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La Utah que los vio nacer

abril 18, 2009

slc La decisión de ir a Salt Lake City tengo que remontarla a mi infancia más remota. Siempre me había atraído la Ciudad del Lago de Sal, en un estado perdido al este de los Estados Unidos. De hecho, la primera palabra que aprendí de pequeño fue “Saleisiti”.

Utah es uno de los estados más conservadores de América. El 80% de lautahasquerosos población es mormona y, ellos, los mormones, entre otras cosas no pueden fumar, ni tomar alcohol ni café ni nada que altere el estado de una persona. El tema del alcohol pues también tiene su cosa: para consumir en los bares, el dueño o alguien del bar que sea miembro, te tiene que patrocinar para que tengas la libertad de beber. A todo eso, a partir de la 1 de la madrugada, ningún bar ni ningún club podrá servir más alcohol. ¿Qué pasará?

p1040771Iba yo pensando en estas cosas en el Greyhound y, de repente, el autocar paró en plena noche:- “Tienen 20 minutos” – dijo el conductor gritando. Yo, que no había ni visto el paisaje exterior por la falta de luz, bajé con mi camiseta y con la cartera. –“¿¡Pero qué es esto?!!” – me decía mientras mi organismo se iba congelando por segundos. El exterior estaba completamente blanco, todo nevado y hacía un frío horrible. Corriendo con la camiseta fui hacia unap1040774 especie de tienda de madera pero, cuando entré ahí, lo que había era aún peor: cabezas de alces disecadas, ciervos enteros y descerebrados en la entrada de la tienda y, absolutamente todo, olía como a rancio, como a libro antiguo. ¡Ay, Dios! – acabo de llegar a la América profunda – me dije consternado por el olor. Suerte que me compré un café fresquito que me lo bebí a bordo, mientras esperaba que las ocho horas pasaran de una santa vez. La chica de al lado, que debía tener un problema con el líquido del equilibrio, se iba tumbando hacia mi lado hasta el punto que tuve dos experiencias sensoriales: el pelo que me estaba entrando en la boca y el olor a “Fructis” que inundaba su larga cabellera rubia. -”Al menos, para ser mochilera, no huele a calle” – pensé.

“Salt Lake City…Salt Lake City” – no paraba de gritar el conductor. Yo, con lap1040775 cara pegada a las cortinas, bajé como pude del autocar y tomé la maleta. Estaba muy desconcertado y desconcentrado pero, bueno, ya me había estudiado los mapas de la ciudad y ya sabría por donde ir y cómo moverme.

Eran las siete de la mañana en Salt Lake City, el autocar arrancó para seguir su ruta y, yo me quedé en el medio de la nada: “¡Qué hago yo aquí?” – iba pensando mientras abría la maleta para coger sudaderas y taparme para protegerme del frío del norte.

p1040782Era muy pronto por la mañana y, obviamente, no podía entrar en el hostel hasta las 2 del mediodía. Sin embargo, ya tenía la dirección de todos los Starbucks de la ciudad (aunque pensaba que no habría ninguno por la influencia mormona). Así que, mi maleta y yo llegamos a un centro comercial donde todas las tiendas estaban cerradas. Como estaba literalmente en la calle, tomé la opción de no desesperarme y saqué una tarjeta de teléfono para hablar con familiares y amigos. Una vez tranquilo, pero aún con frío, me dirigí al Starbucks para ver si habían abierto. ¡Sí…estábamos de suerte!. Poco a poco me fui quedando impactado de la gente de Salt Lake City. Acostumbrado a la mezcla racial de los Estados Unidos, me di cuenta que en esta ciudad la gentep1040792 era, básicamente blanca, hasta el punto que sus caras tomaban facciones de batracio…La ciudad se veía bonita con sus casas bajas, un tranvía que cruzaba las calles y, a lo lejos, las montañas nevadas que le dan ese toque tan invernal y señorial. Yo mientras, seguía en la cafetería robando wifi de las tiendas colindantes y tomándome cafés para poder resistir el cansancio que llevaba acumulado. -”¿Tienes un vuelo hoy?” – me dijo la encargada del Starbucks mientras llenaba las máquinas de café. -”No, soy de la vieja Barcelona” – le dije con el café en la mano. -”Qué ilusión! Yo he estado un par de veces en Émiratos Árabes y me encantan” – me dijo esperando una reacción. Y, como no sé si lo decía de coña o no, le contesté: -”Yo he estado en Canadá y también me encanta”. Se quedó con la boca abierta mostrandome la lengua y afirmando con la cabeza. “Creo que la conversación se ha acabado” – iba pensando mientras buscaba una mesa con enchufes.

