zumos de maracuyá.

p1040933Ahora, ya comidos y servidos, tomamos el coche otra vez para desplazarnos hasta Park City, un bonito pueblo al norte, cerca del estado de Wyoming y sede de muchos de los deportes de invierno de Salt Lake 2002. Cruzamos unos cañones impresionantes mientras estaba oscureciendo y, pasada una hora o así, llegamos a un pueblo de hadas: era pequeño, con olor a leña y con casas de madera y luces anaranjadas por todos los sitios. Las calles estaban repletasp1040968 de establecimientos de madera, pequeños comercios y restaurantes muy originales. Estuvimos haciendo fotos del increíble pueblo, riéndonos y, en un rato volvimos hacia el coche para pasar por la zona olímpica. Merlín, ya cuidado del frío que hace por esos montes, me prestó una chaqueta negra y nos dirigimos a hacer fotos de las infraestructuras deportivas de los Juegos Olímpicos.

p1040946–“Juan, nos vamos para tu casa a tomarnos unas cervezas” – le dijo Merlín a un amigo suyo. Pues sí, fuimos bajando hacia el valle reclutando a los amigos de Merlín para, más tarde, acabar en una fiesta que se hacía en la ciudad. Primero fuimos a la casa mejor decorada que he visto en mi vida: la casa de Juan, después tomamos el coche y fuimos a buscar a Osama y a Carlos, que también vivían en la ciudad de Salt Lake.

Juntos y con ganas de espectáculo y emociones fuimos divisando las vistas de las luces de la ciudad. Ahora, que era de noche, todo parecía muy grande, las montañas no se veían y tenía la impresión que estaba entrando en una ciudad completamente diferente. Era sábado por la noche y había muchas cosas que hacer en la urbe: el bar donde habíamos ido ayer, diferentes fiestas pero, al final, decidieron ir a una fiesta latina que daba lugar en el centro de la ciudad.

p1050055Entramos a una especie de polígono industrial con un escenario al final y muchas mesas con sillas alrededor. Nos pusimos en una mesa al fondo del local y, poco a poco, fueron llegaron más amigosp1050063 de Merlín. Al final, matamos nuestras alegrías con chupitos de buen tequila y salimos hacia my motel para hacer un “early check out”:  – “Marc, vente a dormir con nosotros, no vayas a levantarte a las 10 de la mañana”. Hice mi maleta en ocho minutos y me subí de nuevo al coche.

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La Utah que los vio nacer

abril 18, 2009

slc La decisión de ir a Salt Lake City tengo que remontarla a mi infancia más remota. Siempre me había atraído la Ciudad del Lago de Sal, en un estado perdido al este de los Estados Unidos. De hecho, la primera palabra que aprendí de pequeño fue “Saleisiti”.

Utah es uno de los estados más conservadores de América. El 80% de lautahasquerosos población es mormona y, ellos, los mormones, entre otras cosas no pueden fumar, ni tomar alcohol ni café ni nada que altere el estado de una persona. El tema del alcohol pues también tiene su cosa: para consumir en los bares, el dueño o alguien del bar que sea miembro, te tiene que patrocinar para que tengas la libertad de beber. A todo eso, a partir de la 1 de la madrugada, ningún bar ni ningún club podrá servir más alcohol. ¿Qué pasará?

p1040771Iba yo pensando en estas cosas en el Greyhound y, de repente, el autocar paró en plena noche:- “Tienen 20 minutos” – dijo el conductor gritando. Yo, que no había ni visto el paisaje exterior por la falta de luz, bajé con mi camiseta y con la cartera. –“¿¡Pero qué es esto?!!” – me decía mientras mi organismo se iba congelando por segundos. El exterior estaba completamente blanco, todo nevado y hacía un frío horrible. Corriendo con la camiseta fui hacia unap1040774 especie de tienda de madera pero, cuando entré ahí, lo que había era aún peor: cabezas de alces disecadas, ciervos enteros y descerebrados en la entrada de la tienda y, absolutamente todo, olía como a rancio, como a libro antiguo. ¡Ay, Dios! – acabo de llegar a la América profunda – me dije consternado por el olor. Suerte que me compré un café fresquito que me lo bebí a bordo, mientras esperaba que las ocho horas pasaran de una santa vez. La chica de al lado, que debía tener un problema con el líquido del equilibrio, se iba tumbando hacia mi lado hasta el punto que tuve dos experiencias sensoriales: el pelo que me estaba entrando en la boca y el olor a “Fructis” que inundaba su larga cabellera rubia. -”Al menos, para ser mochilera, no huele a calle” – pensé.

