A las 7.30 de la mañana habíamos quedado con el guía para ir a hacer una serie de excursiones en autocar durante el día. Al bajar de la habitación nos encontramos con las personas que, como nosotros, también visitarían varias zonas de la península de Gallipolli. La sorpresa fue conocer a nuestros compañeros de viaje.
La plebe estaba compuesta por:
En primer lugar dos amigas australianas: una de ellas, con aspecto asiático, era la Public Relations de la jornada. Lo único que hacía era hablar y comer kebabs. Su amiga, muy friolera, estaba cubierta de paños hasta la saciedad para pasar aquel frío de primera hora.
La segunda pareja, no sabíamos si eran padre e hija o marido y mujer. Sin embargo, el hombre, con aspecto bastante dejado, nos contaba qué feliz fue en Rusia cuando se convirtió en un magnate. Ahí adivinamos que la mujer, que no hablaba, era su pareja.
En tercer lugar teníamos a un chico y una chica que eran amigos. Uno de ellos era australiano y llevaba pantalones del Makro, la otra tenia descendencia rusa e iba fardando en todo momento de lo guay que era su país.
Por último, había un joven larguirucho, también australiano, que tenía pinta de Flautista de Hamelín. Trabajaba para el estado en su país y ahora estaba haciendo una vuelta por países para reencontrarse consigo mismo.
Después de aceptar nuestro entorno social, subimos a una pequeña furgoneta que nos conduciría, en primer lugar, a la antigua ciudad de Troya.
Bajando por los montes más remotos de Turquía iba la furgoneta. El guía nos iba explicando capítulos mitológicos para poder entender qué era la ciudad de Troya y por qué acabó así. Por un momento me llegaron recuerdos de mis clases de latín y de todo mi interés por la mitología. Ahora era momento de verlo. Os paso el link de la historia por si a alguien le interesa: Troya
El día era bastante frío y la situación bastante divertida. Al llegar a la ciudad esperaba encontrarme con un pequeño pueblo histórico y grandes murallas. Esto es lo que pensaba:
Subí al autocar un poco sobrepuesto pero, ya está, ahora iríamos a las zonas de playa del norte de la península de Gallipolli.
En esas playas se encuentra también la zona de Anzac. Por qué había tantos australianos entre nosotros, incluido Aaron?
Pues bien, durante la primera guerra mundial, una serie de batallas y
guerras tuvieron lugar aquí. Después de varias matanzas entre unos y otros, lo único que ha quedado han sido varios cementerios rememorando el ejército turco y el ejército australiano y neozelandés. Demasiado patriotismo bélico para mí…pero estuvo bien.
Fuimos parando en bosques, montes, playas y, realmente, todo fue bastante ameno y, por fin, pude ponerme en contacto directo con la naturaleza.
Más tarde cogimos otro ferry y paramos a comer en un restaurante que
tocaba con el borde de Grecia. Allí, el grupo y nosotros, empezamos a interactuar más. La chica asiática ya nos ofrecía Pringles, la mujer del magnate nos pedía cigarros haciendo señas, el de los pantalones del Makro nos preguntó si le podíamos sacar fotos…Parecíamos la caravana del Circus de las Oddities.
Sobre las 5 de la tarde ya volvíamos de nuevo a Canakkale, donde pasaríamos la última noche.
El olor a leña del pueblo ya nos avisaba que pronto teníamos que ir a cenar algo. Pasamos por un sitio bastante cutre, por cierto, y dijimos: “Aquí!”. Probamos un especie de kebab pero más picante y con mucha grasa de cordero. Para paliar el paladar, nos ofrecieron como un yogur muy salado. Estaba bueno….
“-Qué pronto hemos terminado de cenar, si aún no se ha puesto el sol”, dije mirando a Aaron con cara de sorpresa. “-Deberíamos ir a tomarnos alguna cerveza en el puerto del pueblo”.
Pasamos a comprar los billetes de autocar para mañana a las 15.00 ir a Istanbul y, más tarde, nos aproximamos a un bar llamado “Beer place”. Entramos y dentro había un ambiente muy chulo. Unos señores estaban
cantando en directo y los camareros del bar, de nuevo muy amables. Después de unas cuantas cervezas más, fuimos a otro bar siguiendo el paseo del río con todas sus mezquitas. Encontramos otro local más rústico y ahí pudimos hablar con más gente porque muchos eran universitarios de bilogía que hablaban bastante inglés.
De repente, cuando todo parecía ir como la seda, un hombre con una chaqueta de cuero entra en el bar con un cuchillo de cocina! Los camareros que servían salieron fuera, los estudiantes de biología se metieron en los lavabos y, mientras, Aaron y yo estábamos sentados en la misma mesa de madera tal cual…no nos inmutamos de nada. Decidieron cerrar el bar y nosotros fuimos rumbo al hostal (eran ya las 2.30). A medio camino me di cuenta de algo: -Aaron, me he dejado la sudadera en el bar -, comenté…Y, de nuevo, regresamos al bar.
Mañana Istanbul!!!