Sobre la 1 del mediodía me dirigí al hostel que, previamente había reservado.p1040797 Empecé a bajar calles y calles desérticas y, al observar todo mi alrededor, iba pensando: “realmente he llegado a la América desconocida”. Pude observar y observar durante horas porque, Salt Lake City es la única ciudad del mundo donde los botones para que los semáforos se pongan en verde funcionan. Y si no pulsas los p1040798botones, no pasas…y me pasaba minutos y minutos como una estatua por todas las calles de la urbe. Me detuve delante de un accidente de tráfico y, en pocos minutos, una unidad móvil del Canal NBC5 llegaba a toda prisa. “No deben pasar muchas cosas por aquí” – iba pensando con los auriculares puestos.

En la esquina de la calle 800S se podía ver una casa amarilla y azul con rótulos por todos los lados: era mi hostel. Además, como siempre me gusta probar cosas nuevas, pues escogí el único hostal automático del oeste americano. El primer paso era abrir la puerta de entrada de la casa con una contraseña que me habían enviado por Internet. Llego yo con toda la gracia del universo y, como era de esperar, el número que me habían dado no me accionaba la puerta. En eso, que al cabo de un segundo, llega el jardinero de la propiedad y le digo: -“Mire, que tengo reserva aquí pero este código no me funciona”. El hombre se fió de mí y me abrió la puerta con otro código. Una vez dentro de la casa me quedé de piedra: aparecí en medio de un salón con cámaras, una tele, una lavadora y un ordenador en el centro. Tuve que conectar la computadora y, una vez abierto, introducir el número de referencia de mi reserva. Pero, al introducir mi número de registro, me apareció un mensaje atroz: “Su tarjeta de crédito no ha sido aceptada y su reserva ha sido cancelada”. En ese momento, me convertí en ceniza y me caí al sueño en forma de remolino. –“Cómo puede ser que me hayan cancelado la reserva?” – me preguntaba clavándome las uñas cerca del hígado. Total, que busqué un teléfono por la casa pero, desgraciadamente, el aparato tampoco funcionaba. Intenté buscar una conexión a Internet y les envié un e-mail diciéndoles que estaba en su propiedad y que, por favor, se pusieran en contacto conmigo. Al cabo de unos segundos, un teléfono sonaba: -“Marc, soy Richard. Por favor, necesito otro número de tarjeta para poder abonar el precio de la estancia y darte la habitación”. Le di el número de la tarjeta, esta vez real, me conecté otra vez al ordenador y, esta vez, al introducir el código de la reserva me apareció: “Hab. 10, número 2223”. El tema de los códigos todavía no había terminado: después de eso, al lado de la puerta de la habitación había una especie de caja fuerte donde, al marcar el nuevo código,p1040801 se abría y te daba las llaves para la habitación. Al final, tanta tontería y tanta automatización parecía un juego de rol sin salida alguna. Menos mal que había llegado ya a mi cama y, al menos, podía descansar unas cuantas horas hasta el atardecer.

“Tzzz tzzzz tzzz” – hacía la alarma del móvil. –“Mira, me voy a cenar y, si tengo suerte, me tomaré un vino o algo” – pensé al abrir la puerta de la habitación. Salí hacia la ciudad y, poco a poco, fui andando hacia el centro de la misma. Hacía bastante frío y los restaurantes estaban llenísimos de gente applebeescon familias, amigos…Me dirigí al centro comercial donde había estado por la mañana y, entre muchos “Diners”, entré al Applebee’s (que es una cadena tipo Friday’s). Me llené la saciedad con un buen arroz y, al salir del restaurante me fui a tomar un café para decidir qué iba a hacer mi noche de viernes.