“Salt Lake City…Salt Lake City” – no paraba de gritar el conductor. Yo, con lap1040775 cara pegada a las cortinas, bajé como pude del autocar y tomé la maleta. Estaba muy desconcertado y desconcentrado pero, bueno, ya me había estudiado los mapas de la ciudad y ya sabría por donde ir y cómo moverme.

Eran las siete de la mañana en Salt Lake City, el autocar arrancó para seguir su ruta y, yo me quedé en el medio de la nada: “¡Qué hago yo aquí?” – iba pensando mientras abría la maleta para coger sudaderas y taparme para protegerme del frío del norte.

p1040782Era muy pronto por la mañana y, obviamente, no podía entrar en el hostel hasta las 2 del mediodía. Sin embargo, ya tenía la dirección de todos los Starbucks de la ciudad (aunque pensaba que no habría ninguno por la influencia mormona). Así que, mi maleta y yo llegamos a un centro comercial donde todas las tiendas estaban cerradas. Como estaba literalmente en la calle, tomé la opción de no desesperarme y saqué una tarjeta de teléfono para hablar con familiares y amigos. Una vez tranquilo, pero aún con frío, me dirigí al Starbucks para ver si habían abierto. ¡Sí…estábamos de suerte!. Poco a poco me fui quedando impactado de la gente de Salt Lake City. Acostumbrado a la mezcla racial de los Estados Unidos, me di cuenta que en esta ciudad la gentep1040792 era, básicamente blanca, hasta el punto que sus caras tomaban facciones de batracio…La ciudad se veía bonita con sus casas bajas, un tranvía que cruzaba las calles y, a lo lejos, las montañas nevadas que le dan ese toque tan invernal y señorial. Yo mientras, seguía en la cafetería robando wifi de las tiendas colindantes y tomándome cafés para poder resistir el cansancio que llevaba acumulado. -”¿Tienes un vuelo hoy?” – me dijo la encargada del Starbucks mientras llenaba las máquinas de café. -”No, soy de la vieja Barcelona” – le dije con el café en la mano. -”Qué ilusión! Yo he estado un par de veces en Émiratos Árabes y me encantan” – me dijo esperando una reacción. Y, como no sé si lo decía de coña o no, le contesté: -”Yo he estado en Canadá y también me encanta”. Se quedó con la boca abierta mostrandome la lengua y afirmando con la cabeza. “Creo que la conversación se ha acabado” – iba pensando mientras buscaba una mesa con enchufes.

Sobre la 1 del mediodía me dirigí al hostel que, previamente había reservado.p1040797 Empecé a bajar calles y calles desérticas y, al observar todo mi alrededor, iba pensando: “realmente he llegado a la América desconocida”. Pude observar y observar durante horas porque, Salt Lake City es la única ciudad del mundo donde los botones para que los semáforos se pongan en verde funcionan. Y si no pulsas los p1040798botones, no pasas…y me pasaba minutos y minutos como una estatua por todas las calles de la urbe. Me detuve delante de un accidente de tráfico y, en pocos minutos, una unidad móvil del Canal NBC5 llegaba a toda prisa. “No deben pasar muchas cosas por aquí” – iba pensando con los auriculares puestos.

En la esquina de la calle 800S se podía ver una casa amarilla y azul con rótulos por todos los lados: era mi hostel. Además, como siempre me gusta probar cosas nuevas, pues escogí el único hostal automático del oeste americano. El primer paso era abrir la puerta de entrada de la casa con una contraseña que me habían enviado por Internet. Llego yo con toda la gracia del universo y, como era de esperar, el número que me habían dado no me accionaba la puerta. En eso, que al cabo de un segundo, llega el jardinero de la propiedad y le digo: -“Mire, que tengo reserva aquí pero este código no me funciona”. El hombre se fió de mí y me abrió la puerta con otro código. Una vez dentro de la casa me quedé de piedra: aparecí en medio de un salón con cámaras, una tele, una lavadora y un ordenador en el centro. Tuve que conectar la computadora y, una vez abierto, introducir el número de referencia de mi reserva. Pero, al introducir mi número de registro, me apareció un mensaje atroz: “Su tarjeta de crédito no ha sido aceptada y su reserva ha sido cancelada”. En ese momento, me convertí en ceniza y me caí al sueño en forma de remolino. –“Cómo puede ser que me hayan cancelado la reserva?” – me preguntaba clavándome las uñas cerca del hígado. Total, que busqué un teléfono por la casa pero, desgraciadamente, el aparato tampoco funcionaba. Intenté buscar una conexión a Internet y les envié un e-mail diciéndoles que estaba en su propiedad y que, por favor, se pusieran en contacto conmigo. Al cabo de unos segundos, un teléfono sonaba: -“Marc, soy Richard. Por favor, necesito otro número de tarjeta para poder abonar el precio de la estancia y darte la habitación”. Le di el número de la tarjeta, esta vez real, me conecté otra vez al ordenador y, esta vez, al introducir el código de la reserva me apareció: “Hab. 10, número 2223”. El tema de los códigos todavía no había terminado: después de eso, al lado de la puerta de la habitación había una especie de caja fuerte donde, al marcar el nuevo código,p1040801 se abría y te daba las llaves para la habitación. Al final, tanta tontería y tanta automatización parecía un juego de rol sin salida alguna. Menos mal que había llegado ya a mi cama y, al menos, podía descansar unas cuantas horas hasta el atardecer.

