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Los doce apóstoles

marzo 28, 2009

El despertador sonó y, mientras mi cuerpo se lavaba los dientes, mi alma aún12apos estaba letárgica. Raphael y yo salimos a primera de la hora de la mañana con un sol más bajo que mi sueldo. Después de esperar un rato en la carretera, tomamos un taxi para que nos llevara al Starbucks de la calle principal, donde el autocar del tour nos estaría esperando para la ruta de los océanos.

El autocar estaba lleno de gente siniestra: una pareja de los barrios periféricos de Adelaida, dos chicas góticas que eran más que amigas, un par de argentinos que olían a insalubridad y, al final de los asientos, un hombre ruso que no pintaba nada en el viaje.

p1030858El conductor del autocar, que también era el guía, no me dejó comprar un café con leche para bautizar mis entrañas y, como consecuencia, me dormí a los dos minutos de subir al automóvil. Zarpamos del centro de la urbe, pasamos túneles y dejamos que la ciudad amaneciera tranquila.

Me desperté de un sobresalto ya que todo el mundo parecía muy revolucionado. –“Qué pasa”? – me preguntaba mientras veía que la gente no paraba de tomar fotos. “Hemos llegado al océano ya, Marc” – me dijo Raphael.

p1030865Ya habíamos llegado al sur de Australia y las vistas del océano y de las montañas de alrededor era verdaderamente espectaculares. Estuve un rato pensando cómo se llama el océano que se encuentra entre el sur de Australia y la Antártica: ¿Mar Antártico?, ¿South Sea? Si alguien lo sabe que me lo diga, por favor…

El terreno era tan virgen y espectacular que parecía que estuviéramos en elp1030894 paraíso. Las plantas y los animales aún eran dueños de esas tierras e, incluso en las carreteras, el límite de velocidad era de 30 km/h para la protección del hábitat. Hicimos algunas paradas con el autocar y, cuando bajaba y veía las vistas, me sentía muy afortunado de estar ahí y poder ver esa realidad con mis propios ojos.

p1030903Paramos en Princetown, el pueblo más grande de la comarca y, ahí, el guía nos comentó que la población está desesperada con la cantidad de koalas que habitan en la zona. Vas andando tranquilamente por la calle y, entre las ramas dep1030885 los árboles, hay cientos de estos mamíferos tan peculiares. El gobierno de Australia tiene que repoblar las zonas de eucaliptos porque, hay tantos koalas, que los árboles se quedan sin hojas.

Ver este animal en estas circunstancias me hizo mucha ilusión porque, cuando llegué a Australia, no sabía que eran animales salvajes y pensaba que sólo los vería en el zoo.

En fin…observamos a los “hijos del eucalipto” y, al cabo de unos volantazos de autocar, llegamos al parque natural de los Doce Apóstoles. ¿Por qué se llama “Doce Apóstoles”? Porque son formaciones rocosas que están en las orillas de las playas y, hasta hace unos años, había doce. Con el tiempo y la erosión, algunas de estas gigantescas rocas han cedido y, ahora, solamente quedan ocho. Y no tengo palabras para describir lo que pude ver ese día: rocas gigantescas en forma de bahía con unas erosiones y unos acantilados impresionantes.

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La belleza natural era tan extraordinaria que salimos descompuestos del parque natural. Subimos, otra vez, al autocar y fuimos haciendo ruta para volver a Melbourne. A medio camino, cuando todo el mundo estaba durmiendo, el conductor nos avisó que estábamos pasando uno de los incendios de Victoria, que aún seguía activo. Las fotos de a continuación no tienen nada que ver con un atardecer, eran las cuatro de la tarde:

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Llegamos muy tarde a Melbourne pero aún teníamos fuerzas para ir a la fiesta de cumpleaños de Guy, el chico que junto a Raphael, había conocido en la fiesta china del miércoles. Me cambié las “bambas” y me puse zapatos, la sudadera pasó a ser camisa y, el ambiente natural del día, se convirtió en una fiesta de luces y música. Todo el mundo estaba ahí: Raphael, Ghoa, Maria, Chan…

¡Qué gran día!

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