Empecé a subir una calle muy oscura hasta que, a mano izquierda, vi una pequeña taberna donde parecía que había alguien y salía luz. –“Vamos a ver qué pasa” – pensé. Yo, cual ciudadano de Utah, entré al bar sin ningún tapujo pero, en el mismo momento que crucé la puerta, vino un señor y me dijo: -“Membership?”, pero yo no tenía ningún tipo de membresía. “No, no tengo, no soy de aquí” – le dije con la cabeza mirando al suelo y moviendo el pie derecho. El hombre señaló a uno de los clientes y me dijo: “este señor te patrocinará durante quince días”. El cliente me miró, asintió con la mirada y firmó al lado de mis datos personales.¡Menos mal!, ya había conseguido lo más importante y, a partir de ahora, todo era soplar y hacer burbujas.

La taberna era de madera, con algún zorro disecado y con la luz un pocop1050196 tenue. La cerveza era la estrella de las bebidas pero también servían whiskeys y cócteles en unas jarras de cristal, típicas donde se suele guardar el azúcar. Estuve hablando con el mesero durante un buen rato y, después salí al exterior donde había vaqueros y gente muy corpulenta fumando. Intercambié algunas palabras con habitantes de la zona y me explicaron que muchas leyes, sobretodo aquéllas relacionadas con el alcohol y su consumo, eran estrictas a causa de la presencia mormona en el gobierno del estado del Utah. Me parecía interesante que la gente no pudiera beber a partir de la una de la madrugada pero no parecía que a la gente le importara demasiado.Ya estarían acostumbrados. Volví de nuevo a la barra porque, por suerte, todavía no era la 01.00 y empecé a hablar con dos chicos hondureños y residentes en Salt Lake City: Osama y Merlín. Estuvimos hablando un rato, probamos un chupito de canela muy dulzón y, al cabo de un rato, un señor que estaba en el bar me invitó a hacer una ruta por las discotecas que regentaba en la zona. “Ahora están vacías, pero ya verás el sábado y el domingo” – me dijo George. Volvimos al bar y Merlín vino corriendo hacia mí: “Aún tienes tiempo de tomarte otra” – me comentó el joven mientras miraba el reloj.

p1040809Estaba muy contento de haber llegado a Utah y haberme encontrado a gente tan maja y agradable. Estuvimos hablando bastante rato más hasta que, sobre las dos de la madrugada, los chicos se ofrecieron a llevarme al hostal automatizado. –“Marc, llámame mañana y te enseño el lago de sal” – me dijo Merlín por la ventanilla del coche. “Gracias, hasta mañana” – decía yo desde el porche de la casa.

Noche tranquila, ciudad ya dormida y ,en mi mano un piti, en la ciudad de lago, en Salt Lake City.

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Del azúcar a la sal

abril 17, 2009

Los días en Las Vegas han empezado a ser repetitivos: máquinas, hoteles,lasslc casinos…La verdad es que tomé unos días extras en la ciudad para poder algunos planes y ya cerrar la ruta por América. Ayer me estuve el día entero organizando dónde iría y la opción más barata de transporte y alojamiento. Después de pasar horas y horas viendo lo que podría hacer, os dejo los horarios definitivos de la ruta transamericana. ¡No tiene desperdicio!

transamericaHoy era el día que hacía el check out de la ciudad de Las Vegas. Qué fuerte me ha parecido esta ciudad y qué interesante es ver cómo el ser humano se transforma frente al dinero y el exceso.