“Tzzz tzzzz tzzz” – hacía la alarma del móvil. –“Mira, me voy a cenar y, si tengo suerte, me tomaré un vino o algo” – pensé al abrir la puerta de la habitación. Salí hacia la ciudad y, poco a poco, fui andando hacia el centro de la misma. Hacía bastante frío y los restaurantes estaban llenísimos de gente applebeescon familias, amigos…Me dirigí al centro comercial donde había estado por la mañana y, entre muchos “Diners”, entré al Applebee’s (que es una cadena tipo Friday’s). Me llené la saciedad con un buen arroz y, al salir del restaurante me fui a tomar un café para decidir qué iba a hacer mi noche de viernes.

Empecé a subir una calle muy oscura hasta que, a mano izquierda, vi una pequeña taberna donde parecía que había alguien y salía luz. –“Vamos a ver qué pasa” – pensé. Yo, cual ciudadano de Utah, entré al bar sin ningún tapujo pero, en el mismo momento que crucé la puerta, vino un señor y me dijo: -“Membership?”, pero yo no tenía ningún tipo de membresía. “No, no tengo, no soy de aquí” – le dije con la cabeza mirando al suelo y moviendo el pie derecho. El hombre señaló a uno de los clientes y me dijo: “este señor te patrocinará durante quince días”. El cliente me miró, asintió con la mirada y firmó al lado de mis datos personales.¡Menos mal!, ya había conseguido lo más importante y, a partir de ahora, todo era soplar y hacer burbujas.

La taberna era de madera, con algún zorro disecado y con la luz un pocop1050196 tenue. La cerveza era la estrella de las bebidas pero también servían whiskeys y cócteles en unas jarras de cristal, típicas donde se suele guardar el azúcar. Estuve hablando con el mesero durante un buen rato y, después salí al exterior donde había vaqueros y gente muy corpulenta fumando. Intercambié algunas palabras con habitantes de la zona y me explicaron que muchas leyes, sobretodo aquéllas relacionadas con el alcohol y su consumo, eran estrictas a causa de la presencia mormona en el gobierno del estado del Utah. Me parecía interesante que la gente no pudiera beber a partir de la una de la madrugada pero no parecía que a la gente le importara demasiado.Ya estarían acostumbrados. Volví de nuevo a la barra porque, por suerte, todavía no era la 01.00 y empecé a hablar con dos chicos hondureños y residentes en Salt Lake City: Osama y Merlín. Estuvimos hablando un rato, probamos un chupito de canela muy dulzón y, al cabo de un rato, un señor que estaba en el bar me invitó a hacer una ruta por las discotecas que regentaba en la zona. “Ahora están vacías, pero ya verás el sábado y el domingo” – me dijo George. Volvimos al bar y Merlín vino corriendo hacia mí: “Aún tienes tiempo de tomarte otra” – me comentó el joven mientras miraba el reloj.

p1040809Estaba muy contento de haber llegado a Utah y haberme encontrado a gente tan maja y agradable. Estuvimos hablando bastante rato más hasta que, sobre las dos de la madrugada, los chicos se ofrecieron a llevarme al hostal automatizado. –“Marc, llámame mañana y te enseño el lago de sal” – me dijo Merlín por la ventanilla del coche. “Gracias, hasta mañana” – decía yo desde el porche de la casa.

Noche tranquila, ciudad ya dormida y ,en mi mano un piti, en la ciudad de lago, en Salt Lake City.

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