Dejé la maleta en el hotel sobre las 12 de la mañana. A esa hora, los gritos y las sonrisas de riesgo ya se oían en el interior del casino. Yo, sin embargo, con llagas en los dedos de tantas máquinas, decidí ir a dar la última vuelta por la ciudad y a imprimir todos los documentos para los próximos días.

p1040760Pues, ¿qué os tengo que decir?: fui al Starbucks (para variar), luego al FedEx Kinko’s (a imprimir billetes) y, más tarde a otra cafetería para leerme las guías y enterarme, al menos, de dónde iba y por qué. Esta noche era muy especial: tomaba, de nuevo, el galgo para irme a Salt Lake City, Utah. Así que, ya os digo, mi tiempo en Las Vegas estaba ya en un cuentagotas. Sobre las siete de la tarde pensé: “Como en el bufé sólo hay comida basura, iré directamente a comerme una hamburguesa y la disfrutaré más”. Otra vez, tomé el paso hacia el hotel y, casi al llegar a la entrada, un hombre vestido de rapero se gira y se ríe al verme. “¿No te acuerdas de mi?” – me dijo mostrando un par de dientes de oro. –“Hombre Jeremy, ¿qué tal todo?” Ayer, cuando fui al 7/11, había estado charlando un rato con él y me aseguró que me lo encontraría otra vez por la ciudad. ¡Y veis, tenía razón! Me saludó, me deseó buen viaje y se despidió de mí.

Entré al restaurante del hotel, saqué la Lonely Planet y me incliné en elp1040770 asiento como un pequeño tocino. De pronto, una hamburguesa de 3 libras se apoderaba del blanco de la mesa. Además, como nunca tengo “prou”, me pedí unas onion rings para bajar el exceso de ternera. Fui a buscar mi maleta y, desde fuera del hotel, llamé a un taxi: “A la estación del Greyhound, por favor”.

p1040753Me senté en un taxi oscuro y, poco a poco, las luces de Las Vegas se iban haciendo más y más pequeñas. Las calles empezaron a estrecharse y, al cabo de unos kilómetros, llegábamos a la estación de autobuses. El exterior de la estación ya decía mucho de ésta: gángsters, ancianos con sombrero y botellas de vino en bolsas marrones de cartón. Yo, con una paciencia insalubre, me quedé esperando una hora a que el autocar hacia Salt Lake City zarpara desde la estación. “To Utah” – decía una voz rasgada por los abusos. Pero, claro….imaginaos cómo suena en inglés “To Utah”…”Tuyuta”. Y, yo:”¡Ay, será alguna pasajera india que se ha extraviado, o algo” y, tuve que escucharlo unas cinco veces, para darme cuenta de lo que la mujer quería decir.

Pero no, nuestro autobús hacia Utah ya estaba a punto de salir y nos tenían que revisar las maletas. Suerte que me había fijado en una chica que estaba en la cola conmigo y, cuando subió al autocar, decidió sentarse a mi lado. De repente, en ese momento me metí un “Ferrero Rocher” en la boca y la policía entró en el autocar: “Hola, somos la brigada número 2 de la policía de Las Vegas y, cada vez que un autocar abandona el estado de Nevada, venimos a hacer una serie de preguntas a los pasajeros”.

Nos preguntaron si llevábamos armas, si llevábamos drogas en las maletas pero, a partir de aquí, todo empezó a cambiar. Un grupo de perros subieron al autocar para oler nuestro equipaje. Por otra parte, los policías hacían levantar a alguno de los pasajeros y los cacheaban de una forma un poco brusca y violenta. A mí sólo me preguntaron:- “¿llevas armas en las maletas?” Y con los dientes negros del “Ferrero Rocher” le contesté: “Absolutely not”.

Me saqué la sudadera y la utilicé como almohada, busqué mi iPod y empecé a escuchar música relajando mientras el Galgo apagaba las luces y, al cabo de un rato, el único reflejo que teníamos, era el de una luna en medio del desierto. ¡Hacia Salt Lake City!

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Jornadas tragapérricas

abril 14, 2009

lv¡Qué vitalidad tengo hoy! – me dije mientras me dirigí al baño para tomarme una buena ducha primaveral. Pero….no….el agua seguía sin funcionar. –“Por favor, mire, estoy en la habitación 1440 y el agua no funciona” – le decía a la gobernanta del hotel por teléfono. Y, claro, no iba a irme a los hoteles y a los casinos oliendo a pato.

Me puse a ver la tele mientras esperaba a alguien que subiera a mi habitación para solventar el problema, pero nadie llegaba. Suerte que el agua del WC todavía funcionaba y podía lavarme los dientes, al menos. :)

Al cabo de dos horas y media: “Pum, pum, pum” –“Housekeeping” – decía una voz quebrada por el desengaño desde detrás de la puerta. Yo, corriendo como una gacela, la abrí y le dije: -“Mire, ¿cómo me va a hacer usted la habitación si ni siquiera puedo tomar una ducha?”-. La mujer, mirándome con cara de sorpresa e indignación me tomó el brazo y me dijo: -“¿que no funciona el agua?, no me lo creo…” Entró al baño, tiró de la maneta del grifo y, por arte de magia, ese agua empezó a salir cual presa de pantano. –“¡Lo ves como funciona!”. Y claro, en ese momento me di cuenta que mi falta de cultura no tenía conocimiento de cómo abrir ese grifo maldito. ¡Madre mía!, no podía decirle a la mujer que no sabía cómo funcionaban los grifos. “Señora, se lo prometo que el agua no funcionaba, debía haber algún problema con la presión o algo…” – le dije mientras la nariz me crecía por momentos. La mujer me miró de reojo, sonrió y, mirando al suelo comentó: -“Ok dear…ok”-. Por supuesto no se había creído ni una de las patrañas que me había inventado para salvar mi dignidad, pero bueno, total no la vería más. ¿O si?

Me tomé esa ducha tan esperada, recogí un buen café en el bar del hotel y mep1040560 dirigí hacia la avenida de Las Vegas Boulevard para cruzarla entera. ¡Y son más de 3 km, eh!

Empecé saliendo del hotel Sahara, observé el inmenso mirador de las Vegas y mi primera parada fue el “Food Court” de un centro comercial de lujo. Me comí un buen pollo a la naranja y, más tarde, empecé a entrar a todos los hoteles.

Esta ciudad está formada solamente por una calle (Las Vegas Boulevard) y las calles que cruzan está avenida tienen los nombres de los casinos (imaginaos hasta dónde han llegado): “Sahara Street, Bellagio Street, Flamingo Street”. Si tienes mala suerte e intentas meterte por alguna de estas calles que cruzan, te encontrarás con la nada: prados, centrales eléctricas, centros de reclutamiento, oficinas: no hay nada.

p1040601Seguí por la calle principal y, cada vez que veía uno de estos hoteles, tenía que pararme a hacer fotos: “Treasure Island”; “Flamingos Hotel” (el primero de LV); el hotel París con una torre Eiffel casi igual que la original; el New York, New Yorkp1040616 (con una montaña rusa adherida)…Y, lógicamente, estos palacios tienen en su interior los casinos más grandes que he visto en mi vida. No os penséis que la gente está jugando por la noche, no…podéis ir perfectamente a las nueve de la mañana y los más madrugadores se sientan con sus cafeses y observan la macedonia de las perversidades. ¡Qué cosas, eh!.

p1040648Al lado de estos hoteles pues hay de todo: tiendas de la Coca Cola, restaurantes temáticos, jardines con grillos (que son altavoces), leones…de todo. La verdad es que me impresiona bastante pero, particularmente, no lo encuentro bonito. Lo más fuerte es que, para estar en América, Las Vegas es la ciudad del vicio, la parranda y la guarrería: porno,p1040725 bares abiertos 24/7, se puede fumar en todos los sitios, los locales no cierran nunca, borrachos por la calle, señoras de alquiler y, la gente, no lo sé…en ocasiones impone el hecho de ver carne de campo apostando miles de dólares y, como recompensa, cero dólares de vuelta. Pero mira, no seré yo quien juzgue lo que se gasten las personas y cómo se lo gasten. Si tuviera dinero, quizá también lo haría.

p1040732Bueno, a lo que íbamos: pasé por más casinos, me lavé el pelo en La Fontana di Trevi, fui a los baños del hotel MGM y perdí doce dólares más en el Hotel Luxor.

“Quiero ir al rótulo de Fabulous Vegas” – me dije con la cabeza bien alta. Empecé a andar más y más y más y más hasta que el destino me hizo pararme en una capilla de bodas rápidas. “Ay mira…aquí puedop1040702 casarme al momento sin esperas y, además, te organizan la cena en uno de los restaurantes de lujo de los cientos de hoteles”. Estuve buscando gente por Internet para casarme en Las Vegas y, al menos, saber lo que se siente dentro de una de esas iglesias con un Elvis como cura. Pero, no…sólo encontré vientres de alquiler y bodas varias para conseguir papeles.

p1040701De repente, pasé por otra de estas iglesias, y la puerta estaba abierta. Miré a la derecha, a la izquierda y, como un topo, me colé para ver lo que había dentro. La verdad es que no tenía nada especial: los bancos de madera con cintas blancas, el altar y un organillo conectado a un iPod: clásico y moderno a la vez.

Cuando ya creía que había llegado a Arizona, vi a un grupo de gente en mediop1040675 de la autopista: “Oh mira…el rótulo de las Vegas debe estar ahí”. No sé cómo lo hice pero anduve tanto, que había llegado al aeropuerto internacional de la ciudad y tenía la sensación que, en algún momento, me comería uno de los aviones que despegaban. Y, lo más fuerte de todo es que, cada dos minutos, una nave despegaba desde el aeropuerto. Ahora, agarraos al asiento: Las Vegas es el primer destino vacacional para los americanos…¿ociosos, viciosos o golosos?

p1040681Crucé la autopista como pude y, finalmente, conseguí parar a una mujer para que me hiciera la foto con el cartel. ¡Qué fabulosas son Las Vegas!

Mis piernas parecían carne magra: no podía andar más. Sin embargo, ahora faltaba lo más importante: dar media vuelta y patearme los cinco ó seis kilómetros para volver a mi hotel y tomarme una buena sopa Campbells.

Después de toda la caminata decidí permitirme un pequeño capricho: ir al bufet libre del “Sahara” y comer aquello que más me apeteciera. Me fui a la planta 1 del hotel y, al final de un pasillo, había unas letras blancas enormes: “ALL YOU CAN EAT FOR $8.95”. Alrededor de estas letras, había una gran cola formada por “la crème de América”. Dentro, el espectáculo era dantesco: platos rebosando de patas de calamar y manos con uñas rojas para sujetar el exceso de comida de los platos. La comida, pues nada del otro mundo: había pescado, sí, pero de ese rebozado al “estilo 100 aceites”. El pollo, no era asado, era relleno de mollejas de cerdo y bacon, refrito en su propio jugo: Ay, no sé…salí de ese bufé embriagado de aceite y anhelando un hervido o un asado.

Ahora sólo quedaba una cosa para finalizar un día veganiano: sentarme en una silla a jugar hasta reventarme todo el dinero.

p1040769Pues sí, yo…hijo del cielo y socio del diablo, me senté en una máquina que era muy moderna y llevaba ruleta incluída.-“Marc, sólo 20 dólares – me decía sujetándome al asiento. Y, entre juegos y bebidas gratis que me traía Yolanda de Ecuador, empecé a acumular premios…$30…$40…$100 y, no os voy a poner el premio final para protegerme sobre un secuestro potencial, ok? :)

Salí cantando y mordiéndome los dientes de la ilusión que tenía y me fui al 7/11 a comprar leche y pañales. Entré y, cuando ya estaba a punto de pagar, el dueño de la tienda me invitó a dialogar. Decía que Las Vegas había cambiado mucho desde que la “clase baja” tenía acceso a los precios de los vuelos y de los hoteles. Jeremy, que era afroamericano o negro, como diría mi abuela, me comentó: “Ya verás, mientras estés en LV, me encontrarás por algún sitio más”. “Tengo tres trabajos aquí: conductor de autobús, encargado del Seven Eleven y, por las noches, trabajo en un restaurante”. Me dio la sensación que ese hombre era un brujo o un curandero. Todo quedó así: yo llegué a mi habitación, me puse la tele, me saqué del calcetín todos los millones que había ganado esa noche y me quedé dormido mientras contaba los billetes.

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Las Vegas, el galgo y yo

abril 12, 2009

Estuve toda la noche soñando con atracciones: el pulpo, el saltamontes, lalasvegas “olla cachonda”…Hoy sólo quedaba una cosa por hacer: tomar el autocar para ir a las Fabulosas Vegas.

Tenía el desayuno incluido en mi pequeño motel de Los Ángeles, pero hoy era el primer día que lo probaba. “Menos mal que no he venido ningún otro día” – me decía mientras roía un trozo de queso con moho (lo cual no agradecí cuando noté que no se trataba de queso azul).

Pues mira, tú…con la mochila a cuestas y con la dignidad más alta que nunca me fui dirigiendo hasta la parada del metro que me llevaría a “Union Station”, la estación de Amtrak y trenes de la urbe californiana.

p1040500Llegué a una estación bastante curiosa porque el techo estaba hecho de películas de cine vacías…Entré en un metro ligeramente vacío y, en unas cuantas paradas mal contadas, llegué a una especie de iglesia anglicana: “Union Station”.

Me senté en una sala de espera de madera con techos muy altos y, de vez enp1040509 cuando, le iba dando un muerdo a un bagel de pollo de granja que había comprado. “Ahora empieza la ruta real por América” – pensaba mirando cómo los trenes partían desde los andenes. Yo, que me siento más humilde que resfriado, decidí cruzar América en Greyhound Lines (el galgo) , que se trata de una compañía estatal de autocares conocida por sus largas distancias por los Estados Unidos. Salí a una especie de jardín para ancianos y, a pocos metros, estaba mi autocar esperando: “Las Vegas, Nevada”.

Ni me alegro ni me da pena dejar Los ángeles, la verdad. El sentimiento es bastante neutro, más o menos como cuando te ponen un buen filete y al lado ensalada: “Vale, te comes la ensalada, pero si no estuviera, pues tampoco la hubiera echado de menos”. Pues igual con Los Ángeles.

El autocar estaba lleno de carne de habladuría: la familia Rodrigues, recién llegados de Monterrey; una chica islámica con altos poderíos y con un velo Gucci, una espía rusa que sólo dormía, dos chicas rubias con muy mala vida y un joven con aspecto del Oriente Próximo.

p1040521Pues ya estábamos en el autocar y, al cabo de un ratito, la máquina se ponía en marcha y empezamos a cruzar California. Yo, que tengo mucha vista, pensé: -“Pues mira, ya que no tengo nada que hacer en seis horas, voy a escribir un poquito para que mis makafans me puedan leer”. Encendí la computadora y empecé a escribir tomos y tomos de entradas hasta que, de repente, observé que mi compañero de asiento, el chico de Oriente Próximo, estaba mirando la pantalla sin parar. –“Ufff, ya estamos con pacotillas de viaje” – iba pensando mientras sacaba la mandíbula para fuera y cerraba los ojos. –“Perdona, ¿eres escritor?” – decía una voz con un acento árabe muy grave. –“¡No, qué va!, sólo escribo por hobby…” le dije mientras apagaba, de nuevo, el ordenador. El joven se incorporó con afán de conversación, encendió su ordenador (más moderno que el mío) y empezó su discurso. –“Mira, te cuento. Yo soy de Irak y acabo de llegar a los Estados Unidos. He estado tres años de militar con el ejército americano trabajando de traductor. Al Qaeda, al enterarse de mi situación con el ejército americano, fue a mi casa y mató a toda a mi familia. Ahora, después de lap1040535 experiencia vivida, los Estados Unidos me han concedido un visado de protección y asilo político fuera de mi país y, mientras esté aquí, quiero dedicarme a escribir un libro sobre mi experiencia”-. Así se me quedó la cara: O__O,  mientras la rusa seguía durmiendo.

Y nada, me enseñó su pasaporte iraquí y, cuando acabó de hablar, se dispuso a enseñarme los videos de sus batallitas por Irak. “Mira, ves…aquí tuve que matar a estos dos. El cadáver olía, claro, llevaba así dos meses por lo menos”. “Aquí, ¿ves a este hombre?, míralo ahora…lo tuve que matar porque era de Alp1040536 Qaeda”. “Esto es una fosa común…” y, poco a poco, me fui diluyendo en un sentimiento de aprensión, asco y lástima que acabó con una frase de cortesía y un papel escrito: “cuando tengas el libro me lo mandas a mi e-mail, ¿vale? Y giré la cabeza para ver los anuncios de publicidad de tiendas de armas que habían por lacarretera,  mientras echaba un suspiro de hostilidad.

Bajamos a hacer la parada pertinente para que los niños y los ancianosp1040523 pudieran hacer uso del lavabo y, los demás, teníaos la opción de ir a algún restaurante con comida super sana. Paramos en un rancho con una estación de tren del McDonald’s e, incluso, los trenes eran de la compañía y la gente estaba dentro comiendo Big Mac’s. Estuve un rato, me vi obligado a comer una hamburguesa y, al cabo de un rato, subimos de nuevo al Galgo para continuar con el viaje.

p10405281–“¿Estoy en Aragón?” – me decía muy sorprendido. Os juro que estaba pasando por los Monegros: el mismo color, la misma flora, la misma dimensión. Pero no: ¡estaba en Nevada! El paisaje desértico y amarillo inundaba el ambiente del autocar y los primeros susurros se empezaban a escuchar: “Mamita , mi mamita.., tamo llegando ya La Vega”. De repente, la arena pasó a ser asfalto, la flora se convirtió en hoteles y la dimensión pasó de ser horizontal a vertical. Eso significaba algo: habíamos llegado a Las Vegas.

Bajé del autocar con un desparpajo impresionante: no sé por qué razón tuve que saltar los tres escalones y dejarme caer al suelo flexionando las piernas. Pero, simplemente, lo hice.

p10405381En fin, que en esa estación no se aclaraba ni la dueña del kiosco, así que tomé un taxi ilegal para que me llevara al famoso hotel Sahara, conocido por ser el lugar de las Vegas con el buffet libre más barato. El “taxista”, que era de Montana según me dijo, había llegado a la ciudad la noche anterior y el pobre hombre no sabía ni dónde estaban losp1040545 hoteles ni nada. Armado de paciencia, tuve que esperar 30 minutos para que el señor se aclarara y me dejara en la puerta equivocada del hotel. Y, por supuesto, al abrir el portal me encontré con el casino más grande que he visto nunca. La escena era: yo con las mochilas, con un café del Starbucks cruzando el casino y haciendo fotos como si llegara de la puebla.

Rápidamente me di cuenta de cómo funcionaba todo aquello y me dispuse a hacer el check in: habitación 1440, una habitación con vistas a las afueras de Las Vegas, es decir, al desierto.

p1040551La habitación era tan grande como toda mi casa y la decoración pecaba mucho de gusto pero, por el precio que había pagado, era de lujo. Me estiré en la cama, puse el Telemundo y me dormí hasta que, a media tarde-noche, bajé a comprarme una ensalada César y, me dije: – “voy a apostar a esta máquina”. El casino daba bastante pena: todo era una pasada (no os digo que no) pero los ejemplares que estaban jugando, más toda la purria que había con bermudas y camisas de flores, me transmitían unap10407441 sensación como si estuviera en los suburbios de algún pueblucho de Oklahoma. Pues estaba yo en mi tragaperra, tematizada con los personajes del Mago de Oz y, fue ahí, la primera vez que ganaba algo: ¡por veinte dólares me dieron cien! ¡Y qué fácil fue! Tres “Totós” me dieron el premio de la noche y me fui a la habitación más contento que nadie. “Ahora me voy a dormir, que mañana quiero visitar la ciudad” – me dije mientras observaba que no funcionaba el agua. Llamé a recepción, subió un hombre con un aspecto lamentable y, cuando se fue, comprobé que el agua seguía sin funcionar. “Mira, ya llamaré mañana por la mañana otra vez”

– “Bona nit Marc”- me dije reflejado en la tele.

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